Ejecuciones, secuestros y hallazgos de cadáveres son los síntomas palpables de la violencia que cerca a los cinco municipios de Coahuila y a los once de Durango que conforman esta próspera región y que se ha recrudecido con la llegada de nuevos cárteles
Era un día de calor como muchos en la Comarca, de esos en los que sólo una cerveza quita la sed. El restaurante de mariscos había tenido muchos clientes esa tarde. El Diablito, mesero del lugar, no alcanzó a levantar los platos de los últimos comensales, cuando llegó visita.
“¡Hijos de puta, se los va a llevar la chingada!”, gritó un hombre encapuchado que encabezaba a un grupo de ocho individuos armados con rifles de asalto AK-47. Afuera, una fila de camionetas oscuras y mal estacionadas sobre el Boulevard Constitución alertaban de lo que estaba pasando adentro.
Sometieron con facilidad a meseros y propietarios. En total, levantaron a cinco: tres miembros de la familia Blanchet y dos menores que fueron trasladados, con los ojos vendados, a una casa solitaria. El trayecto duró 20 minutos, quizá los más largos de sus vidas.
El mayor de la familia, Javier Blanchet Heras, fue separado del grupo y golpeado de manera sistemática; mientras, su hermana escuchaba los lamentos desde otra habitación. “Todavía lo escucho gritando, llorando, diciendo que él no sabe nada, que lo dejen”, narra.
Ella sintió que todo estaba perdido y cuando se dirigieron a ella, valientemente les dijo: “¡Mátenme, hijos de puta, no voy a decir nada porque no sé lo que quieren saber!” Eso sucedió hace un año. No hay noticias de Javier Blanchet. El resto de la familia vive para contarlo y levantar la voz. Del negocio, está de más decir que se vino abajo.
“Nos estamos acostumbrando”, dice la gente en La Laguna. Pero la realidad de los últimos días muestra que la resignación es lo que buscan muchas otras familias, como la de Rocío Arcaute, ama de casa secuestrada en Gómez Palacio, cuyo cadáver, decapitado, fue encontrado semanas después del plagio.
Con una veladora también están los hogares de la doctora Maribel Solórzano, Juan Rueda Sabag y Gerardo Valdez Segura, sustituto del desaparecido Arévalo en la Unidad Antisecuestros de La Laguna.
Fernando Siller, propietario del restaurante El Castor, ubicado en la nueva zona exclusiva del Fresno y las Quintas de Torreón, apenas fue liberado por sus plagiarios hace unos días.
La vox populi dice que el pago fue de cinco millones. Con todo y su automóvil, un ejecutivo de Seguros Monterrey también desapareció este mes. Nada se sabe de él.
El secuestro más sonado de los días recientes fue el del poderoso líder transportista Antonio Santillán, quien el lunes primero de septiembre fue privado de su libertad.
Ya está de regreso en su casa después de que la familia pagó un rescate. Los anteriores casos sólo son una muestra de lo que pasa aquí.
Los secuestros en la comarca lagunera se han recrudecido en los últimos dos años. Cuando se habla de violencia, existe un antes y un después en la memoria colectiva. Antes, por ejemplo, los secuestros eran esporádicos y se sepultaban en el silencio. Uno fue el líder empresarial Roberto Rodríguez, secuestrado en la década de los 90, quien fue liberado, tras pagar el rescate.
También se recuerda la tragedia de Rodolfo Boehringer, presuntamente plagiado por conocidos comerciantes lerdenses, que lo ejecutaron al no recibir la recompensa del clan minero de los Boehringer Lugo.
El cuerpo del hermano del ex alcalde gomezpalatino Ernesto Boehringer aparecería, irreconocible, años después. Los secuestros de antaño palidecen en número con los de la nueva era de criminalidad desatada en 2005, cuando la penetración silenciosa de un nuevo cártel y el descontrol homicida y escandaloso de los nuevos capos irrumpieron primero con levantones a plena luz del día.
Ejemplo de lo anterior fue el levantón y ejecución de Sóstenes Luna, El Toto Luna, conocido en Torreón, Coahuila, y Gómez Palacio, Durango, por su actividad en el mundo del cine. El secuestro de Luna, a las afueras del bar El Golfito, de Gómez Palacio, desató una serie de crímenes que fueron el preludio del caos actual. Su cuerpo fue encontrado en la carretera Gómez Palacio-Cuencamé el 25 de marzo de 2000.
Desde la terraza de su departamento, los hermanos Ely Deyanira y Juan Manuel García Domínguez, quienes habían presenciado la escena del secuestro, fueron ejecutados el 25 de marzo del 2000 dentro del departamento donde vivían.
De este crimen se culparía a Raúl García Gómez, médico del IMSS, quien fue absuelto de cargos. La libertad y la inocencia le duraron poco, pues fue acribillado el 3 de marzo de 2006, en el estacionamiento del nosocomio donde trabajaba.
En marzo de 2005, el ex jefe de la policía municipal de Gómez Palacio, Jesús Reyes Espino, El Churro, fue levantado donde se cruzan las calles Auza y Madero.
Días después su cuerpo apareció torturado, con un recado en el pecho, firmado presuntamente por uno de los jefes del cártel del Golfo.
La cadena de levantones y ejecuciones en Gómez Palacio, se reprodujo también en territorio coahuilense en un hecho simbólico, si no es que macabro, que marcó el inicio de la narcoguerra y la llegada de Los Zetas a La Laguna: la doble ejecución del narcomenudista Carlos Gavira Zapiens y su abogado Élfego Rodríguez Garza, el 25 de octubre de 2006.
Fue como un indicio profético del clima de horror y las ejecuciones que vendrían, pues recién liberado de la Unidad Mixta de Atención al Narcomenudeo, donde se le detuvo un fin de semana, Gavira no había rodado su automóvil más de 300 metros cuando cayó acribillado, mientras el cuerpo de su acompañante sucumbía también a las balas, pero en Gómez Palacio.
Los sicarios persiguieron el vehículo y secuestraron a su hermana Perla Gavira. Dos días después, apareció el cuerpo en las afueras de Matamoros, Coahuila.
Algo había estallado en la Comarca Lagunera y los ojos del mundo se apostaban en esta región: el sitio internacional de internet Narco News Bulletin, reproducía una nota de Matamoros, Tamaulipas, en donde se aseguraba que los “chakas” (capos) del cártel del Golfo estaban sumamente irritados por estos sucesos, pues “habían calentado la plaza en el momento en que iban a entrar”.
“No viene El Peje”, fueron las últimas palabras que pronunció en público Francisco León, marmolero y ex candidato a senador por el PRD.
El 25 de febrero de 2007, después de un videomensaje del ex candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador, el joven empresario se destapó para la alcaldía de Gómez Palacio, Durango.
Pero los demonios andaban sueltos. Esa misma noche, Jaime Meraz, el líder del partido del sol azteca, fue ejecutado por un comando armado, junto a su esposa, su hijo menor y el chofer.
Pancho León estaba en la mira. Desapareció también. Nada se sabe de él desde que fue levantado en la carretera Saltillo-Monclova, el 21 de febrero de 2007.
Después todo se vino en cascada: el domingo 14 de mayo de 2007, al mediodía, un comando interceptó al empresario lechero Carlos Herrera Araluce, a quien lanzaron ráfagas de alto poder hasta dejarlo casi moribundo, hiriendo a su esposa, Vilma Ale.
La respuesta fulminante de la guardia personal del político y el alto grado de blindaje del vehículo, lograron que la pareja sobreviviera a más de cien tiros contra ellos.
Esa noche, mientras la pareja era atendida en el Sanatorio Español, tomado por un ejército de hombres armados, adscritos a las policías estatal y federal, tan sólo a unos metros de la ciudad de Torreón, en las afueras del Parque Industrial Lagunero de Gómez Palacio, el cuerpo desmembrado de Sabino Burciaga (miembro del clan Burciaga, de Matamoros, Coahuila) apareció esparcido con un narcomensaje intimidatorio y la última letra del abecedario marcada con clavos enterrados en la frente. Otro cartel llegaba y no sólo con intenciones de tráfico de drogas, sino de cobrar la cuota por derecho de piso.
No habían pasado ni 48 horas, cuando la clase empresarial se estremecía con el levantón del empresario lechero Ignacio Berlanga y su hijo, a quienes se llevaron junto con el también empresario Sergio Estrella Rivera.
Habían salido del Sanatorio Español de Torreón, después de una fallida visita a la familia Herrera, quienes ya habían sido dados de alta en medio de un operativo confuso. Cuatro días después, Miguel Quintero Pámanes, joyero, primo de Berlanga y cuñado de Estrella, fue levantado el 19 de mayo de 2008.
De los casos antes mencionados, continúa desaparecido Sergio Estrella, mientras que el más joven de los Berlanga fue liberado previa entrega de rescate, y con lesiones graves y secuelas imborrables.
Videomensajes estremecedores
Tocó el turno después a empresarios de lotes de autos. Fueron plagiados Héctor Marcos Batarse y, posteriormente, Salvador, Leonardo y Eduardo Navarrete García, también negociantes del mismo giro.
Estos últimos fueron liberados, pero no así sus empleados, su secretaria Aída Torres Ramírez, el lavacoches Abraham Cruz y Raúl Salas Huerta, cajero, quienes aparecieron muertos, con el tiro de gracia, por el rumbo de Cementos Mexicanos y Boulevard Laguna, en Torreón.
Los rumores de convoyes rumbo a Mieleras comenzaban a tomar forma. “Necesito un kleenex, no puedo respirar” dijo Enrique Ruiz Arévalo. Su imagen, con los ojos vendados, también le dio la vuelta al mundo en el sitio electrónico de Youtube. Una voz con acento costeño le ordenaba a un tercero hacerle preguntas sobre el narcotráfico en la región, con una marcada tendencia a no hablar de Torreón y a ahondar en Gómez Palacio.
El video, estremecedor, se dio a conocer días después de su secuestro, el 13 de mayo de 2007. Ruiz Arévalo fue levantado en el restaurante Denys de Torreón, mientras platicaba amigablemente con el ex alcalde priista Braulio Fernández Aguirre y su socio Luis de la Rosa Córdova, gerente de Grupo Radio Estéreo Mayrán.
El ex jefe antisecuestros investigaba en esos momentos la desaparición del empresario marmolero Francisco León.
“Voy a ver qué quieren”, dijo en voz alta. Se levantó a encarar a los hombres armados que penetraron al restaurante y fue subido por la fuerza a una de las camionetas oscuras. Nunca más se supo de él, ni de Edmundo Castillo, ex comandante de la policía ministerial, levantado ese mismo día, y cuya esposa clamó piedad a los secuestradores en un desplegado de plana completa en los principales diarios de Torreón.
El día 23 de mayo de 2007, el abogado Alberto Romero fue obligado a recibir, proyectar y devolver a sus emisarios, un video en DVD que contenía la tortura y declaraciones de Arévalo. Acompañaba al video una advertencia de los secuestradores, donde decían que llegaban a hacer negocios.
La clase empresarial enmudeció. Reunida en las instalaciones de la Cámara Nacional de Comercio de Torreón.
Muchos de ellos prepararon su salida del país. McAllen, Houston y San Antonio tuvieron nuevos clientes inmobiliarios. Los caros suburbios de Texas, en Estados Unidos, comenzaron a recibir a familias torreonenses que, en estampida, prefirieron no creer en las palabras presidenciales que presumían que la guerra contra el crimen organizado se estaba ganando.
¿Es Torreón parte de ese México de los discursos? ¿O es el paraíso del hampa organizada, inaccesible para cualquier intento de contención del delito?
Sin embargo, la clase pudiente volvió a estremecerse después con la desaparición del abogado Alfonso Segura Fong.
Se trata del abogado de cabecera de Eduardo Tricio Haro, líder del grupo Lala, y defensor oficial del conflicto legal que la industria láctea sostiene con el gobierno federal por el daño ecológico que la empresa está causando al valle de Cuatrociénegas, debido a la sobreexplotación de los mantos acuíferos. El abogado predilecto del grupo Lala sigue sin aparecer.





