Ante 20 mil personas, que colmaron el estadio de hockey Xcel, aceptó la nominación
ST. PAUL, Minnesota.— Llegó el final de la Convención Republicana. Jueves: día del discurso del candidato ganador de las primarias. La noche de John McCain. Como es tradición en estas convenciones, lo van a presentar como “el próximo presidente de los Estados Unidos de América”.
Hay mucha expectación entre los republicanos. Hoy se pasará formalmente la estafeta del liderazgo del partido del presidente Bush al candidato presidencial McCain. Ayer (miércoles) Rudy Giuliani y Sarah Palin le dejaron muy prendida a la audiencia. ¿Podrá el senador de Arizona superar los buenos discursos del ex alcalde de Nueva York y de la candidata a la vicepresidencia? Y es que McCain no es conocido por ser un gran orador. Tiene varias cualidades políticas, pero la palabra no es una de ellas.
Son las ocho de la noche y el Centro Xcel está casi abarrotado. Los delegados bailan. Los de Texas agitan sus sombreros rancheros. Se han repartido letreros que dicen “Paz”, “Hablar derecho” y “Primero el país”. Los oradores siguen ensalzando la vida de McCain, sobre todo el ángulo del heroísmo. Cuestionan a Obama, sobre todo porque no ha servido en las fuerzas militares. “No puede ser el comandante en jefe”.
Toma el podio Tom Ridge, el primer secretario de seguridad doméstica. Habla de su amigo John. Recuerda lo duro que fue la campaña para McCain que tuvo que venir de atrás para ganar. Que nunca se dio por vencido. “Él siempre persigue la victoria”. Y otra vez viene la comparación con Obama y la conclusión de que el republicano es mejor. “No se trata de ir construyendo logros sino de tenerlos”. Ridge, quien fue considerado para la posición de vicepresidente, habla acartonadamente. No prende mucho a la gente.
Se proyecta un video sobre la vida de Cindy Lu. Su padre, Jim, fue piloto en la Segunda Guerra Mundial. Luego se convirtió en un exitoso empresario cervecero. La esposa de McCain tiene una maestría en educación especial. Ha trabajado en distintas iniciativas sociales. Adoptó a una huérfana de la madre Teresa de Calcuta. Esta historia le arranca algunas lágrimas a la audiencia.
A escena entra Cindy con toda su familia, excluyendo a John. La gente les aplaude de pie. Viene con un elegante vestido de seda turquesa. Presenta a cada uno de los que la acompañan. Lee su discurso del apuntador, pero le quitan el podio. Esto da un aire menos político y más familiar. Cindy habla de las penurias de la gente común y corriente, no como ella que es heredera de una gran fortuna. Dice que esto se puede arreglar si el “gobierno federal se mantiene fuera de nuestras vidas”. Aparecen letreros que dicen “Te amamos Cindy”. Su discurso es pausado. Es evidente que no es una política sazonada. Sin embargo, la esposa del candidato hace un gran esfuerzo por leer bien su discurso. Platica de su vida con John. “Yo lo conozco, pueden confiar en él”. Luego exalta a Sarah Palin. Esto enciende a la audiencia.
Regresa a John y al tema obligado: su heroísmo. Informa que uno de sus hijos se graduará de la academia naval y otro se ya se enlistó como soldado marino. “Cuatro generaciones de una carrera militar”. Argumenta que, aunque McCain ha servido muchos años en Washington, no se ha convertido en un hombre de Washington. “Modestamente se los recomiendo como candidato a la presidencia”. Promete que ella le ayudará en la Casa Blanca. Se despide. La gente le aplaude de pie.
Viene el video sobre la vida de McCain. La madre, que todavía está viva, dice que ha “sido una vida militar”. Se dedican muchos minutos al tema de cuando fue prisionero de guerra en Vietnam. “Regresó a América con una sonrisa y decidió seguir sirviendo a su país”. Fotos con Nixon, con Reagan, con Walter Conckrite. Se habla de valores como honestidad e integridad. “Primero el país”. Se afirma que, gracias a él, los estadunidenses le dieron la vuelta a la guerra en Irak que “ahora se está ganando”. “Qué lujo que los norteamericanos puedan elegir a este hombre en este momento”. Dicen que es el candidato del cambio.
Finalmente sale McCain a escena. Los republicanos lo aplauden a rabiar. Gritan U-S-A. Acepta la nominación de su partido. Otra vez gritan U-S-A. Agradece a los candidatos perdedores y, luego, al presidente Bush y su esposa. También a Cindy y sus hijos. Habla en voz baja pero luego la sube para rematar sus ideas. Toca el turno de agradecerle a su madre de 96 años que está entera.
“No les fallaré”, promete.
Dice que respeta a Obama pero que en las siguientes semanas tratará de comunicar las diferencias que existen entre ellos.
“Pero no tengo la menor duda de que nosotros vamos a ganar esta elección”.
En el público se han colado un par de manifestantes que gritan consignas en su contra. Son dos mujeres que inmediatamente son removidas de la arena por las fuerzas de seguridad. La gente, enojadísima, grita U-S-A. McCain improvisa y dice “que nos distraigamos con la estática”. Regresa a su discurso. Es un momento tenso. Promete que va a sacudir a Washington.
Habla de su compañera de fórmula, Sarah Palin.
“Estoy muy orgulloso de haber presentado al país a la próxima vicepresidenta. Pero no puedo esperar en presentarla en Washington. Y déjenme advertirles a aquellos del viejo Washington que gastan mucho, que no hacen nada y que piensan primero en ellos y luego en el país, que el cambio viene”.
McCain es un hombre flaco, de baja estatura. Se ve muy saludable a sus 72 años. “Me han llamado un inconforme. ¿Saben por qué? Porque yo no trabajo por un partido, por los intereses especiales o por mí. Yo trabajo para ustedes”.
Después del incidente de los manifestantes, los elementos de seguridad se ven nerviosos.
Habla de su récord político. Recuerda que un día dijo que prefería perder una elección a que los Estados Unidos perdieran una guerra. Agradece el trabajo del general Petreas y asegura que las cosas no van tan mal en Irak. Promete que va a trabajar para que el país esté seguro.
Comienza a hablar de reforma. Del cambio que pretende liderar.
Provee una larga lista de todo lo que creen los republicanos. Critica a los jueces que pretenden legislar desde las cortes. Y luego viene la promesa de oro de los republicanos: “Voy a bajar los impuestos”.
Cae en la tentación populista de derecha. ¿Cómo piensa pagar, entonces, el esfuerzo bélico en el Medio Oriente? De eso McCain no habla.
El candidato le dedica mucho tiempo a sus propuestas para mejorar una economía que pasa por un mal momento. Luego pasa a los temas de la educación y de la energía. “Tenemos que tener confianza y sabiduría”. Da un repaso a las amenazas internacionales: Irán, Georgia, Rusia.
“Odio la guerra y me estoy lanzando a la presidencia para evitar lo que yo he vivido. Voy a usar todas las herramientas en mi poder para traer una paz duradera al mundo entero.”
McCain toca varios temas y ofrece soluciones. Es un discurso aterrizado a las preocupaciones de los votantes.
“La constante rabia partidista que nos ha impedido resolver los problemas no es la causa sino un síntoma. Es lo que le pasa a la gente cuando va a Washington a trabajar para ellos mismos y no para ustedes.”
Continúa: “Una y otra vez he trabajado con miembros de los dos partidos para solucionar problemas que necesitan ser solucionados. Así es como pienso gobernar como presidente. Voy a extender mi mano a aquellos que quieran ayudarme a mover de nuevo a este país. Tengo el récord y las heridas que lo prueban. El senador Obama no las tiene.”
Regresa al acto de heroísmo. Cuenta la historia lentamente. Hay un silencio absoluto en la sala. A ratos lo interrumpe la audiencia para gritarle “héroe”.
McCain habla como soldado: “Me enamoré de mi país cuando fui el prisionero de otra nación. Lo amé no sólo por las comunidades de la vida aquí. Lo amé por su decencia; por su fe en la sabiduría, justicia y bondad de su gente. Lo amé porque no sólo era un lugar sino una idea, una causa por la que valía la pena pelear. Nunca fui el mismo otra vez. Ya no era mi propio hombre. Era el hombre de mi país”.
Termina McCain. Un hombre sensato que invita a la sociedad a participar para resolver los problemas comunitarios.
“Yo voy a pelear todos los días como su presidente. Peleen conmigo. Peleen conmigo.”
Sigue con su discurso pero la gente ya no lo escucha. Se han quedado con la arenga de pelear juntos. Les ha encantado esta línea. Comienza la música. Al escenario llega Cindy. Luego se une a ellos Sarah Palin y su esposo. Caen papelitos y globos azules, rojos y blancos. Así acaba la Convención Republicana. Con un candidato que promete el cambio. ¿Le creerán los votantes estadunidenses siendo que un correligionario suyo, George W. Bush, es el que hoy despacha en la Casa Blanca? Esa es la pregunta para John McCain.




