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15-Mayo-2008

Regalan a maestros rebaja en su pensión

Elia Baltazar

Sin que lo hubieran autorizado, el SNTE contrató una póliza para un seguro de gastos funerarios

Como regalo del Día del Maestro, los profesores pensionados y jubilados recibieron descuento de 64 pesos que apareció en su recibo de la primera quincena de mayo, por concepto de un seguro de gastos funerarios que no contrataron.

Ni falta hizo su consentimiento para que el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) contratara con ING-Seguros-Comercial América este servicio, aun cuando los maestros retirados ya disponen de tres pólizas.

Una de sus coberturas es un seguro de vida institucional contratado con la firma Metlife, que aparece en su recibo de pago del ISSSTE bajo el concepto 74. Otra por el seguro mutualista y al que corresponde el concepto 68. Y el apoyo para servicios de marcha, identificado con el concepto 94.

Por ello irritó y desconcertó a los maestros el descuento que el ISSSTE aplicó en el pago, del cual sólo se enteraron algunos, pues el recibo llega a su domicilio por correo, días y a veces meses después del depósito en el banco.

A maestros retirados, que este mes recibieron un aumento en sus pensiones de 1.50 pesos, no podía pasar inadvertida la reducción de 64 pesos en sus ingresos, que en algunos casos apenas llegan a mil 300 pesos mensuales.

Para ellos, la contratación de ese servicio innecesario obligaba el desembolso de 768 pesos al año, mientras que para la aseguradora significaba ingresos mensuales por 64 millones de pesos, considerando el millón de maestros jubilados y pensionados que hay en el país.

Con los años y la indignación a cuestas, comenzaron a tocar puertas para exigir su dinero.

Primero acudieron a su sindicato en busca de explicaciones que no obtuvieron y atenciones que no recibieron. Ni siquiera los dejaron pasar a la sede, ubicada en la calle Venezuela, en el Centro Histórico.

De allí a la aseguradora y de nuevo al SNTE, donde encontraron las puertas cerradas y una circular que prometió la devolución de su dinero, mediante un mecanismo imposible para muchos: debían presentarse el 14 mayo, entre las 8:00 y las 15:00 horas, en el piso B del Hotel Sevilla Palace, en Reforma, para cancelar un contrato que nunca firmaron.

A la indignación se sumó la humillación: un contador público “independiente”, Neftalí González, entregaba en sus manos 64 pesos y a algunos hasta cambio les pedía.

Pero para llegar a él tenían que hacer una fila de cientos de personas, al mediodía sumaban al menos 400 los maestros formados, y cumplir con otro trámite de cancelación de póliza, que tenía a su cargo un empleado de ING, Alfonso Victoria, quien enfrentaba como mejor podía la ira de los jubilados.

Con la forma para rescindir el contrato recibieron un boletín con logotipo del SNTE y de ING, que debieron darles tiempo atrás.

Allí el Comité Ejecutivo Nacional del SNTE, “preocupado permanentemente por mejorar los beneficios” de jubilados y pensionados, les informaba acerca del “importante logro sindical” que significaba la contratación del seguro de gastos funerarios, identificado como concepto 95 en su recibo. Pero en su recibo este concepto no aparecía.

Risas y burlas se filtraban entre los gestos de coraje, cuando leyeron que los beneficiarios serían sus hijos menores de 25 años y sus cónyuges. “Para empezar ninguno de nosotros tiene ya hijos de esa edad y algunos ya hasta viudos somos”.

“¿Para qué nos sirve una póliza de 31 mil pesos, cuando los servicios funerarios del ISSSTE tienen un costo máximo para nosotros de cuatro mil pesos.”

Horas de pie, cansancio y malestares por el calor y la salud, alimentaron la indignación entre aquellos que ayer le robaron fuerza a los años para enfrentar lo que consideran un abuso del sindicato, al que ya no le reconocen representación “porque ya ni siquiera le pagamos cuotas”.

“Esto es negocio de la maestra (Elba Esther Gordillo)”, reclamaban, mientras convertían sus fólders en pancartas que pedían la cabeza de los líderes sindicales.

“Esto es un robo, un abuso”, no se cansaban de repetir, mientras la única representante del sindicato, una maestra que identificaron como Rosalba y que se negó a dar su apellido, intentaba calmar los ánimos, que parecían llegar al límite cada vez que les anunciaban: se acabó el dinero.

Tres veces ocurrió. Hasta que una voz oficial de ING prometió que el plazo para este trámite se ampliaría en lo que resta del mes y, ante la desconfianza de los maestros, pedían el número de cuenta para el depósito de las devoluciones.

Un caos y nadie que pudiera o quisiera ofrecer una explicación. Ni la SEP ni el ISSSTE, y mucho menos el sindicato y la aseguradora explicaron el proceso administrativo que alguien debió autorizar para que procediera el descuento.

El líder nacional del SNTE, Rafael Ochoa, no tomó la llamada y la vocera del SNTE, Carmen Rizo, por teléfono intentó explicar: “Fue una cuestión de orden administrativo, estamos reparando el daño”. De pronto, la comunicación se cortó y no volvió a contestar su teléfono.

En el ISSSTE adjudicaron toda la responsabilidad al sindicato. “Según el área de Recursos Humanos, no tenemos nada qué ver”, dijo Mónica Flores Rosas, del área de Comunicación Social. Nadie dio la cara, al fin y al cabo, son ancianos, maestros y jubilados.

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