Nuevas fotos presentan a Juan González con uniforme militar; niega su familia que se trate de él: “es un invento”
Unas fotografías que intentan demostrar que Juan González del Castillo uno de los cuatro estudiantes mexicanos muertos en los bombardeos al campamento que las FARC habían instalado en Sucumbíos, Ecuador era efectivamente un guerrillero, fueron difundidas ayer a través de internet.
La primera fotografía es la imagen mostrada en el pasaporte auténtico de Juan, emitido en 2005, en el que éste luce el cabello casi a rape.
Las demás fotos exhiben entre ramas, follaje y troncos caídos el cadáver de un joven uniformado con pantalón de camuflaje militar y playera negra. El hombre presenta escoriaciones en el hombro izquierdo y el pecho.
Su rostro tiene una barba de candado, similar a la del mexicano, y la complexión de su cuerpo es robusta. En las fotos más recientes de Juan y que se han conocido y publicado por Excélsior, el mexicano tenía una complexión delgada.
Al respecto, Álvaro González Pérez, padre del joven, rechazó que la imagen del joven vestido con ropa militar pertenezca a su hijo.
“La foto del pasaporte sí es mi hijo, la de la víctima no lo es”, declara en entrevista.
“¿Por qué? Porque Juan no tenía ese bigotito, a Juan le salía tipo Cantinflas, y cuando salió de México sólo tenía la piocha. En las fotos que vimos (tomadas en el lugar del bombardeo y que le fueron mostradas a los padres de Juan en la morgue de Quito, a donde viajaron a identificar el cadáver) no vestía así, y estaba medio cubierto y con los ojos abiertos y descalzo”, dijo el investigador de la Universidad de Chapingo.
“Tenía (Juan) una camiseta azul, no negra, y al parecer no traía pantalón, porque se le veía una pierna muy velluda, tal como era él.
“Lo reconocimos por su mano, su pierna y pie. Era delgado; en cambio, la víctima es gorda”.
Y acusó: “La derecha medieval, al no encontrar pruebas, las está inventando de la manera más baja y ruin”.
El padre del joven que se encontraba en el campamento de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia acepta que tal vez su hijo haya tenido “sus simpatías” por el grupo guerrillero colombiano, pero niega que hubiera sido entrenado militarmente. “Para eso se necesita condición física. Si me voy a meter a eso, tengo que hacer ejercicio y Juan no hacía nada de eso”.
Para González Pérez, está claro que el campamento no era para entrenar a nadie, sino de “relaciones públicas”, ya que ahí se negociaba en parte la liberación de los secuestrados, y se recibió a grupo de chilenos y a otro de periodistas.
Explicó que un conjunto de franceses que estaba por visitar la base fue presuntamente avisado de no hacerlo, lo cual aseveró evidencia que el bombardeo estaba planeado y que se conocía la presencia de los jóvenes que estaban ahí. “Raúl Reyes líder de la guerrilla y quien murió en el sitio del ataque era el encargado de la pacificación. Eso es lo que se hacía en ese lugar”.
Al académico le extrañó que hasta ahora salgan a la luz pública fotos o videos que intentan incriminar a su hijo. Para él, es obra de Colombia y la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA, por sus siglas en inglés).
“El presidente (de Colombia) Rafael Correa había denunciado que parte de su ejército estaba infiltrado por la CIA (situación que causó el despido de altos mandos, entre ellos el ministro Wellington Sandoval), ellos son los que hoy dan a conocer esta información”.
Cuestionado sobre el video que militares ecuatorianos habrían grabado y en el cual Lucía Morett, la mexicana que sobrevivió al bombardeo del 1 de marzo, reconoce que estaba en el campamento de las FARC desde el 3 de febrero y que sabía que Raúl Reyes se encontraba ahí, Álvaro González aseveró que sólo la estudiante puede hablar de fechas sin equivocarse. Sobre la presentación de un video en el que se muestran presuntos vínculos entre grupos armados mexicanos y las FARC, opinó que “eso es muy ridículo y falso”.
En Nicaragua se ha convertido en un escándalo político conocer que el presidente Daniel Ortega rentó con fondos públicos un avión al ejército de su país con el plan de vuelo Managua-Quito-Managua para brindar asilo “diplomático” a las dos colombianas sobrevivientes de la incursión militar ocurrida a principios de marzo en Ecuador.
Mientras Doris Torres, de 21 años, y Martha Pérez, de 24, negaban ser guerrilleras de las FARC y arribaron a Managua el 11 de mayo, el presidente nicaragüense, Daniel Ortega, decidía apoyarlas, ya que él había sido guerrillero y debía ser solidario con sus similares.
La contratación de la nave hecha por Ortega fue confirmada por el ejército de ese país. El avión, un AN-26, fue tripulado además por Pamela Dávila, de la Asociación Latinoamericana de Derechos Humanos (Aldhu), y por Mario Mendoza Molina, un médico ecuatoriano.
Mientras, fuentes cercanas a Morett informaron que su madre regresó ya a México, procedente de Nicaragua, a donde llegó el pasado 16 de abril, cuando Ortega les ofreció “abrigo”.




