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Niños vestidos con uniforme militar participaron ayer en la celebración del Día del Ejército en el Campo Militar Número Uno.Foto: AP
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20-Febrero-2008

Exhiben en Día del Ejército trofeos confiscados al narco

Ivonne Melgar

Destaca Felipe Calderón la lealtad de las Fuerzas Armadas como la base para ganar la batalla al crimen

Una inusual muestra de excéntricas armas de alto calibre confiscadas a los cabecillas del narco de la talla de El Güero Palma, Amado Carrillo y El Mochomo, marcó en el Campo Militar Número Uno los festejos presidenciales del Día del Ejército.

Con el general Guillermo Galván, titular de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), y el almirante Mariano Saynez, secretario de Marina, en su calidad de comandante supremo, Felipe Calderón observó sin tocarlas las ametralladoras, las denominadas “Águilas del Desierto” calibre 50, con municiones de fabricación israelita, las mágnum 22, las cuchillo-pistolas, las de mira telescópica y las que el presentador calificó como “joyas del estilo personal de los narcotraficantes”.

Sin preguntas de por medio, el mandatario federal siguió la detallada explicación del coronel Rafael Domínguez Rodríguez, del primer Batallón de Materiales de Guerra.

“Estamos convencidos de lo crítico de nuestra responsabilidad y de que somos blanco para el crimen organizado. Sin embargo, con su buen apoyo y su gran liderazgo, sabemos que vamos a entregar buenas cuentas a nuestro pueblo y ofrecer un panorama más promisorio a quienes nos sucederán en esta delicada misión”, le dijo el uniformado.

En la mesa, los artefactos de chapa de oro e incrustaciones de brillante eran evidencia del poderío de “los nuevos enemigos de la patria”, como calificó Calderón en su mensaje central a la delincuencia.

Enfocado en el tema de la lealtad, el Presidente hizo un discurso de menos de diez minutos en el que dijo que ésa es la base para ganarle la batalla a la delincuencia. Fue insistente en el señalamiento de que la participación de las Fuerzas Armadas en esa lucha resulta “indispensable”.

Y frente a centenares de elementos de la tropa y la marinería, generales, tenientes, almirantes, coroneles, lanzó la arenga en la explanada del Campo Militar, dispuesta como patio de fiesta.

“Como su comandante supremo, los instruyo a continuar su labor de servicio a la nación dando siempre muestra de lealtad, unidad y fidelidad a toda prueba, porque sólo así triunfaremos frente a los nuevos enemigos de la patria, perseverar en la lucha hasta alcanzar la victoria. ¡Esa es la consigna!”.

“¡Soldados: Qué viva el Ejército mexicano! ¡Qué vivan las Fuerzas Armadas! ¡Qué viva México! Felicidades a todos ustedes”, concluyó Calderón.

Pidió seguir el ejemplo de “pundonor y orgullo” de los oficiales mexicanos que no se dejaron sobornar por los operadores de la invasión napoleónica y que, en Francia, resistieron, sin reconocer el imperio de Maximiliano.

En la reivindicación de la presencia armada en los operativos antinarco, se dijo “orgulloso” del Ejército y de su papel clave en la recuperación de espacios disputados antes por la delincuencia. Habló de no conceder “un palmo de terreno a los ofrecimientos y a la sumisión del enemigo”.

Reiterativo en el valor de la lealtad, la consideró “un deber de cada soldado”, “una virtud” que abre paso a la gloria militar y “una entrega” que debe recompensarse. Fue en ese contexto que anunció mejoras para los bolsillos de la tropa.

“He dado instrucciones para que se otorgue de manera retroactiva al primero de enero, y por encima de sus aumentos habituales, un incremento mensual de 500 pesos como compensación técnica al servicio para el personal de tropa”, detalló.

Calderón reconoció que el personal militar en retiro afronta circunstancias difíciles y prometió seguir impulsando una reforma de ley a la seguridad castrense para garantizar pensiones “decorosas”.

Con los dos militares de su gabinete y el secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, el ministro presidente de la Suprema Corte, Guillermo Ortiz Mayagoitia y los legisladores panistas Santiago Creel y Cristian Castaño, en representación de las mesas directivas del Senado y San Lázaro, Calderón desayunó el menú distribuido a unos seis mil comensales: huevos revueltos, frijoles, bistec en chile pasilla, jugo, pan de dulce y café.

Sonó el coro castrense en la bienvenida, las voces a capella de la Marina, y el repertorio ranchero del Ejército durante el convivio.

Para cerrar el festejo, el coronel Domínguez Rodríguez le mostró las armas, lo más selecto de las 40 mil 863 que le informaron— se han confiscado a la delincuencia en lo que va del sexenio. Lo hacía como quien levanta los trofeos de una ruda pelea.

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