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Un deber En el municipio de San Felipe los habitantes toman el asunto del voto como un deber. Foto: Especial
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07-Junio-2009

El oasis electoral está en Yucatán

Andrés Becerril

Aseguran en el lugar que la gente sale a votar porque ve progresos en donde vive; en 2006 sólo hubo seis votos nulos

En Yucatán hay un municipio que se llama San Felipe: es un oasis frente al mar color azul turquesa y arena blanca, pero también es un refugio del voto. Ahí se registran los más altos índices de participación ciudadana en los procesos electorales a escala local, estatal y federal.

Los hombres que habitan ese lugar en las costas del Golfo de México son pescadores de langosta y pulpo, principalmente; las mujeres son amas de casa. Pero todos por igual, los domingos de elecciones, van a votar.

Las estadísticas electorales de los últimos 11 años indican que este municipio fundado el 12 de julio de 1935—, tiene uno de los mayores índices nacionales de participación electoral, que van de 75.39 por ciento en los comicios locales de 1998, pasando por 85.82 por ciento en la elección presidencial de 2006 –donde sólo hubo seis votos nulos–, hasta 89 por ciento en la elección de mayo de 2007, cuando se eligió al actual gobierno municipal.

San Felipe forma parte del décimo distrito electoral local y del primero federal. El 14 de septiembre de 1988 el puerto y sus casas de cedro y caoba fueron borrados del mapa por el huracán Gilberto.

En el municipio viven mil 838 personas (mil tres son hombres y 835 mujeres) y su padrón es de mil 248 electores. No hay persona mayor de 18 años que no haya sacado su credencial para votar.

Ahora que distintas organizaciones sociales y civiles promueven que en las próximas elecciones del 5 de julio los ciudadanos acudan a las urnas y anulen el voto, José Armando Escamilla Bojórquez, presidente municipal de San Felipe, explica por qué la cultura electoral de los habitantes de su pueblo ha ido en ascenso.

“En primer lugar, porque hay unos grupos de promotoras del voto; y en segundo, porque en las últimas tres administraciones se ha trabajado bastante, el municipio ha tenido un buen desarrollo y eso es un estímulo para que la gente vaya a votar.”

Porque según el alcalde de extracción panista, igual que sus dos antecesores en el cargo, “antes había elecciones con apenas 30 o 40 por ciento de participación, a nadie le importaba votar porque veían igual las cosas, pero ahora, a partir de 2001, crece la preocupación por participar. Acá, cuando un muchacho llega a los 18 años ves la preocupación por tener su credencial de elector, por participar en elecciones populares”, resalta Escamilla.

A diferencia de San Felipe, El Bosque, municipio en Los Altos de Chiapas, de filiación zapatista, es uno de los sitios donde mayor abstencionismo se registró en las últimas elecciones.

El ejemplo está en los comicios de 2006: participó 28.87 por ciento de los diez mil 291 electores inscritos en la lista nominal; es decir, dos mil 971 personas.

Pero cuando más se recrudeció el abstencionismo en El Bosque fue en los comicios de 2003. Entonces, el padrón era de nueve mil 291 electores; votaron mil 71, que representa 11.93 por ciento de los electores, lo que significó un desinterés de 88.47 por ciento.

En el mismo proceso de 2003, otro caso de abstencionismo importante es el de Rosario, Chihuahua. El padrón de ese municipio es de dos mil 73 electores y votaron 387, lo que significó un abstencionismo de 81.33 por ciento.

En Atenco, Estado de México, en las pasadas elecciones intermedias votaron tres mil 377 personas, de un padrón de 20 mil 901 electores, lo que reflejó un abstencionismo de 83.84 por ciento.

En la conversación telefónica con el presidente municipal de San Felipe, el funcionario comenta que aproximadamente entre 85 y 90 por ciento de la población del puerto que gobernará hasta el próximo año se dedica a la pesca.

El primero de julio de cada año y después de cinco meses de veda comienza la temporada de buceo de langosta, actividad que más dinero deja en la comunidad. Sin embargo, Armando Escamilla cuenta:

“A diferencia de todos los demás días, que salen del mar entre las siete y las ocho de la noche, los domingos de elecciones los muchachos dejan de trabajar entre las tres y media y las cuatro de la tarde; sus familiares los esperan en los muelles o en el malecón para que pasen a depositar su voto”.

Dice que “antiguamente a la gente no le importaba si votaba o no votaba; a mí me ha tocado ver credenciales que no tenían registrada ninguna votación, les servía solamente como identificación”, recuerda el alcalde de San Felipe.

Comenta que la gente del lugar se interesa cada vez más por las cosas que tiene que ver con elecciones, por ejemplo, menciona que hace poco tiempo funcionarios del IFE estuvieron en el puerto, ubicado a unos 150 kilómetros de Mérida, para dar capacitación a los que serán los funcionarios de casilla.

“Esta es la tercera administración que se ha visto mucho el interés de la gente por el voto. Antes había elecciones con 150, 200 para el PRI y solamente cinco o seis para el PAN. Y es que había una familia que quería manejar a su antojo el municipio”, cuenta.

En la historia de San Felipe consta que las familias Marrufo y Mena han disputado y mantenido el control político del municipio que tiene 95 localidades.

El primer presidente municipal fue Herminio Marrufo, luego le siguió Rolando Mena, que volvió a la alcaldía diez años después, en 1953; otro Marrufo célebre es Narciso, que fue titular del Ejecutivo en dos periodos, primero en 1950–1952 y en 1962–1964.

El último Marrufo presidente de San Felipe fue René Hipólito Díaz, entre 1992 y 1993; y el último Mena en apoderarse de la alcaldía fue José Adonai Mena Rosado, para el trienio 1998–2001, que fue la última vez que el PRI gobernó ese lugar.

“La gente sí identifica una diferencia de trabajo, somos un municipio pequeño, pero se ve el trabajo para sacar adelante a la comunidad”, dice Escamilla, quien resalta que en su elección de 2007 la votación fue copiosa, pues entonces llegó a 89 por ciento.

“En las elecciones de mayo de 2007 llegamos a 89 por ciento, a pesar de que había habido una crisis y un grupo de cuarenta muchachos se tuvieron que ir a Quintana Roo a trabajar, pero aun así pidieron permiso y se vinieron a votar. Votar aquí ya es parte de la gente; hay quienes motivan el voto, pero aquí se toma como debería ser el voto, como una obligación, como algo que podría cambiar a México.”

En contraste, la dinámica de llamar al voto blanco, que se difunde principalmente por internet o en columnas periodísticas de algunos analistas y escritores, tiene preocupados a los partidos políticos, al IFE, a la Iglesia y también a movimientos pro voto, como en Mínimo Común Denominador (MCD).

El presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, Emilio Álvarez Icaza, ha dicho que votar en blanco no sólo representa “tirarlo a la basura”, sino que evita su conteo.

“Si bien el sufragio es un derecho ciudadano, tiene que expresarse con certeza, sobre todo, en momentos en que la apuesta de todos debe ser por fortalecer la democracia y refrendar las reglas para contar con instituciones y con un régimen fuerte”, dijo Álvarez Icaza.

El líder nacional del PRD, Jesús Ortega, sostiene que quienes llaman a nulificar el voto son demagógicos. Quienes insisten en alejar a la gente de procesos electivos, anulando su voto, son quienes contribuyen a sustituir sistemas democráticos por sistemas autoritarios.

Ortega ha reconocido que los partidos políticos muchas veces incumplen con las expectativas de la gente, pero dice que este es el mejor momento para no dejar de votar.

En tanto, Germán Martínez, presidente nacional del PAN, señaló que “el abstencionismo es un adversario de todos los partidos políticos”. Sostuvo que Acción Nacional ha gastado su vida, prácticamente 60 años, en construir un acceso democrático al poder, que todos debemos cuidar.

“El abstencionismo es un adversario de todos los partidos y yo llamo a todos los partidos a defender la trinchera de la participación política y yo llamo a los ciudadanos, en lo que valga mi llamado, a que acudan a las urnas a sufragar por el partido de su preferencia”, dijo Martínez.

Aunque el PRI no se ha pronunciado formalmente, distintos diputados y senadores del ese partido han descalificado a quienes lanzan estos llamados al voto nulo.

En el contexto de esta campaña, y a menos de un mes de las elecciones intermedias, donde distintos estudios de opinión estiman que el abstencionismo será mayor a 60 por ciento, la organización MCD plantea a través de Gabriel González, uno de sus integrantes, que “como ningún otro país, México cambiará súbitamente. Votar en blanco, o marchar de blanco, no basta.

“Se requiere compromiso, inteligencia y paciencia. Atentar contra las vías electorales para acceder al poder allana el camino a las soluciones de fuerza y de violencia.

“La propuesta del voto nulo –concluye González– se basa en una falacia complaciente que se asienta en la irresponsabilidad de ciudadanos perpetuamente menores de edad, que con un berrinche pretenden que papá gobierno, ahora sí, solucione las cosas.”

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