Ve secretario de Seguridad Pública federal una nueva era en la prevención del delito
La inseguridad y violencia que se viven en el país son producto de un deterioro estructural acumulado de la autoridad vinculado con el abuso, la corrupción y la prepotencia, reconoció el secretario de Seguridad Pública federal, Genaro García Luna.
Al inaugurar las instalaciones del Centro de Mando de la Policía Federal en la ciudad de México, reiteró ante el presidente Felipe Calderón la decisión inamovible e irrenunciable de enfrentar ese problema con acciones de coyuntura y de largo plazo.
En la ceremonia en la que se presentó el himno de la corporación compuesto por José Cantoral, el funcionario federal señaló que las instituciones mexicanas enfrentan "el reto generacional de combatir a la delincuencia como nunca antes en la historia de México".
El deterioro en las corporaciones policiacas ha generado aversión social hacia la función policial y un espacio que favoreció la reproducción de la impunidad, admitió el titular de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) federal.
"La ruta hacia el suicidio hubiera sido imaginar que se podía continuar ignorando la magnitud del reto o pretender que se podía administrar el poder creciente de las organizaciones delictivas", enfatizó.
Pidió a quienes demandan mayor velocidad en el cambio que tengan "un poco de la paciencia y la tolerancia que se tuvo durante décadas frente al crecimiento del delito y al abandono de las policías".
Previo a su discurso, el titular de la SSP pidió un minuto de silencio en memoria de los policías caídos en la guerra contra el crimen organizado y sostuvo que "nunca emprendimos la batalla desde una posición ingenua ni hubo errores en el cálculo estratégico".
Advirtió a quienes conceden la posibilidad de que el Estado pierda la batalla que "era fácilmente predecible que habría despliegues de violencia extrema con alto impacto mediático para amedrentar a las comunidades".
El titular de Seguridad Pública federal llamó a los mexicanos a aceptar la realidad.
"Nos acostumbramos a vivir el contrasentido de tratar con desprecio una función básica de gobierno, demeritándola y descuidándola. El contrasentido se convirtió en inercia y ésta en costumbre", comentó.
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