En la presentación del acuerdo, que más bien deja todos los compromisos del lado del gobierno, el Presidente aclaró que el resultado de las nuevas medidas depende de que los actores políticos se sumen por encima de intereses y de la coyuntura electoral
El presidente Felipe Calderón lo calificó como un pacto, una demostración de la capacidad de sumar a los políticamente diferentes. Y aunque lo comparó con el firmado en agosto para enfrentar a la delincuencia organizada, esta convocatoria frente a la crisis que “vino de afuera” no tuvo los alcances de entonces.
Además del jefe del gobierno capitalino, Marcelo Ebrard, faltó el gobernador sonorense, Eduardo Bours.
El perredista envió a su secretario de Finanzas, Mario Delgado Carrillo, quien sin embargo no participó en la ronda de las firmas al documento. El priista ni siquiera tuvo representante alguno.
Y aun cuando el dinero para financiar este Acuerdo Nacional en favor de la Economía Familiar y el Empleo se encuentra garantizado ya en el presupuesto 2009, el mandatario condicionó su éxito a una respuesta política, al cierre de filas, en medio del “contexto intenso” de este año.
“Salir adelante de esta crisis dependerá en gran medida de la audacia, el carácter y la solidaridad de todos quienes tenemos la alta responsabilidad de dirigir los destinos de este gran país”, definió hacia el final de las dos horas de presentación.
Llamó a colocar el bienestar de los mexicanos por encima de fines personales, de partidos o de grupo.
“Con la firma de este Acuerdo demostramos nuestra capacidad de unirnos para enfrentar la compleja situación económica internacional, de unirnos por encima de intereses particulares, de diferencias políticas o ideológicas, y de cerrar filas incluso en un contexto electoral intenso como el que viviremos este año”, apuntó.
En una primera intervención, detalló las 25 medidas del Acuerdo, luego de reconocer que el plan diseñado hace tres meses debía ampliarse ahora con acciones adicionales, ante “la profundización” de la crisis financiera internacional, a fin de superar “lo antes posible” sus eventuales efectos.
Reconoció que corre un periodo de “grandes dificultades” y que éstas continuarán así para la inversión, el empleo y el crecimiento.
César Duarte, presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, comprometió el respaldo legislativo en general, sin precisar un sí a ese mecanismo.
“Nos sumamos a la convocatoria que ahora nos hace el señor Presidente de la República, para trabajar juntos a favor de la economía familiar y el empleo. Asumimos plenamente los legisladores que México manda y que estamos por preservar lo que se ha logrado en materia económica”.
No faltó, sin embargo, el recordatorio de que habrá fiscalización presupuestal: “Estaremos responsablemente atentos a su aplicación en los términos más favorables para los beneficiarios de sus acciones y, sobre todo, para su ejercicio expedito en tiempo y forma”.
Vino entonces la firma de secretarios, gobernadores, líderes empresariales y sindicales, mientras otros, como el presidente de la Corte, el ministro Guillermo Ortiz Mayagoitia, únicamente atestiguaron.
En el mensaje de cierre, de carácter político, el presidente equiparó el Acuerdo al de Seguridad, porque tiene, dijo, “la misma fuerza moral que aquél”, en tanto responde a un reclamo y a una necesidad ciudadanas.
Entre los mil 200 asistentes en el Salón Tesorería de Palacio Nacional, destacaron el empresario Carlos Slim y la lideresa del PRI, Beatriz Paredes, en la misma fila que Margarita Zavala y Patricia Flores Elizondo, jefa de las Oficinas de Los Pinos.
Resaltaba también el saco azul de la gobernadora Amalia García, que así rompió su tradición de acudir siempre a los actos presidenciales con alguna prenda de color amarillo perredista. Y la sonrisa persistente de su compañero de partido, el michoacano Leonel Godoy, sobre todo en el momento de estampar su firma en el documento.
El pacto calderonista anticrisis tuvo tintes de aquellos tiempos priistas, más que por la disciplina de los involucrados, por el discurso del dirigente cetemista, Joaquín Gamboa Poscoe, quien aprovechó su turno para garantizar que el suyo no es un movimiento de huelgas, paros o enfrentamiento con la iniciativa privada.
“Que no se siga creyendo, ni muchos digan, más bien de mala fe, que consideran los trabajadores sus enemigos a los empresarios o a los inversionistas. Eso puede tener un resabio histórico, de cuando la explotación dio motivo a los movimientos de Cananea, de Orizaba, y que fueron superados por un movimiento revolucionario y que crearon al final de cuentas una Constitución que nos da institución”, expuso el secretario general de la CTM.
A través del presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Armando Paredes Arroyo, el sector productivo ofreció “mantener estable hasta el máximo posible la plantilla laboral”. Pero puso el acento en la inconformidad con el impuesto creado en este sexenio. Y pidió más:
“Consideramos que el IETU fue diseñado para una economía en crecimiento; frente a un escenario recesivo nos parece recomendable crear un grupo de trabajo que valore los efectos de la actual coyuntura y, de ser necesario, implemente ajustes temporales para evitar secuelas nocivas”.
Y a tono con este ánimo de seguir con la lista de las peticiones, no faltó el grito anónimo, del invitado que logró colar desde su lugar un “Las altas tarifas telefónicas …¡abajo!”.




