“Somos para detener borrachitos,no para repeler comandos de narcos”, justifica un uniformado
PETATLÁN, Gro.- Los policías municipales fueron testigos de la masacre y no intervinieron.
Uno de los agentes, Martínez, encapuchado por su seguridad, contó que cinco policías a bordo de tres patrullas llegaron al momento del tiroteo de narcotraficantes, pero decidieron ponerse “neutrales”.
“Nos gritaron: somos de la AFI. Y estaban disparando. Y nosotros sí les creímos. Y nos pusimos neutrales. Ni para allá, ni para acá”, dijo. Los policías se quedaron viendo la acción a una cuadra de distancia.
Los gatilleros del narcotráfico asesinaron a diez personas el sábado 3 de mayo casi a la media noche, en el centro de Petatlán y huyeron sin problemas. Los gatilleros iban en busca del presidente de la Unión Ganadera Regional de Guerrero, Rogaciano Alba Álvarez, y acribillaron a dos de sus hijos y a ocho compañeros. Los pistoleros también se llevaron secuestrada a una hija del ganadero.
“Somos para detener borrachitos. No para repeler una acción de comandos de narcos”, señaló otro oficial de apellido Gómez, al contar que él se encontró el convoy de sicarios y que sólo le gritaron: “¡Somos de la AFI!”. Este policía no se arrepiente de haberlos dejado seguir en su camino. “Si hubiéramos actuado, habría sido un suicidio. Ellos estaban armados con cuernos de chivo y traían cargadores de 100 balas, nosotros sólo traemos 40 balas”, comentó el oficial.
Los policías municipales tienen su versión de los hechos.
La noche del sábado, como a las 23: 50, entró una llamada telefónica a la caseta de policía para anunciarles que había una riña en la oficina ganadera. Varios agentes acudieron al sitio, y no había nada. Minutos más tarde los policías recibieron una llamada por radio que les dio el aviso de una emergencia: “Hay un tiroteo en casa de Rogaciano Alba, en el jardín”.
Los policías llegaron al sitio y vieron a cerca de 70 hombres con uniformes de la AFI en un tiroteo. Iban a bordo de diez camionetas. Era un operativo muy grande en toda la calle.
“Ellos estaban disparando y pensamos que era un operativo. Tenían uniformes de la AFI, armas AK-47, camionetas lujosas, chalecos antibalas, gorras de la AFI”, contó el oficial Martínez. “Dos de ellos nos gritaron: ‘Somos de la AFI’. Es un operativo. Y nos pusimos neutrales. Pensamos que había agresión entre ambas partes”, dijo.
Minutos después, terminó el tiroteo y los gatilleros huyeron. “Yo tuve duda si eran o no de la AFI porque usaban cuernos de chivo, pero no tuvimos la forma de confirmarlo”, dijo otro policía.
“Nos quedamos en una confusión si eran o no eran de la AFI”, contó el oficial Martínez. “Horas después nos dimos cuenta que no eran de la AFI, sino que eran narcotraficantes. Queremos que el gobierno federal entienda que no puede haber 70 hombres armados con uniformes de AFI, y que nosotros no tuvimos forma de saber si eran o no. No hay coordinación. Nunca nos avisan. No tenemos un teléfono donde podamos confirmarlo”, agregó. “Es muy fácil que la PGR nos eche la culpa, pero ellos también son responsables por permitir que haya falsa AFI”.
El presidente municipal de Petatlán, el perredista José Antonio Armenta, dijo que sus policías municipales vieron el convoy de lejos y pensaron que eran de la AFI. El alcalde afirmó que los policías municipales no alcanzaron a llegar al lugar de los hechos (a pesar de que la comandancia está ubicada a 150 metros).
Los policías de Petatlán se sienten en desventaja. No tienen equipo para combatir al narcotráfico, no tienen armas de alto poder, y sólo tienen unos chalecos antibalas que ya están caducos. “Mira este chaleco caduco, no aguanta el golpe de una navaja”, platicó otro policía al mostrar un chaleco con un blindado de plástico.
Los policías municipales ahora están apenados, dicen.
“Nos sentimos mal. No creo que hayamos cumplido”, comentó el policía Martínez. “No es posible que haya pasado esto. No es posible que anden vestidos de AFI. Nos es posible que nunca haya coordinación”. El oficial Martínez ha explicado esto a sus parientes, a sus amigos, a sus conocidos y a sus paisanos, con algo de pena. Unos sí le creen y otros no le creen.
“Fue una burla”, dijo.



