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24-Febrero-2008

"Mucha sangre fría no hubo"

Pablo César Carrillo y Juan Carlos Ortega

Algo les salió muy mal. Uno de los ejecutores quedó destrozado cuando la bomba le estalló en las manos; su presunta cómplice está herida e indiciada. Y no cumplieron con su misión. El frustrado atentado del viernes 15 despertó dudas acerca del accionar de los sospechosos: ¿qué decisiones y circunstancias los llevaron a fracasar tan estrepitosamente? Dos expertos en seguridad pública y un ex guerrillero analizan los fallos

1.-Cargar una bomba balaceándola

En el video dado a conocer por la Procuraduría capitalina se observa caminar a Tania Vázquez y a Juan Manuel Meza, El Pipen. Él lleva en la mano, columpiándola, una bolsa negra en la que, las autoridades presumen, iba la bomba.

Jorge Chabat, doctor en Asuntos Internacionales y académico del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), afirma que “parece de caricatura. Eso sólo pasa en México: que los que ponen la bomba la cargan como si fuera la bolsa del pan. Da la impresión de que el ‘ai se va’ es característico en este país”.

No obstante, deja abierta otra posibilidad: “El tipo no sabía qué clase de explosivo iba cargando”.

Erubiel Tirado, maestro en Derecho y especialista en seguridad nacional, acota: “(Balancearla) sería un error dependiendo de los materiales que compongan los explosivos. Hay algunos muy estables. Si sabían qué cargaban, es una cosa absurda”.

El ex guerrillero David Cabañas, hermano de Lucio Cabañas, es concluyente: “Él era inexperto en el manejo de explosivos. Y cometieron varios errores en el control de la detonación, por eso les estalló”.

2.-Actuar frente a dos cámaras de vigilancia

Basado en su experiencia y en lo que las autoridades han expuesto, David Cabañas asegura que los criminales “no se dieron cuenta de que los estuvieron grabando”. Con esta opinión coincide Erubiel Tirado, que considera que la presencia de los aparatos electrónicos pasó “inadvertida por ellos”, pero recuerda que el hecho de que la explosión fuera exactamente donde ocurrió “fue algo circunstancial”. Por esto, apunta por su parte Chabat, “tal vez quienes iban a poner la bomba pensaron que no iba a ser fácil identificarlos, porque la iban a poner en otro lado y se iban. No hay video del momento exacto del estallido. Si les hubiera salido, no hubiéramos sabido quién puso la bomba. El error fue que explotó”.

Tirado, además, menciona que el objetivo de las cámaras que hay en el DF no es, primordialmente, el de la seguridad pública, sino el de monitorear el tránsito: “En el centro de Londres, por ejemplo, no hay espacio que no sea visto por una cámara. En la Ciudad de México sólo hay algunas zonas con este enfoque, como el Centro Histórico. Otro punto a a considerar es la resolución de las cámaras que los filmaron, que parece
que no es muy buena”.

3.-Utilizar un coche con placas expuestas

El Phantom LeBaron que aparece en el video (al que Tania y El Pipen suben, antes de reaparecer, caminando, con la bolsa negra) es viejo, convertible y se ve que trae placas de circulación.

Tirado y Chabat coinciden: el auto las traía, pero no se sabe cuáles son. La calidad de las imágenes del video no permite identificar la clave de circulación del vehículo. “Tal parece que a pesar de la cámara no se pueden captar las placas. En ese sentido tampoco importa si las tenía”, afirma Chabat.

Erubiel Tirado detalla otro aspecto: “Además, circular por la Ciudad de México sin placas los hubiera hecho mucho más sospechosos”.

David Cabañas afronta la cuestión desde otra perspectiva: “Desde luego que la intención es que no se sepa quién colocó los explosivos y no se vea ninguna imagen”.

4.-Dejar a Tania abandonada

Tras el estallido, El Pipen murió y Tania quedó herida. De acuerdo con algunos testigos, ella intentó correr algunos metros tras la deflagración, pero la gravedad de sus lesiones se lo impidió. Otros sostienen que la fuerza del bombazo la aventó hasta el otro lado de la lateral de avenida Chapultepec. Ella fue atendida en el lugar, después trasladada al hospital de la Cruz Roja de Polanco y, cuando comenzó a sospecharse de su participación, ese mismo día por la tarde, fue trasladada, en un fuerte operativo policiaco, al nosocomio Rubén Leñero.

“Pensaron que estaba muerta”, teoriza Tirado. Pero este hecho da de qué pensar a Chabat: “No estaba claro que ella estuviera involucrada. De no ser por la grabación no se sabría que lo estaba, o hubiera sido más difícil determinarlo. No me queda claro que los cómplices (la Procuraduría capitalina busca a otros seis implicados) estuvieran cerca; probablemente no”.

5.- Pasar tiempo cerca del lugar del delito

Platican, esperan, caminan, se suben a un auto, regresan, se abrazan y se dirigen al lugar donde terminó estallando el artefacto. Tania y Juan Manuel pasaron más de un cuarto de hora a poco más de 100 metros de donde se perpetró el crimen. Centenas de transeúntes los vieron… y dos cámaras.

Chabat explica: Ocurre que “nunca pensaron que los iban a vincular con el estallido”. Recuerda que el sitio donde explotó la bomba no era el planeado. Tal vez calcularon, comenta, que “no es incriminatorio (aparecer en un video). No es prueba de nada platicar con un cuate o hablar con gente de algún coche. Todos lo hemos hecho. Y muchos cientos pasaron enfrente de las cámaras ese día. De haberlo logrado estarían libres, y en el video habrían sido unas personas más, que nadie reconocería por otras cosas”.

Erubiel Tirado también matiza: “No es irregular que estuvieran ahí tanto tiempo. Hay que hacer reconocimiento del terreno, scouting se llama en inglés. Es parte de la práctica, confirmar que las circunstancias estén dadas, que las cosas empiecen a cuajar.”

El ex guerrillero David Cabañas difiere: “Cometieron errores en el reconocimiento del terreno y la exploración del área”. Desde la lógica del combatiente contrapone: “Antes de actuar, el EPR tiene toda la información, el conocimiento del terreno. Se toman las medidas necesarias”.

La Procuraduría General de la República (PGR), el mismo día del bombazo, afirmó que descartaba que grupos subversivos estuvieran atrás de este hecho.

6.-Tania notenía coartada segura

Tania, desde la misma ambulancia, preguntó por el paradero de un hombre, lo que hizo a las autoridades relacionarla con el fallecido. Cuando fue interrogada por primera vez no negó estar implicada. Su dicho ha sido fundamental para identificar al otro implicado y avanzar en la indagatoria.

Los académicos Jorge Chabat y Erubiel Tirado desprenden conclusiones similares de este hecho. El primero de ellos resume así su postura: “Es obvio que Tania tenía una relación con esta persona (El Pipen); es probable, incluso, que esté relacionada con el narcomenudeo. Pero puede ser que ella no supiera que iban a poner una bomba. Si sabia, sí es un error no tener lista una coartada. Si no, pues simplemente pensó que la explosión podría haber sido de otro tipo, un tanque de gas, por ejemplo, y por eso preguntó por su compañero”.

7.-El Pipen iba drogado

David Cabañas afirma que un ataque así requiere una gran planeación, ser cuidadoso y estar concentrado. Pese a esto, El Pipen iba drogado con cocaína cuando estalló la bomba, reveló la necropsia.

Jorge Chabat asegura que esto muestra que Juan Manuel “no era muy profesional. Habla de cierta improvisación”.

Tirado amplía este punto de vista: “(Drogarse) no es privativo de los grupos delincuenciales. En situaciones como ésta, de mucha adrenalina, de mucha tensión, la gente puede tener sus propios mecanismos con los que se prepara. Lo que sí se ve es que mucha sangre fría no hubo”.

Está documentado que los sicarios del narco llegan a drogarse antes de perpetrar una ejecución, concede Chabat, pero, apunta, “normalmente les sale mejor a los de los cárteles, aunque vayan drogados. Los sicarios son más efectivos”.

Erubiel Tirado insiste en que el gran error fue que se detonó la bomba cuando no debía. “Ellos pensaron que ponían la bomba, se iban y detonaba después. A la hora de huir lo más probable es que se internaran en la colonia Roma o la Condesa. No creo que se metieran a la Zona Rosa porque ahí hay muchos guardias privados. O sólo ocultarse entre la gente; hay un precepto que propone que ‘se oculta mejor lo que está a la vista’. En ese sentido podrían haberse metido al Metro o al Metrobús (el sitio queda al lado de la glorieta Insurgentes). La muda de ropa (Juan Manuel traía vestimenta deportiva debajo de una indumentaria formal) nos habla de una práctica con fin de escapatoria, preparación inclusive de carácter policiaco o militar. Habla de cierto entrenamiento, aunque no suficiente para actuar con bombas.”

Chabat cree que el grupo delictivo que decidió el atentado eligió una bomba para enviar un mensaje mediático, por eso la zona y el método elegidos. “Justo por tanta gente y tanto tráfico que hay decidieron no disparar, por ejemplo. En cambio si ponen la bomba y estalla dos horas después. Y ellos ya no están”.

David Cabañas declara que cuando se decide hacer algo de tal naturaleza deben considerarse, desde antes y con toda precisión, “las rutas de acceso y evacuación”.

9.-Lo obvio: no cumplieron su misión

Las policías capitalinas sostienen que el objetivo del bombazo era un director de la SSP-DF.

“(Fallar y morir) es un riesgo que se corre de manera calculada. Entre los separatistas del grupo ETA (del País Vasco, en España y Francia) se llegaron a dar casos de que los encargados de cargar los artefactos explotaban antes de colocar las bombas”, asegura Erubiel Tirado.

David Cabañas recordó un caso similar, pero de la guerrilla y en México. En los años 70, en Zitácuaro, Michoacán, un guerrillero apellidado Pimentel Ramírez murió cuando un explosivo le estalló en la mano, antes de colocarlo.

Y diferencia los móviles revolucionarios de los que parece que impulsaron este atentado. El EPR, afirma, busca que no haya ningún muerto en sus bombazos porque es parte de la responsabilidad del guerrillero. “La acción debe ser contra el Estado, no contra las personas, ellos (los eperristas) cuidan mucho eso. Y en este caso (los sospechosos) pretendían hacer daño a un funcionario”.

Recordó que en 1990, cuando él estuvo desaparecido por el gobierno, la Unión del Pueblo exigió su presentación detonando explosivos en la Nissan de Oaxaca, en casas de cambio de la Ciudad de México y en una oficina de Turismo en Guerrero, sin dejar rastros ni lesionados.

El maestro Tirado le da la razón: “Un grupo simiente del EPR se caracterizó por el manejo de los explosivos. Ahora tienen un gran dominio sobre los mismos y por eso han llegado a lo que han llegado: manejarlos con seguridad y cumplir la misión”.

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