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Vigila y exige con suavidad; carga sobre ti los errores de tus subalternos. El riesgo es que todas las fallas se te carguen a ti. La oportunidad es que los aciertos serán todos tuyos. Pero con este proceder, lograrás que tus subalternos estarán contigo: no envidiarán tus medallas porque las sabrán de ellos; no te cargarán sus tropiezos porque los sabrán suyos”, le dijo Castillo Peraza a un Calderón que llegó a la presidencia del PAN sin un equipo en el cual confiar. En la imagen, la nominación de Castillo Peraza como candidato al GDF, en marzo de 1997. Foto: Archivo Excélsior
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23-Julio-2009

Carlos Castillo Peraza “Corre el riesgo y confía”

Redacción

En la misiva, escrita el 8 de mayo de 1996, le aconseja dominar su temperamento y le dice cómo armar su equipo

Ocho párrafos le bastaron al ex líder del PAN, Carlos Castillo Peraza, para diagnosticar y recetar el remedio a las frustraciones que sentía Felipe Calderón Hinojosa en mayo de 1996, dos meses después de haber asumido la presidencia del partido.

“Tu naturaleza, tu temperamento es ser desconfiado hasta de tu sombra”, escribió quien es considerado el mentor político del actual Presidente de la República. “Si te dejas llevar por ése, entonces no te asustes de no confiar ni con tu sombra: ella misma se dará cuenta que es sombra, pero que no es tuya; será sombra para sí, no contigo, no tuya”, sentencia.

La misiva, divulgada ayer por la revista Etcétera (vea la versión íntegra), fue escrita el 8 de mayo de 1996, cuando el hoy extinto dirigente panista había cedido el timón de Acción Nacional a su ahijado político.

Castillo Peraza inicia su auscultación tomando como referencia dos lamentos del propio Calderón. “Me preocupó sobremanera un par de expresiones utilizadas por ti durante nuestra más reciente conversación en tu oficina provisional. La primera fue: ‘Si no me meto, no me hacen caso’; la segunda: ‘No he encontrado mi alter ego’”.

Según el político yucateco, el origen de ese problema está en el recelo con el que actuaba Calderón. “Nadie se sentirá tu ‘otro yo’ si le revisas todo, si le sospechas todo, si le desconfías, si acabas haciendo las cosas tú. Así nunca encontrarás todos los alter ego que hoy necesita un presidente del PAN.

“Y te ahogará el trabajo. Y sabrás todo, pero no presidirás. Y tendrás a tu gente en el temor, en la disciplina, pero no en el entusiasmo ni en la creatividad. Y tendrás que en todo para que te hagan caso, porque tú no le haces caso a tus subalternos, y ellos saben que no cuentan, que tienen que esperar a que tú decidas, que les vas a cambiar las órdenes sobre la marcha, que no los consideras responsables.”

La carta fue redactada días después de que Castillo Peraza terminara su gestión al frente del panismo y horas antes de viajar a Alemania, donde permaneció 22 días en compañía de su hijo mayor.

Calderón, por su parte, llevaba dos meses de haber ganado las elecciones internas, tras imponerse a Ernesto Ruffo Appel (159 papeletas contra 107) y convertirse en el presidente de Acción Nacional más joven de la historia, con apenas 33 años.

Según Castillo Peraza, para que un líder se rodee de los mejores colaboradores, “el subalterno debe saber que el jefe depende totalmente de él porque lo considera capaz de hacer las cosas bien, tal como el jefe mismo las haría. Debe saber que el jefe pone en sus manos su nombre, su fama, su prestigio, su capacidad e incluso su liderazgo.

“Debe sentir continúa— que lo que él hace lo está haciendo el jefe, y que el jefe responderá si se equivoca. Debe sentir que en lo que su jefe le encomienda el jefe es él, esto es, el alter de ese ego. Pero esto implica que el jefe jefe deje su ego en ese alter. Y que lo deje en serio: en lo que se le encarga, el alter tiene que estar seguro de que él es ‘el perro de adelante’; y que el jefe no se pondrá ni ni antes ni al lado de él, sino detrás; que el jefe lo seguirá en lo que le puso en las manos; que leerá lo que le encomendó escribirle; que se sentará donde decida el alter al que le encomenó diseñar el presidium; que sólo cuando el subalterno le diga que ‘esto debe resolverlo usted’ debe tomar el asunto en sus manos de jefe”.

Antes de despedirse y pedir perdón por “la intromisión”, Castillo Peraza lanza una última recomendación al joven e inseguro líder del PAN: “Diles que quieres y para cuándo. No les digas ni te metas en el cómo y confía; corre el riesgo de confiar”.

Ocho párrafos le bastaron al ex líder del PAN, Carlos Castillo Peraza, para diagnosticar y recetar el remedio a las frustraciones que sentía Felipe Calderón Hinojosa en mayo de 1996, dos meses después de haber asumido la presidencia del partido.

“Tu naturaleza, tu temperamento es ser desconfiado hasta de tu sombra”, escribió quien es considerado el mentor político del actual Presidente de la República. “Si te dejas llevar por ése, entonces no te asustes de no contar ni con tu sombra: ella misma se dará cuenta que es sombra, pero que no es tuya; será sombra para sí, no contigo, no tuya”, sentencia.

La misiva, divulgada ayer por el sitio web de la revista Etcétera (www.etcetera.com.mx/articulo.php?articulo=827), fue escrita cuando el hoy extinto dirigente panista había cedido el timón de Acción Nacional justamente a su ahijado político.

Esta es la versión íntegra:

México, D.F., 8 de mayo de 1996

Querido Felipe:

Para mí es mucho más sencillo expresarme por escrito. Por eso lo haré así, poco antes de ausentarme por unos 22 días, lo que nos dará al uno y al otro tiempo para pensar en lo escrito y en lo -espero- leído.

Me preocupó sobremanera un par de expresiones utilizadas por ti durante nuestra más reciente conversación en tu oficina provisional. La primera fue: “Si no me meto, no me hacen caso”; la segunda: “No he encontrado mi alter ego”.

Creo que las realidades que expresan esas dos frases tuyas están emparentadas. Trataré de explicarme, comenzando por la segunda.

¿Por qué no encuentra un jefe a ese alter ego? Creo que porque para que haya un “otro yo”, varios “otro yo” el jefe debe hacerle saber y sentir a sus subalternos que, en efecto, son “yo”, es decir, darles toda su confianza. El subalterno debe saber que el jefe depende totalmente de él porque lo considera capaz de hacer las cosas bien, tal como el jefe mismo las haría. Debe saber que el jefe pone en sus manos su nombre, su fama, su prestigio, su capacidad e incluso su liderazgo. Debe sentir que lo que él hace lo está haciendo el jefe, y que el jefe responderá por él si se equivoca. Debe sentir que en lo que su jefe le encomienda el jefe es él, esto es, el alter de ese ego. Pero esto implica que el jefe deje su ego en ese alter. Y que lo deje en serio: en lo que se le encarga, el alter tiene que estar seguro de que él es “el perro de adelante”; y que el jefe no se pondrá ni antes ni al lado de él, sino detrás; que el jefe lo seguirá en lo que le puso en las manos; que leerá lo que le encomendó escribirle; que se sentará donde decida el alter al que le encomendó diseñar el presidium; que sólo cuando el subalterno le diga que “esto debe resolverlo usted”, debe tomar el asunto en sus manos de jefe, etc.

Nadie se sentirá tu “otro yo” si le revisas todo, si le sospechas todo, si le desconfías, si acabas haciendo las cosas tú. Así nunca encontrarás todos los alter ego que hoy necesita un presidente del PAN. Y te ahogará el trabajo. Y sabrás todo, pero no presidirás. Y tendrás a tu gente en el temor, en la disciplina pero no en el entusiasmo ni en la creatividad. Y... tendrás que meterte en todo para que te hagan caso, porque tú no les haces caso a tus subalternos, y ellos saben que no cuentan, que tienen que esperar a que tú decidas, que les vas a cambiar las órdenes sobre la marcha, que no los consideras responsables.

Tu naturaleza, tu temperamento es ser desconfiado hasta de tu sombra. Si te dejas llevar por ése, entonces no te asustes de no contar ni con tu sombra: ella misma se dará cuenta que es sombra, pero que no es tuya; será sombra para sí, no contigo, no tuya. Dile al perro de adelante de cada uno de los trineos de tu flotilla que él es el único que ve un horizonte distinto. Tú tendrás así la mirada de todos los horizontes; no tendrás que verles las patas a todos, ni las correas a todos: serás el Can Mayor, vigía de todos los horizontes y patrón de todos los trineos. Presidirás: estarás sentado arriba. Desde allí, vigila y exige con suavidad; carga sobre ti los errores de ellos. Acertarás con ellos. El riesgo es que todas las fallas se te carguen a ti. La oportunidad es que los aciertos serán todos tuyos. Pero con este proceder, lograrás que tus subalternos serán tuyos contigo: no envidiarán tus medallas porque las sabrán de ellos; no te cargarán sus tropiezos porque los sabrán suyos. Serán uno. Crecerá el partido con el crecimiento de sus dirigentes. Serás su líder, la cabeza del cuerpo que sabrán y sentirán suyo; te sabrán su cabeza. Y esto es importante porque nadie te niega que eres cabeza y que tienes cabeza. Yo menos que nadie.

Diles qué quieres y para cuándo. No les digas ni te metas en el cómo y confía; corre el riesgo de confiar. Puedes hacerlo, porque en torno de ti no hay gente de mala voluntad y tampoco retrasados mentales. Sólo personas que tienen derecho a la oportunidad de ser ellas, de pensar por sí mismas, de correr el riesgo de equivocarse, de agradecer la oportunidad de acertar. Estoy seguro de que acertarán más veces de lo que imaginas. “A los hijos dice un refrán japonés hay que darles sólo dos cosas: raíces y alas”. Gibrán añade: “Nuestros hijos son flechas, nosotros somos arqueros. Nuestra responsabilidad es darles la tensión de la buena madera y la buena cuerda y el buen músculo, no hacerles el vuelo”.

Perdona la intromisión. Un abrazo. Me voy con mi hijo mayor a Alemania. Voy a darle la última entrega de raíces, antes de que parta a volar con sus alas en octubre, cuando cumplirá dieciocho años. Espero tensar bien la cuerda por vez postrera, antes de soltarla para que parta esa amada flecha, ya sola en pos de su propia trayectoria y en busca de su propio blanco.

Hasta pronto, Jefe

Carlos Castillo Peraza

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