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23-Mayo-2008

Jóvenes maestros hacen gala ante lobos de mar

Leticia Robles De La Rosa

Un burro cojo rompió el silencio del salón de clases que imperaba en el Senado de la República. Los legisladores parecían alumnos ante el maestro

Un burro cojo rompió el silencio del salón de clases que imperaba en el Senado de la República. Los legisladores parecían alumnos ante el maestro.

Sin reformas, Pemex irá a la guerra “sobre un burro cojo…, perdón por lo de cojo, quizás es políticamente incorrecto y me puede reclamar Miguel; quizás debía decir un burro con capacidades diferentes”, soltó el jurista José Roldán.

La carcajada fue democrática. Invadió a todos. A los maestros juristas y a los alumnos senadores y diputados, quienes durante seis horas continuas tomaron nota de las recomendaciones que ocho reconocidos especialistas les hicieron para que no cometan errores irremediables en la reforma a Petróleos Mexicanos.

Fue la sesión final de la discusión sobre la constitucionalidad de la reforma a Pemex propuesta por el presidente Felipe Calderón.

En este salón de clases en que se convirtió el patio central de la vieja casona de Xicoténcatl, sede del Senado de la República, el priista Jesús Murillo Karam se convirtió en uno de los alumnos más avanzados por el manejo del lenguaje jurídico, desde la perspectiva de Miguel Carbonell; y los panistas Alejandro González Alcocer y María Serrano en los alumnos más distraídos, por platicar tanto, según Luis Javier Garrido.

E, ironía, Luis Javier Garrido fue el viejo maestro corregido por el joven maestro.

“La mejor forma de respetar la Constitución así lo entiendo yo— es leerla, no azuzarla nada más como un fetiche, sino ver sus palabras, comprenderlas, desentrañar su significado.

“Nos ha dicho que todas las iniciativas son inconstitucionales. Nos ha dicho que el texto completo viola la Constitución, pero no ha mencionado un solo artículo de ese texto, uno solo no ha dicho. No hemos visto ningún argumento de su parte que confronte un texto completo, redactado en lenguaje natural.

“A mí me serviría de mucho que me ilustrara. Yo aprendería mucho de usted, si usted fuera capaz de decirme qué artículos de las iniciativas que están en la mesa violan la Constitución y cuáles son los argumentos para sostener ese punto de vista.”

Así, tajante, seguro, el constitucionalista Miguel Carbonell reprochó al mítico abogado Luis Javier Garrido, hijo de un ex rector de la UNAM, icono de la izquierda radical universitaria y ex candidato a la rectoría de la máxima casa de estudios, que no haya hecho la tarea que él, Carbonell, sí hizo: el análisis de la viabilidad constitucional de la reforma a Pemex, y sólo lanzara un discurso considerado por el joven académico del Instituto de Investigaciones Jurídicas como azuzador, e incluso llamara traidores a la patria a quienes no piensan como él.

Y Garrido debió aceptar entonces que no todo el paquete de reformas es inconstitucional, pero aclaró que la ponencia entregada al Senado de la República sí tenía toda esa información.

También Sergio López Ayllón, del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), puso un alto al abogado del Consejo General de Huelga. “Aquí, doctor Garrido, no hay traidores a la patria”, y le pidió al viejo penalista Raúl Carrancá y Rivas aceptar que su tesis de abrir un juicio político contra el presidente Felipe Calderón Hinojosa no es compartida por todos.

Pero quien mostró su altura de maestro con mayúsculas fue Sergio García Ramírez, al mostrar la humildad del sabio y la vigencia del pensamiento de Sócrates que sólo tienen quienes en verdad conocen: yo sólo sé que no sé nada.

Don Sergio llegó al debate con una idea: la reforma a Pemex es inconstitucional, pero los jóvenes maestros Miguel Carbonell, Sergio López Ayllón y José Roldán, del Instituo Tecnológico Autónomo de México (ITAM), le mostraron sus talentos y su visión constitucionalista; dieron argumentos, citaron artículos, presumieron su tarea.

Y el maestro reconoció a los jóvenes. “Siempre he sido un hombre afortunado. Tuve la suerte de contar con maestros ilustres, mis mayores. Ahora tengo la suerte de contar con otros maestros, los más jóvenes, de los cuales recibo y agradezco múltiples enseñanzas.

“Cuando coincido con ellos, que es la mayoría de las veces, me siento muy tranquilo y satisfecho, seguro. Cuando coincido un poco menos, pero sigo coincidiendo, me siento nervioso y quizás inseguro. Estoy un poco nervioso.”

Entonces el maestro de decenas de generaciones, el ex integrante de la Junta de Gobierno de la Universidad Nacional matizó su posición y la mirada del joven que sacó 10 se reflejó en quienes empujan la nueva generación de juristas mexicanos.

Como ocurre con todas las clases de los grandes maestros, el tiempo se fue como agua. Manlio Fabio Beltrones Rivera, presidente de la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Senadores, hasta se puso los lentes para hacer sus notas; el perredista Arturo Núñez Jiménez no dejaba de escribir; su correligionario Pablo Gómez Álvarez no intentó arrebatar a nadie la palabra y todos concluyeron con el aplauso a los maestros.

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