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El secreto de Liliana Morales es es no fomentar miedo en los niños. Jamás les dice “te vas a caer”, “vas a chocar”; ella prefiere decirles “sí puedes”. Foto: Daniel Betanzos
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15-Mayo-2008

Ellas ven por sus alumnos

Recopilación: Héctor Figueroa Alcántara

Si para ser docente se necesita vocación, Liliana Morales ha demostrado tener el doble

“Yo decidí estudiar la licenciatura en Educación Especial en el Área de Ceguera porque desde que era niña escuche de un familiar que se podía enseñar a los niños que no ven. Tengo nueve años dando clases.

“Estudiaba piano en el Conservatorio de Música cuando tenía nueve años, y mi prima estudiaba la Normal de Especialización; me llamaba mucho la atención cuando me decían que ella le enseña a los niños ciegos el sistema Braille, desde entonces yo tuve esa inquietud.

“Empecé dando clases con niños de múltiple discapacidad, ahora doy clases a niños de primero y segundo de primaria, con niños con ceguera y baja atención.

“Me gusta ser maestra, me hace ser feliz, siempre he querido enseñarle a las personas cosas nuevas, pero cuando vez una persona con discapacidad visual el reto es más grande, es otro idioma, el Braille es otro idioma.

“Yo me levanto a las cuatro y media de la mañana, preparo las cosas de mi bebé —una nena de cinco meses—, la llevo a la casa de mi mamá y luego vengo al Instituto.

“Debemos tener presente que la educación especial se denomina así porque cada niño requiere cosas diferentes, pero nuestra prioridad es que los niños lean, escriban, sumen y resten, aunque cada uno tiene capacidades diferentes.

“Mi manera de trabajar es personalizar la educación, porque hay niños que avanzan rápido y sería muy injusto atrasarse, entonces a los que pueden ir más rápido les doy más, por eso es personalizado el aprendizaje, por eso es educación especial.

“Todos los seres humanos tenemos motivaciones y con base en ello trabajamos, con base en sus gustos, como la música, los coches, la naturaleza y tomando ello es como les podemos enseñar.

“Los maestros debemos ganarnos la confianza de los niños, somos su guía; si el niño confía en nosotros va a tener logros; mi grupo es de once niños, los llevo desde primero y ahora en segundo grado.

“Debemos estimular a los niños ciegos, los miedos que llegan a tener se los fomentamos nosotros, los adultos: te vas a caer, va a chocar, pero hay otros que no tienen miedo para desplazarse, por eso es elemental imprimirles seguridad.

“Para darle seguridad a los niños les tengo que decir ‘sí puedes’, ‘sí sabes’, aunque algunos les cueste más trabajo. De pronto se me acercan mis alumnos y me dicen que de grandes quieren ser doctores, maestros, músicos.

“No sé cuánto tiempo sea maestra. El tiempo se me va muy rápido, porque me gusta hacerlo. Por ahora, no tengo pensado dejar de ser maestra. Los niños requieren mucho de mi atención.

“El reto más grande que he tenido es cuando llegué a esta escuela, con un grupo de diez alumnos de quinto grado con discapacidad intelectual moderada; era un grupo difícil, niños agresivos, aventaban las bancas, no comían solos, no expresaban sus necesidades básicas, pero obtuve logros. Cuando un padre de familia me dice ‘gracias porque haz guiado a mi hijo’ es una satisfacción muy grande.”

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