Al caer en las preferencias, el movimiento de López Obrador resultó más dañado que el grupo que encabeza Jesús Ortega
Con 5.7 millones de votos menos a los obtenidos en 2006, la izquierda en México resultó la más afectada en los comicios del pasado domingo, pues el PRD está por debajo cinco puntos incluso de su promedio histórico de votación en la era anterior a Andrés Manuel López Obrador.
Además, el apadrinamiento de López Obrador al PT y Convergencia en todo el territorio nacional apenas les alcanzó para conservar el registro y tener únicamente tres diputaciones por elección en el Distrito Federal; en el resto de los distritos electorales su presencia no les alcanzó para un solo triunfo.
En 2006, cuando estuvo a punto de ganar la Presidencia de la República, la popularidad de López Obrador provocó que, juntos, PRD, PT y Convergencia obtuvieran 11 millones 941 mil votos, con lo cual la izquierda se colocó en el segundo lugar de preferencias electorales; pero tres años después y a pesar de sus esfuerzos, entre los tres partidos, ahora divididos, suman seis millones 766 mil 495 sufragios, según los resultados del PREP con 99.35%.
Pero también el liderazgo de López Obrador mostró una caída de 10%, respecto del momento cumbre de su popularidad nacional, y al sumar el porcentaje obtenido por los tres partidos que en 2006 integraron el Frente Amplio Progresista que apuntaló la candidatura presidencial de López Obrador.
En esta caída en las preferencias electorales por la izquierda, el movimiento de López Obrador resulta más dañado que el grupo que encabeza Jesús Ortega, actual presidente nacional del perredismo y líder de Los Chuchos, ahora antagónico de López Obrador.
En el PRD, 2007, 2008 y 2009 fueron los años de la ruptura entre radicales y moderados; entre los seguidores de su ex candidato presidencial y la Nueva Izquierda de Jesús Ortega, cuyo más reciente capítulo se centró en la delegación Iztapalapa del Distrito Federal, dominada por Los Chuchos y ahora arrebatada por AMLO.
Una división que tuvo su génesis en 2005, cuando el entonces poderoso Andrés Manuel López Obrador se negó a respaldar a Jesús Ortega como candidato al gobierno del Distrito Federal y optó por Mercelo Ebrard. Como premio de consolación, el tabasqueño convirtió a Ortega en su coordinador de la campaña presidencial, aunque su incidencia en las decisiones del carismático candidato era menor.
La derrota electoral frente a Felipe Calderón unificó a los perredistas, que cerraron desde el 30 de julio hasta el 15 de septiembre de 2006 las avenidas Reforma y Juárez, así como las calles de Madero, Tacuba y 5 de Mayo hasta el Zócalo.
También fueron uno al intentar impedir la toma de posesión de Felipe Calderón como Presidente de la República el 1 de diciembre. Pero esa unidad se mantuvo con delgados hilos hasta que en 2008 las elecciones internas del PRD enfrentaron a ambos grupos que contribuyeron a construir el famoso Cochinero que llevó al partido a postergar el reconocimiento de Jesús Ortega como dirigente nacional durante meses.
Una división que mostró nítidamente los dos rostros del PRD fue la reforma petrolera. Los pejistas lucharon hasta el final para impedir su aprobación; Los Chuchos y las tribus aliadas optaron por participar en la construcción de esta reforma.




