Una propuesta fue colocar a Ernesto Ruffo como líder del PAN y a César Nava en la Secretaría General
Convocados por el presidente Felipe Calderón, gobernadores, legisladores federales y líderes del PAN, entre ellos Ernesto Ruffo y César Nava, fracasaron en el primer intento por lograr una candidatura de unidad en el partido, pues la señal presidencial se mantuvo en favor de Nava y ese respaldo no alcanzó para atenuar la rebelión de quienes insisten en otro candidato.
Durante dos días consecutivos, al menos entre 25 y 30 líderes panistas buscaron una salida consensuada a la crisis que vive el partido, ante la decisión de al menos 180 consejeros Nacionales de no votar por César Nava, único candidato registrado a suceder a Germán Martínez Cázares, lo cual lo pone en una situación políticamente delicada, pues está en riesgo de no obtener el 66 por ciento de los votos requeridos para ganar en un Consejo Nacional integrado por 370 militantes.
En medio de una estrategia de hermetismo informativo, los panistas escucharon varios planteamientos, como el de dar la presidencia albiazul a Ernesto Ruffo para que encabece el proceso de revisión del partido y la recuperación de su filosofía política, y colocar en la Secretaría General a César Nava, que como posición Ejecutiva tiene la relación directa con las bancadas, los gobernadores y la Federación.
Pero la señal presidencial se mantuvo por César Nava, por lo cual su candidatura sigue firme, aunque los llamados rebeldes lograron abrir un espacio de análisis, de discusión y no pierden la esperanza de que sus argumentos terminen por convencer de la necesidad de un cambio.
Ayer domingo, Enrique Aranda, autor de la columna “De Naturaleza Política”, reveló en Excélsior que el sábado, primer día del cónclave, los panistas estuvieron encabezados por el presidente Felipe Calderón y asistieron Luis Felipe Bravo Mena, ex presidente nacional del panismo y actual secretario particular del Presidente de la República; los gobernadores José Guadalupe Osuna, de Baja California; Emilio González, de Jalisco, y Marco Antonio Adame, de Morelos.
También el líder de los diputados panistas, Héctor Larios, además de Josefina Vázquez Mota, los senadores Santiago Creel Miranda y Ricardo García Cervantes, el diputado federal electo Javier Corral y Gustavo Madero, coordinador de los senadores del PAN, así como César Nava.
“Al filo de las 18 horas, y luego de haber concurrido a una comida ofrecida por cerca de ocho mil panistas en Cuevas, Guanajuato, tanto el gobernador Juan Manuel Oliva como el renunciante Germán Martínez Cázares se unieron al grupo de reflexión que, presumiblemente, decidió extender la reunión hasta este mediodía con miras a, eventualmente, definir o responder a interrogantes tan trascendentales para el futuro como, por ejemplo, la agenda legislativa a impulsar en el próximo Congreso (…)”, escribió ayer Aranda.
Reunidos ayer en un espacio perteneciente a una empresa internacional de lácteos, los panistas continuaron con el debate. Al grupo original, de acuerdo con la información obtenida por este diario, se sumó Ernesto Ruffo Appel, a quien diversos panistas impulsan como candidato de consenso, pero quien ha puesto como requisito fundamental que César Nava decline en su candidatura única.
También estuvo el senador Humberto Aguilar. Entre los ausentes destacaron Manuel Espino y Gerardo Priego, ambos parte del grupo de seis panistas que anunciaron su no participarán en el proceso de sucesión.
Pero los panistas también abrieron un espacio para la reflexión, para la agenda legislativa y para tratar asuntos de interés nacional, entre cuyos puntos destaca un análisis sobre el nuevo poder del PRI y su dominio en la Cámara de Diputados.
De acuerdo con la información proporcionada por algunos de los asistentes, los panistas “rebeldes” confiaron en que el debate realizado durante estas horas se traduzca en breve en un cambio de actitud y de rumbo del partido, pero también en la construcción de una estrategia que permita contener el crecimiento electoral del PRI.
Sin embargo, admitieron que la discusión resultó en vano para superar la crisis interna, pues se insiste en una imposición de Nava.





