Para las autoridades federal y local, la violencia en la entidad, y su punto más alto con los atentados terroristas del 15 de septiembre, reflejan la lucha entre al menos ocho grupos delictivos, que se disputan armas, rutas, droga, mercado e impunidad. Tanto el cártel del Golfo, como Los Zetas y el cártel del Milenio, según la PGR, habían compartido territorios hasta que apareció La Familia
En Tamaulipas, Los Zetas salieron del cártel del Golfo como un alien. En Michoacán, aquel alien logró administrar una parte de las rutas por donde llega la droga del sur y las que van al norte, armó su arsenal y obtuvo dinero como un grupo autónomo, y con ese poder ha querido devorar a su creador, que entonces dio vida a un nuevo monstruito: La Familia.
La violencia en Michoacán, con escenas de guerra, que hizo crisis el lunes 15 de septiembre —con un atentado que dejó hasta el momento ocho muertos civiles y más de cien heridos, por el estallido de dos granadas—, es, según autoridades federales y locales, reflejo de la lucha entre al menos ocho grupos delictivos, que se disputan desde hace más de siete años todo: armas, rutas, droga, mercado, complicidades oficiales y base social.
De acuerdo con el mapa oficial, en Michoacán los grupos del crimen organizado con mayor poder son el cártel del Golfo, Los Zetas, La Familia, el cártel de Sinaloa, de Joaquín El Chapo Guzmán Lorea, y sus grupos afines, como son el cártel de Juárez, el de Tijuana y el del Milenio, de los hermanos Valencia, y también los Amezcua, líderes en drogas sintéticas o de diseño, conocidos como los reyes de las metanfetaminas.
Estas son las mismas bandas del crimen organizado que se han encargado de llenar de plomo, sangre y terror la entidad, pero que también desafían al Estado mexicano, asesinando policías e incluso funcionarios de gobierno.
Autoridades militares y civiles comparten información en el sentido de que Michoacán es un punto neurálgico para el narcotráfico. Su situación geográfica y orográfica son inmejorables: al puerto de Lázaro Cárdenas (Océano Pacífico) llega la cocaína de Sudamérica y la seudoefedrina de China, para la droga sintética conocida como cristal; la altitud en distintas zonas permite la siembra de amapola para producir heroína, sin olvidar que también hay miles de hectáreas sembradas de mariguana.
En los documentos de análisis de escenarios que las autoridades federales manejan sobre Michoacán, la ruta de la discordia entre los narcotraficantes es el Corredor del Pacífico, que representa el control del tráfico de drogas en los estados de Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Michoacán, Jalisco, Colima, Nayarit, Sinaloa, Sonora, Baja California, Baja California Sur, Chihuahua y Tamaulipas, para desde ahí llegar al anhelado mercado de Estados Unidos.
Ese corredor conecta la producción de amapola en Sinaloa, Nayarit, Jalisco y Michoacán, además de que es un punto de procesamiento de goma de opio a heroína.
En busca del control territorial, que es parte de la cadena para hacer prosperar el negocio del narcotráfico, las autoridades locales detectaron que desde hace años los grupos delincuenciales montan un filtro sui géneris de información en las entradas y salidas de las principales ciudades del estado.
Se trata de emplear a menores de edad como vigías. Su coartada es la repartición de volantes publicitarios, pero lo que hacen en realidad, según las autoridades, es llevar un registro de los autos que entran y salen, sobre todo tratándose de los vehículos militares y policiacos.
“Las características geográficas del estado, así como las condiciones de marginación social y problemas de rezago agrario existentes en diversas regiones de la entidad, son factores que han contribuido al desarrollo de las actividades relacionadas con el narcotráfico en sus modalidades de cultivo, cosecha y trasiego”, señala el Panorama Estatal de Seguridad Pública, un documento elaborado por la Secretaría de Seguridad Pública de Michoacán y del cual Excélsior tiene una copia.
De acuerdo con los censos de la Procuraduría General de la República (PGR), Michoacán es el quinto lugar con mayor incidencia en el cultivo de enervantes, principalmente mariguana y, en menor proporción, amapola. Se tiene detectado que los municipios con mayor producción de drogas son Coacolman, Susupuato, Tiquicheo, Tuzantla, Tzitzio y Apatzingán, los cuales se caracterizan por su accidentada topografía, además de que tienen un estratégico aislamiento geográfico que permite la impunidad.
En los últimos meses se ha incrementado la distribución de cocaína y cristal en los municipios de Hidalgo, Ixtlán, Jacona, La Piedad, Lázaro Cárdenas, Morelia, Nuevo Parangaricutiro, Queréndaro, Sahuayo, Uruapan, Zacapu y Zamora.
Poderosa escisión de Zetas y de Golfos
Públicamente, La Familia saltó a la fama en mayo de 2006, levantando gente del cártel del Milenio y ejecutándola. Su composición, según la propia organización, es sólo de michoacanos, queriendo dar la impresión de ser un grupo de vengadores.
En septiembre del último año de gobierno de Vicente Fox, un grupo de personas empistoladas entró a la discoteca Sol y Sombra de Uruapan y, en plena pista de baile, dejó cinco cabezas humanas.
Junto a las cabezas aventaron un mensaje “La Familia no mata por paga, no mata mujeres, no mata inocentes, sólo muere quien debe morir, sépanlo toda la gente, esto es justicia divina”.
La Familia, que se maneja como una empresa —paga salarios a sus miles de empleados—,
también se ha querido crear la imagen de una suerte de ente de procuración de justicia y policía alterna, que ejecuta personas de acuerdo con sus reglas.
A finales de octubre de 2006, la violencia se empezó a recrudecer en Michoacán y continuó todo noviembre. Fue por eso que la primera decisión de gobierno que tomó el presidente Felipe Calderón contra el crimen organizado la ejecutó en su tierra natal, poniendo en marcha el Operativo Michoacán. A 19 meses, la violencia ahí ha sido dura y tupida.
El grupo denominado La Familia, señalan informes de las policías federal estatal, es la escisión más poderosa que han tenido en Michoacán el cártel del Golfo en primera instancia y Los Zetas, cuando todavía eran parte de la estructura del Golfo; pero no es, aseguran, la más reciente. Hay más, aunque en menor escala en cuanto a su poder corruptor y de control de droga.
Grupos de narcomenudistas, en todo el estado, empezaron a copiar las tácticas de los cárteles que han demostrado tener mayor estructura y poderío, dice uno de los documentos de análisis con los que trabajan los investigadores de la PGR; estos nacientes cartelitos se sienten capaces de competir con los que operan desde hace años, y eso ha recrudecido la violencia.
Crimen in crescendo
El sábado 21 de octubre de 2006, en Caleta de Campos, municipio de Lázaro Cárdenas, durante una hora un grupo de personas disparó bazukas y rifles de alto poder contra el hotel Dayz y al menos dos casas.
Aunque en un principio se habló de que había cinco muertos, producto de aquel hecho, al día siguiente los muertos desaparecieron como por arte de magia.
La autoridad ministerial constató que en las calles de Caleta quedaron botados unos 500 cartuchos usados de rifles AR-15, AK-47, 9 mm, .38 súper, de escopeta, además de los tres bazukazos.
Dos semanas antes de que Calderón tomara posesión, el 14 noviembre de 2006, un grupo de 40 personas asesinó a cinco policías ministeriales, en la población de Dos Aguas, del municipio de Aguililla.
Entre las personas muertas estaban el ministerio público Roberto González Ayala y un comandante, identificado como Joaquín Cardona Adame; el atentado se realizó con cinco disparos de una bazuka, 310 disparos de rifle AR-15, 271 de AK-45, 15 de rifle HR, dos de calibre .50 y cuatro de .38 súper.
El agente del MP González Ayala había pedido su cambio de plaza un mes atrás, porque había recibido varias amenazas, pero las autoridades locales le negaron la permuta.
Para entonces, en la tierra de Calderón habían sido ejecutadas 482 personas, entre estas, 30 policías.
Una semana antes de los 600 disparos en Dos Aguas, en la cabecera municipal de Aguililla, el ex policía ministerial Cruz Arturo Alanís Muñoz fue ejecutado. Junto a su cadáver apareció una nota: “Saludos a Luis Valencia, La Familia”.
Propaganda en acción
El destino proclamado de La Familia “es limpiar a Michoacán” de todos los grupos ajenos al estado que generan violencia y envenenen a la sociedad con la venta de hielo (como se le denomina a la droga sintéticas), que termina con la vida de los adictos en menos de dos años, según publicó la revista Proceso a finales de noviembre de 2006.
Un supuesto miembro de La Familia que habló con Ricardo Ravelo, reportero del semanario, afirmó que su organización tiene unos cuatro mil integrantes en los 113 municipios del estado y que cada uno de sus empleados tiene un sueldo que oscila entre los mil 500 y 2 mil dólares mensuales.
En ese sentido, la organización gastaría en sueldos mensualmente un millón y medio de dólares, lo que proyecta a La Familia como una empresa dedicada al narcotráfico en crecimiento.
La Familia es el grupo delincuencial que mayor notoriedad ha ganado en Michoacán, no sólo por las sangrientas ejecuciones que realiza, sino por la estrategia de comunicación que ha desplegado en los años que tiene operando.
Una de las novedades que impuso este grupo fue la publicación de inserciones pagadas en los periódicos locales, como El Sol de Morelia y La Voz de Michoacán, además de la distribución callejera y masiva de volantes, encargada a niños, parecida también a la táctica que alguna vez usó Osiel Cárdenas Guillén, líder del cártel del Golfo.
Tanto en los desplegados pagados en los periódicos, como en las hojas distribuidas de mano en mano, La Familia prohibió la venta de cristal al menudeo, además de que aseguraba que impediría la venta de vino adulterado.
Pero la cosa no queda ahí. La más reciente escisión del cártel del Golfo ha prometido a la base social entregarles despensas, libros y un plan para la construcción de salones de clases, principalmente en los municipios de Tierra Caliente.
También ha planteado que con sus medios económicos hará reparar iglesias, distribuirá medicamentos y que planea hacer donaciones a programas de salud de los gobiernos local y federal, como el de combate al cáncer infantil.
La PGR tiene identificada a La Familia como un grupo filial del cártel del Golfo, pero también con raíces entre Los Zetas. Es decir que es una mezcla de ambas organizaciones delictivas.
Los más recientes actos propagandísticos de ese grupo criminal tienen que ver con los estallidos de dos granadas en el centro de Morelia, del lunes 15 de septiembre. El primero fue pocos días después del atentado: por medio de una carta que llegó a las redacciones de los periódicos locales y dirigido a la sociedad michoacana, el grupo rechazó su responsabilidad en los hechos.
“La Familia rechaza los actos cobardes que se han dado en todo el país por un grupo cobarde y criminal denominado Los Zetas, grupo criminal acostumbrado a matar por paga, extorsionar, secuestrar y robar.”
Además, utilizó el servicio de mensajes escritos de los teléfonos celulares y mandó éstos a distintos funcionarios del gobierno estatal, desmarcándose de los hechos en la plaza Melchor Ocampo y en la calle de Madero.
El viernes pasado, en varios lugares de Morelia aparecieron mantas, firmadas por La Familia, donde reprobaba el acto y volvía a responsabilizar a Los Zetas.
Informes de inteligencia federal dan cuenta de cómo regiones que antes eran tranquilas se han convertido en lugares con índices de peligrosidad muy elevados, a partir de finales de 2006.
Una de las escenas más comunes en lugares como Zinapécuaro, Maravatío, Villa Madero, Vista Hermosa, Ecuandureo, Jacona, Sahuayo y Los Reyes es ver a comandos de personas, que se presume son integrantes, a bordo de vehículos con vidrios polarizados.
La extorsión de los grupos del crimen organizado en contra de comerciantes poderosos en lugares como Lázaro Cárdenas, Apatzingán, Aguililla, Tepalcatepec, Buena Vista, Uruapan, Turicato, Tacámbaro, Churumuco, Nocupétaro, Huetamo, Zitácuaro, San Lucas y Tumbiscatío, son cosa de todos los días, según reportes de la PGR.
Encuentros y desencuentros entre capos
De acuerdo con un cronograma de los hechos de violencia en Michoacán, elaborado en la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO), después de la fuga del El Chapo Guzmán del penal de Puente Grande en febrero de 2001, la violencia empezó a campear en aquella entidad.
Se tiene documentada, desde 2002, la presencia y operación del cártel del Golfo y Los Zetas, todavía entonces su brazo armado en Michoacán. Su sede principal fue Morelia, desde donde comenzaron a moverse hacia Tierra Caliente.
El rival inicial de los golfos y zetas fue el grupo de los hermanos Valencia. Los primeros blancos de Los Zetas fueron integrantes de la banda del Milenio, quienes terminaron muy lastimados y se tuvieron que aliar al cártel de Sinaloa, que encabeza El Chapo Guzmán.
En fuga, éste comenzó a tener influencia en Guerrero, principalmente en Acapulco, mientras Los Zetas, subordinados del cártel del Golfo, hacían de las suyas en Michoacán, marginando a los Valencia, en donde ellos habían ido ganado terreno sin tanta sangre.
Tanto el Golfo, como Los Zetas y el cártel del Milenio, según la PGR, habían compartido territorios hasta que apareció La Familia, un grupo local, que ha querido aparentar ser una sociedad justiciera y ha revolucionado la guerra del narcotráfico en Michoacán.
La muerte por 18 balazos de Ezequiel Valencia, en enero de 2007, fue uno de los elementos que acercó al cártel del Milenio con el de Sinaloa, a través de Ismael El Mayo Zambada, José Esparragoza El Azul e Ignacio Coronel, así como con Vicente Carrillo Fuentes, el menor de los tres hermanos del cártel de Juárez, para crear un frente que disputaría las plazas y redes de tráfico con el cártel del Golfo.
A principios de este año, fueron difundidas versiones de que las organizaciones de El Milenio y de los Beltrán Leyva se habían separado de una federación de narcotraficantes o del cártel del Pacífico, que encabezaba Guzmán Loera.
Mientras se consolidaba La Familia, las pugnas entre Los Zetas y los cárteles del Milenio y el de Juárez, en Michoacán, dejaron muertos por miles y escenas sólo dignas de alguna de las películas de Bruce Willis en Duro de matar. En una acción relámpago, el 5 de enero de 2004, diez integrantes de Los Zetas entraron al penal de Apatzingán y pusieron en libertad a veinte reclusos.
Después de los atentados de Morelia, los mensajes de La Familia abren un capítulo de incertidumbre en la guerra de todos contra todos en Michoacán.




