Inteligencia colombiana sostiene que el dirigente guerrillero murió al pisar un explosivo sembrado por él
Asustado, intentando huir en la oscuridad del primer bombardeo del ejército colombiano, Raúl Reyes —el número dos de las FARC— pisó una mina antipersonal, que le destruyó la pierna derecha y cuyas esquirlas le perforaron el rostro, provocándole la muerte pocos minutos más tarde. La sangre de las heridas en su faz escurrió sobre su playera blanca. Tenía ya el ojo izquierdo reventado y la mejilla desgarrada.
Era la madrugada de aquel 1 de marzo en Sucumbíos, Ecuador, cuando Raúl Reyes y sus más cercanos guardias, pero también los estudiantes mexicanos, dormían y se empezó a escuchar el estruendo de las smart bombs, bombas dirigidas por computadora, una vez localizado el líder guerrillero cuando recibe una llamada satelital con la que pudo identificarse su paredero exacto.
Cuando Reyes presionó la mina, murió al instante también uno de sus guardias, y con gran probabilidad, 5 o 6 personas más, entre las que podrían contarse los mexicanos que pernoctaban junto a él. El poder destructivo de cada mina antipersonal puede matar hasta a siete personas y herir a diez más.
Por disposiciones de seguridad, los líderes de las FARC se protegen creando una serie de círculos concéntricos en torno suyo, cada uno resguardado por varios guerrilleros y delineado con minas antipersonales, en este caso las conocidas como “quiebrapatas”.
La inteligencia militar colombiana calcula que durante los sucesos de aquella noche explotaron entre 15 y 20 minas muy cercanas a Reyes, en un perímetro de sólo 25 metros, accionadas por la huida de los guerrilleros y demás personas que ahí pernoctaban. Sólo en el primer círculo de protección se detectaron 120 minas, y en el territorio que rodea al campamento, en total sumaban hasta mil 200 minas enterradas.
El uso de este sistema de seguridad de las FARC persigue el objetivo de que nadie pueda intentar entrar a matar a un líder rebelde y luego poder huir con libertad. Los guerrilleros sólo conocen la ubicación de las minas del círculo que vigilan, pero no la de los demás círculos.
Cada cierto periodo de tiempo, Reyes decidía cambiar de orientación geográfica el “pasillo” por donde se podía abandonar el campamento sin problemas, atravesando todos los círculos, y cada día podía extenderse hacia un punto cardinal distinto. Poder entrar hasta donde estaba Reyes implicaba contar con un alto nivel de confianza de este personaje.
El gobierno colombiano había aprendido con el caso de un bombardeo previo, dirigido contra el campamento de El Negro Acacio, otro líder de las FARC, en el que no usó bombas “inteligentes”, y donde todos los cuerpos quedaron carbonizados, y el campo quemado, que si quería demostrar a la sociedad que había podido acabar con uno de estos guerrilleros debía poder probarlo.
Para ello necesitaba que los cadáveres pudieran identificarse siempre, que no quedaran dudas de que El Negro Acacio había muerto. Por eso en el bombardeo contra Reyes –efectuado con 12 aviones— se programaron las bombas para explotar a entre 10 y 25 metros sobre el nivel de la tierra, y no al contacto con ésta, con lo que lograron que los guerrilleros murieran y pudieran aún ser identificados.
Sin embargo, en honor a la verdad, los miembros de las FARC fallecieron en su mayoría al pisar o caer encima, tropezando en la noche, sobre las minas que ellos mismos colocaron.
Lo cual, por supuesto, no exime a Colombia de haber bombardeado el campamento.
Prueba de todo esto es también el video que por su parte grabaron las Fuerzas Armadas Ecuatorianas en el lugar de los bombardeos (que Excélsior posee) donde aparecen los cadáveres de hombres y mujeres casi intactos, aparatos electrónicos en perfecto estado, plantas de luz portátiles, medicinas, escaleras de madera, mesas, lonas para el sol.
Otros dos efectos de este tipo de bombardeo —que intenta preservar la integridad de lugar— donde las explosiones suceden metros encima del suelo, es que los árboles se parten a la mitad, a la altura de la explosión, y no son arrancados con todo y raíz, y que no hay destrucción ecológica ni se quema nada.
El video ecuatoriano muestra marcadamente estas dos características también, y en ningún momento se ven tampoco cráteres en el piso.
Por otro lado, para la inteligencia militar colombiana, el campamento de las FARC en Ecuador no era una improvisación. Tenía al menos dos años de haberse construído. Estaba bien instalado y contaba con muchos servicios que no pueden implementarse en unas cuantas semanas.
Los soldados colombianos tardaron en entrar al campamento atacado por vía aérea porque primero debían asegurarse de no accionar las minas “quiebrapatas” ahí dispuestas por las FARC-EP.




