En un salón de madera con 15 niños indígenas, Rodolfo ganó el primer lugar estatal de ENLACE
MÉRIDA. Rodolfo llegó solo a la comunidad de Chemax. Entró a un aula hecha con materiales de la región: palitos de guano y sillas demadera. Era un espacio improvisado para que 15 niños de preescolar y primaria tomarán clases.
Todos son indígenas, y hablan maya. Ninguno sabía leer ni escribir. Rodolfo apenas tenía 18 años; y él sería el maestro.
A esa edad, Rodolfo se olvidó de los amigos, se alejó de su familia y decidió ponerse a trabajar. Se negó a seguir el destino de sus hermanos más grandes: estudiarla secundaría, aprender a escribir su nombre e irse directo al campo.
Esa era la tradición en la familia Pech Pool. Rodolfo es el sexto de doce hermanos, pero a diferencia de los seis mayores, su principal reto era estudiar y terminar una carrera.
Originario de la comunidad de Sucopo Tizimín, este joven que ahora tiene 20 años es un capacitador-tutor del Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe); el camino no ha sido fácil, y relata a Excélsior su experiencia.
“Termine la secundaria y no iba a continuar mis estudios, porque somos una familia muy numerosa, mis padres tenían una mentalidad y estaban aferrados a que terminando la secundaria me pusiera directito a trabajar”, cuenta.
Ese fue su primer obstáculo, pero Rodolfo tenía un as bajo la manga; su trayectoria escolar siempre fue impecable y, al terminar la secundaria con promedio de diez, una maestra le consiguió un trabajo en una papelería para que pudiera cursar la preparatoria.
A pesar de que eso implicaba que Rodolfo se fuera a vivir lejos de su familia, asumió la responsabilidad.La recompensa llegó pronto, antes de terminar la prepa le ofrecieron ser instructor comunitario del Conafe. Sólo una vez a la semana iría de visita a Sucopo Tizimín, los otros días se quedaría en la comunidad en la que fuera asignado, alojado en las casas de los papás de sus alumnos.
Así llegó a Chemax. “Durante un año fui instructor comunitario y la idea me encantó, llevar educación a las comunidades más apartadas de nuestro estado, era más de lo que yo me hubiera imaginado. En realidad era un sueño”, dice.
“Primero llegué a una comunidad en la cual no hay energía eléctrica ni agua potable, es una de las comunidades más marginadas que tiene Yucatán, y pues el reto era inmenso: pararme frente a niños y enseñarles lo que a mí me habían enseñado, a una escuela indígena donde sólo se habla lengua maya. Eso era lo que yo quería”, agrega.
Un año después, se convirtió en el maestro que guió a los cuatro alumnos de la comunidad de “La Esperanza”, en Chemax, que obtuvieron el primer lugar estatal en la prueba ENLACE (Evaluación Nacional del Logro Académico en Centros Escolares), en el ciclo escolar 2006-2007.
Mató dos pájaros de un tiro: hoy es reconocido por ser un maestro ejemplar y sus alumnos también lo son por haber sido los mejores en la prueba ENLACE.
“Han mejorado; al inicio cuando nos dijeron que éramos el primer lugar, todos estábamos sorprendidos, porque en el contexto social en el que viven estos niños ni siquiera están acostumbrados a ver a tanta gente, y vi a todos sorprendidos con un rostro de satisfacción y alegría; y en ese momento pensé que el mayor logro en lo personal y también para todos nosotros como institución, es haber sido reconocidos por un trabajo en equipo”, explica.
La buena noticia trajo consigo dos más; la remodelación del aula de LaEsperanza, y una beca para que Rodolfo continúe sus estudios.
“El 1 de septiembre ya empezaré las clases, voy a estudiar Administración Turística, y pues estoy feliz porque además me voy cuando ya tenemos nuestra aula, y los niños, igual que yo, estamos súper contentos”, comenta sonriendo.
Rodolfo ascendió de ser instructor comunitario a ser capacitador-tutor. Tiene a su cargo ocho comunidades que visita para evaluar el desempeño de los instructores comunitarios.
“Ahora yo capacitó a los demás instructores cada semana voy a las comunidades que tengo asignadas y verificó cómo imparten las clases; yo doy una para que ellos me vean, y se den cuenta de cuáles son sus fallas y qué es lo que necesitan en el manejo con sus niños”, relata.
Rodolfo tiene otra alegría: sus hermanas menores en Sucopo Tizimín están estudiando la preparatoria. Se acabó la tradición de ir al campo después de la secundaria.





