El programa de Repatriación Humana, que el gobierno federal arrancará mañana en la frontera de Tijuana, Baja California, difícilmente logrará buenos resultados porque solamente atenderá de manera aislada el problema de la expulsión de mexicanos de Estados Unidos, que en su mayoría son jóvenes.
Germán Vega, investigador de El Colegio de la Frontera Norte y especialista en materia de migración, sostiene sus previsiones a partir de la experiencia de programas aplicados en el pasado o que aún operan y que sólo han logrado impactos muy limitados y temporales.
Menciona, por ejemplo, el programa Camino a Casa, vigente desde 2005 para apoyar a los menores repatriados, cuyo número ha aumentado considerablemente a partir del endurecimientos de la política migratoria en Estados Unidos.
“Hay que llamar la atención sobre el caso de los menores. Muchos de los mexicanos que cruzan son jóvenes y, aun, menores de edad. En el último semestre fueron repatriados tres mil sólo por Tijuana, y la queja en las instancias locales como el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) es que no disponen del dinero suficiente para atender a estos muchachos”, explica elinvestigador.
Pero las autoridades insisten, dice, en abordar el problema de manera aislada, ignorando que se trata de un fenómeno complejo que involucra los temas económico, social y cultural, pues hay comunidades en que la migración ya está tan arraigada, que es parte de un estilo de vida.
En algunos lugares se ha convertido en una especie de rito de iniciación para los jóvenes, un pasagge que significa su tránsito hacia la vida adulta. En otros lugares las mujeres de plano buscan marido entre los hombres inmigrantes de su comunidada los empapelados, como les llaman con la expectativa de cruzar la frontera.
“A una de esas mujeres le llamaban la migra, porque a cualquier hombre que se le acercaba le pedía primero sus papeles”. Es una anécdota a la que recurre el investigador para dimensionar el profundo rasgo cultural que ya implica la migración y los rasgos que adquiere, pues actualmente casi 30 por ciento de los mexicanos que cruzan la frontera son mujeres.
Por eso advierte de la necesidad de ampliar la perspectiva para abordar el tema y de las limitaciones del programa de Repatriación Humana, que pretende apoyar a los paisanos expulsados con trabajo temporal y la vuelta a sus comunidades.
“No hay una comprensión de toda la complejidad económica, cultural y social de los lugares de donde provienen los inmigrantes, y por ahí se pierde piso pensando que dándoles un pequeño empleo o algo de dinero van a desestimular la migración. No es así”, advierte.
Es necesario, cuando menos, cierta infraestructura para atenderlos, y no la hay. No se dispone de los recursos suficientes ante un problema que crecerá en el corto plazo, no sólo porque el tema migratorio no aparece en la agenda de los candidatos a la presidencia de la Unión Americana, sino por las circunstancias económicas adversas que atraviesa ese país, explica el especialista.
Frente a la “limitada perspectiva” desde la cual se mira el problema de la migración, Germán Vega propone impulsar un trabajo colectivo que involucre a instancias gubernamentales y no gubernamentales porque una sola dependencia no puede hacer esto, no lo ha hecho.
El problema, insiste, ha rebasado las posibilidades del Instituto Nacional de Migración (INM) y a las autoridades municipales y estatales de la frontera. Y a ello habrá que añadir que siempre surgen pugnas entre los distintos niveles de gobierno por sus diferencias partidistas, lo que ha complicado los acuerdos.
Un ejemplo: Por la frontera de Tijuana cruzan diariamente 35 mil personas que trabajan en Estados Unidos, pagan impuestos aquí y allá, consumen en ambos lados y en conjunto padecen una problemática específica. Dado este número de población, se pensó en abrir una oficina para atender su situación particular, ya se habían involucrado a autoridades de Estados Unidos, pero por diferencias entre PRI y PAN, nunca se concretó el proyecto.
Pero las circunstancias obligan a relacionar en el tema migratorio a muchas instancias, incluso de Estados Unidos, porque en la medida en que no se sienten a discutir para planear a largo plazo, difícilmente se logrará el impacto que se espera de un programa como Repatriación Humana.
Además, explica, hay que tener en cuenta la migración interna. “En Tijuana hay un proceso de migración muy fuerte. Antes eran los oaxaqueños, ahora hay chiapanecos, poblanos, etcétera, y hay muchos que ya no cruzan, que se quedan aquí. Y la verdad no veo dónde quepan esos jóvenes que van a volver, en qué van a trabajar; lo único que me puedo imaginar es que estén pensando en servicios o en la construcción, pero es muy probable que intenten cruzar de nuevo”.
En todo caso, recomienda Germán Vega, hay que comenzar por preguntarnos por qué está saliendo tanta gente de comunidades que antes no tenían migración y qué vamos a ser con la gente que volverá, a quienes no tenemos modo de apoyarlos de manera más integral.





