Productores de aguacate de Nuevo San Juan aprovecharon la liberación de aranceles para exportar sus productos a EU.“El Tratado nos hizo los mandados”, afirman
NUEVO SAN JUAN PARANGARICUTIRO, Mich. El campesino Luis Torres llega a una tienda de zapatos del pueblo y compra en efectivo unas botas de piel de avestruz de dos mil 500 pesos. “Aquí sí hay dinero”, dice mostrando sus botas de piel exótica. “Ya nadie anda a rais, y nadie usa huaraches. Todos quieren traer botas finas”.
Los campesinos de esta región traen dinero. La economía del pueblo está mejor que nunca.
La clave estuvo en el libre comercio: Hace seis años, un grupo de productores le encontró la fórmula al Tratado de Libre Comercio y comenzó a exportar aguacates a Estados Unidos aprovechando que se quitaron los aranceles. Hoy día todos los productores del pueblo (son 848 ejidatarios y comuneros), se dedican a producir aguacate y 46% de la producción se va directo a Nueva York, Washington, Chicago y hasta California (una región aguacatera).
“El TLC nos hizo los mandados”, asegura Luis Torres, sonriendo. “Antes nos daban seis pesos por cada kilo de aguacate. Y ahora lo vendemos en 2.10 dólares (22 pesos). Y vienen los gringos hasta acá para comprarlo. Todo está vendido”, afirma Luis, cuya camisa está sucia y sudorosa por el trabajo en las huertas de aguacate. “Este es nuestro mejor momento. El negocio está en la exportación”, agrega. “Si usted tiene una hectárea de aguacate puede ganar 200 mil pesos por año. Estamos en la gloria”, sostiene.
Hace diez años, el papá de Luis sembraba maíz en sus tierras y estaba en bancarrota. No le iba bien. Sembraba el grano y nadie le compraba. Tenía que ofrecerlo a precio de ganga para encontrar un comprador. Gastaba más de lo que recibía en pago. Y estaba desesperado.
La solución para él llegó con el TLC. En 2000 comenzaron a liberar algunas regiones de Estados Unidos, y unos productores empezaron a mandar aguacates a Texas. “La producción fue subiendo poco a poco, y ahorita aquí se producen 23 mil toneladas”, relata Felipe Ventura, contador de la Junta Local de Sanidad Vegetal, organismo auxiliar de la Secretaría de Agricultura del gobierno federal.
“En 2007 se liberó California y Florida y nuestro aguacate está ahí. En Nuevo San Juan Parangaricutiro se está aprovechando el TLC”, manifiesta.
El pueblo tiene mucho movimiento. Un camión Torton sale cargado de aguacate directo a las empacadoras. Otro entra vacío, listo para ser cargado. Todos los días entran y salen más de 300 camiones en temporada baja. En época buena circulan hasta 600 camiones por día.
Nuevo San Juan Parangaricutiro, una población de 16 mil habitantes ubicada a una hora y media de Morelia, vive un importante auge económico. Los negocios tienen gente. Hay locales de comida, abarrotes, muebles y tiendas de ropa. Se ve que hay dinero.
“Se ha notado la mejoría”, afirma Alfonso Hernández, dueño de una tienda de artículos para el hogar en el Centro. “Se vende mucho más ahora, la gente trae dinerito. Ojalá que no se nos apague la mecha. Usted no me va a creer, pero ya casi todos tienen carro, aunque sea viejito”, expresa.
No hay indicadores económicos recientes, pero los pobladores afirman que siempre hay trabajo. “Aquí el que no trabaja, es por huevón”, dice Alfonso Hernández.
“Aquí todos tenemos una o dos hectáreas, entonces todos tenemos ingresos por el aguacate”, asegura por su parte el presidente municipal de Nuevo San Juan, Francisco Guerrero Chávez, del PRI, quien apenas tiene diez días en el cargo. “Las exportaciones de aguacate han ayudado mucho”, sostiene.
Otra de las razones para que el pueblo tenga importantes ingresos es la operación de la Comunidad Indígena de Nuevo San Juan, una empresa de purépechas que están organizados para explotar la madera del bosque y producir aguacates. En la Comunidad, que tiene el control de 18 mil hectáreas, trabajan 800 personas. Ellos exportan aguacate y molduras de madera.
“Nos ha costado mucho, pero vamos bien. El pueblo ha mejorado y estamos exportando”, confiesa Martín Antolino Echeverría, gerente de la Comunidad Indígena. “La base de todo es la organización. La unión hace las cosas”.
Los campesinos realmente están organizados. Todos conocen los manuales de operación, las nuevas técnicas de riego o de corte, y cumplen con las normas de EU. Cada seis meses, vienen funcionarios del United States Department of Agricultura (USDA) para certificar a las huertas que cumplen con las normas de sanidad.
“Hay que actualizarse, es como la moda. Si no usas la nueva técnica para podar, la huerta se atrasa”, dice el aguacatero Luis Torres.
A la orilla de la carretera, los comerciantes tienen bodegas y básculas listas para comprar todo el aguacate que llegue. “¿Vende aguacate? Lo pago bien”, pregunta Gerardo Torres a todo el que llega a su puesto de comercialización a la entrada del pueblo. El fruto es tan codiciado en esta región que todo, absolutamente todo, está prácticamente vendido. El aguacate, aquí, es dinero en efectivo.
“Es mejor que la mota”, comenta Gerardo Torres mientras acomoda unas cajas llenas del fruto. “Los que están produciendo aguacate tienen mejores ganancias. La mota ya es muy complicada. Sólo puedes sembrar en un pedacito, hay que torear al gobierno y las ganancias no son muy buenas. Todos ya están produciendo aguacate, por aquí ya nadie siembra mariguana”, explica. Gerardo Torres agarra un fruto en la mano y pregunta muy misterioso: “¿Sabe usted cómo le dicen al aguacate por aquí?”. Y él mismo se contesta: “El oro verde”.
Los municipios de Uruapan, Tancítaro, Periban y Salvador Escalante también son importantes exportadores. Los habitantes de Nuevo San Juan festejan las ventajas del TLC. Ganan dinero, compran carros y trabajan hasta con huaraches de piel de cocodrilo.
“El pueblo está podrido en billetes”, afirma Miguel Campoverde, un muchacho que antes se iba a EU a trabajar como ilegal, pero que ahora prefiere quedarse en México.
A pesar de la prosperidad, los indígenas de San Juan siguen preparándose para el futuro. “Ahorita el aguacate se ha ido a las nubes, pero nadie sabe cuánto nos va a durar”, comenta Martín Antolino, gerente de la Comunidad Indígena. Tratan de diversificar la producción. “No queremos depender del aguacate. Y estamos explorando por otro lado. Por eso ya estamos exportando molduras”, dice.




