Otra familia que se encuentra de luto es la que sepultó ayer a Alfredo Sánchez Torres
MORELIA. Otra familia que se encuentra de luto es la que sepultó ayer a Alfredo Sánchez Torres, la única víctima mortal que dejó la segunda explosión, registrada en la esquina de la avenida Madero y la calle Andrés Quintana Roo.
Alfredo no había asistido a la verbena popular en el centro, pero acudió al primer cuadro de la ciudad para recoger a su familia, que se encontraba en el lugar disfrutando de la fiesta nacional.
Arribó al centro minutos antes de las 23:00 horas del lunes, y llamó a su familia vía celular para señalarle que había estacionado su auto a unas cuadras de Palacio de Gobierno.
Les indicó a sus familiares que los esperaría “por La Merced”, que es la iglesia que se encuentra en contra esquina al lugar de la tragedia. Ahí estaba cuando lanzaron la granada, que lo privó de la vida.
Sánchez Torres era obrero, vivía modestamente, su pasión, el futbol. Incluso era porrista activo de Monarcas Morelia. Le sobreviven su esposa Margarita Castillo y sus hijos Mónica, Emanuel y Erick.
Entre las miles de personas que se encontraban la noche del 15 de septiembre en el centro de la ciudad, también había turistas de Tamaulipas, Estado de México y Querétaro, entre otros estados, quienes eligieron Morelia para celebrar la Noche Patria.
Hugo Benítez Aguilar, originario de Querétaro, se encontraba en Morelia con su novia, hermano, cuñada y tres sobrinos.
Recuerda que eligieron la capital michoacana para pasar el “puente patrio”, y la noche del 15 de septiembre salieron de su hotel para caminar por el centro de la ciudad y participar en la ceremonia del Grito.
“Nos pusimos en una plaza que está junto a la catedral (Plaza Ocampo), en una fuentecita que está como cuadradita (fuente del asta bandera), ahí estuvimos todos juntos, pero poco a poco nos separamos”, explica.
Aún con indignación por lo ocurrido, detalla: “Yo quedé en un extremo con mi cuñada y con mi sobrina Natalia, a la que traía cargada en los hombros de un lado”.
“Bromeábamos porque no sonó la campana tras los tres vivas y fue entonces cuando algo me golpeó la cabeza. El golpe fue tan fuerte que me desvanecí, mi cuñada se agachó para auxiliarme y ayudar a su hija, y fue entonces cuando se escuchó la explosión’, señala indignado.




