Los narcopandilleros que trabajan para La Línea tienen métodos brutales para dominar las calles: a los que desobedecen les fracturan los brazos y a los reincidentes, los matan
CIUDAD JUÁREZ.— Como pandilleros eran maldosos. Pero como narcotraficantes son despiadados.
Los pandilleros de Los Aztecas —una poderosa banda de cholos que ahora trabaja para el cártel de Juárez— controlan a los traficantes de droga mediante métodos salvajes: una de sus prácticas comunes es fracturar los brazos con un bat a quienes se salen de control. A los reincidentes, los matan.
Los narcopandilleros se consideran guerreros aztecas. Todos usan tatuajes de serpientes emplumadas y calendarios aztecas. Tienen una Biblia Azteca y usan penachos y tambores en sus rituales antes de un combate, según se pudo apreciar en el último motín que organizaron en la prisión local.
Uno de los jefes ha sido visto con un cetro en la mano —como un bastón de mando— cuando hay enfrentamientos.
Los pandilleros del narco tienen dos reglas importantes: 1.-Prohíben el consumo de heroína a sus integrantes porque es el agua mágica para hablar (ellos afirman que un adicto a la heroína es capaz de revelar secretos de la organización con tal de tener una dosis); y 2.- Prohíben el robo a casa habitación porque les genera la enemistad de los vecinos del barrio.
A los miembros que violan estos dos preceptos les fracturan los brazos con un bat y los golpean.
“A mí me pusieron una madriza. Me mandaron al hospital”, platicó El Orejón, un viejo vendedor de drogas del barrio de la Chaveña.
“Yo vendía droga sin permiso de ellos, y eso ya no se puede. Los Aztecas controlan todo”, platicó El Orejón
Además, comentó que a él le fue bien porque a uno de sus amigos le quebraron los brazos y piernas con un bat. “Ellos controlan todos los barrios. Nadie se atreve a vender sin permiso de ellos”.
Los pandilleros no sólo controlan la venta de droga, sino que también se meten a la prostitución en las calles y a los giros negros en los establecimientos, según afirma un jefe policiaco que se ha dedicado a estudiar a la banda.
Los narcopandilleros tienen rangos dentro del grupo, como si se tratara de un ejército.
El nivel más bajo en el escalafón es un Indio y el más alto es un General, pasando por los cargos de capitán, teniente, sargento y soldado.
Los Aztecas están bien organizados y obedecen a sus superiores. Nadie actúa sin una orden de los generales o capitanes.
La banda de Los Aztecas fue fundada por un chicano de origen chihuahuense llamado Longo Fernández en 1986. Este pandillero formaba parte del Sindicato de Texas, una pandilla fuerte de Estados Unidos, pero él se independizó y diseñó una pandilla mexicana con base en el Segundo Barrio de El Paso, Texas, y en el barrio Azteca, de Ciudad Juárez. Cientos de jóvenes de Texas y Chihuahua se unieron al grupo con un interés particular de defenderse cuando fueran encarcelados en las prisiones.
Los pandilleros mexicas tienen mil 800 miembros internados en las cárceles de Chihuahua y Texas, por lo que cuentan con estructuras muy fuertes y controlan desde la venta de drogas hasta el negocio de las tortillas y los panes. En un principio, sólo eran fuertes en las cárceles, pero en los años noventa comenzaron a controlar también los barrios importantes de Juárez.
El narcotraficante Amado Carrillo Fuentes nunca los utilizó en la organización, pero los tiempos han cambiado.
Vicente Carrillo Fuentes, quien heredó la plaza de su hermano, los contrató para hacer trabajos en favor de los traficantes en el año 2000 y 2001. Primero fueron los hombres que controlaron las narcocasas en la frontera, y poco a poco fueron teniendo nuevas responsabilidades. Ahora son sicarios son distribuidores y controlan algunas rutas hacia Estados Unidos.
Una de sus frases al ingresar a la organización es: “entras matando y sales muriendo”.
Uno de sus jefes, Ramón Palacios, fue detenido hace unos meses y actualmente está preso en una cárcel de Chihuahua.
El fundador, Longo Fernández, fue asesinado hace varios años. Los jefes importantes del grupo tienen un tatuaje que dice: Aztlán.
Las autoridades estiman que en la ciudad operan más de cinco mil miembros de Los Aztecas.
Antes usaban navajas y autos viejos en sus barrios, pero ahora han cambiado su forma de vida. Usan metralletas AK-47 y camionetas Hummer, Armada y Mercedes Benz. Ya ni siquiera se juntan en el barrio, ni están en las esquinas. A veces pasan en sus camionetas cuando visitan a sus parientes y viven en casas rentadas.
Hace dos semanas las autoridades les quitaron un fusil Barret de gran potencia, sólo usado en México por el Ejército.
Hace un mes, uno de los muertos en un enfrentamiento en Parral tenía los símbolos aztecas.
Sus enemigos en las calles son Los Mexicles, otros pandilleros de Juárez que controlan algunas áreas de las prisiones y diversos barrios de Chihuahua. Sólo que Los Mexicles no se han metido al narcotráfico.
Los narcopandilleros tienen interés en expandirse por el país, según afirman los jefes policiacos de Juárez.
En los últimos años se metieron a Chihuahua y ya tienen bases importantes en esa ciudad. En estos momentos, las autoridades tratan de observar el papel de Los Aztecas en la guerra entre el cártel de Juárez y el cártel de Sinaloa, por el control de la plaza.
Por lo pronto, siguen dominando en los barrios y se cree que siguen con el cártel de Juárez.




