Por primera vez, les dan voz en la Conferencia Internacional del Sida, donde exigen se respeten sus derechos humanos
La Conferencia Internacional del Sida dio por primera vez en los diecisiete años desde su creación la voz principal del día a uno de los grupos más discriminados porque se les culpa de propagar el virus: sexoservidores.
La encargada de hacerlo fue Elena Reynaga, de la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina, quien enérgica reclamó a ONUSida por recomendar a los países miembros de las Naciones Unidas acciones que van en contra de sus derechos humanos como método de prevención.
Como ejemplo mencionó la sugerencia de "ofrecer un trabajo decente" o la prohibición de ejercer la prostitución a quienes son portadoras del VIH, incluidas en la Guía para trabajadoras sexuales del organismo.
Recomendaciones como esas, dijo, son las que alientan a los países a seguir criminalizando y persiguiendo a las trabajadoras sexuales y solapan la violencia.
Denunció que en los últimos diez meses la Red de Trabajadoras Sexuales de Latinoamérica y El Caribe ha documentado el asesinato de 34 trabajadoras sexuales en la región, y todos permanecen impunes.
Con la voz entrecortada y entre los aplausos de las sexoservidoras presentes en el salón principal, Raynaga gritó que las trabajadoras y trabajadores del sexo están muriendo por falta de servicios de salud, por falta de condones, tratamientos y derechos y no por falta de máquinas coser.
Para finalizar su intervención, enumeró las exigencias del gremio para prevenir la propagación del VIH sin violar sus derechos. Entre ellos, derogar todas las leyes que penalizan la actividad, eliminar las zonas de exclusión, evitar de carnets sanitarios especiales para ejercer, y pruebas de detección voluntarias y gratuitas.
mvg




