Estamos en una situación límite, advierte el Presidente; pide no sacar raja política de la tragedia
SAN PEDRO GARZA GARCÍA, NL. Con “la barbarie” de Morelia llegó la hora de redoblar la cooperación internacional y de reconocer que el crimen organizado no es un riesgo exclusivo contra el gobierno federal, sino una amenaza para la seguridad nacional, sostuvo ayer aquí el presidente Felipe Calderón.
Al advertir que no descansará hasta dar con los culpables de los atentados del día 15 en Michoacán, el mandatario federal definió qué significa unidad: apoyar la acción gubernamental en el combate a la delincuencia, negarle cobijo social a los delincuentes y denunciarlos.
“La tragedia de Morelia es reflejo de una situación límite que pone desde luego en riesgo la seguridad interna de la nación y que demanda una respuesta de Estado superior a cualquiera discusión política o de partidos”, sostuvo el Ejecutivo.
En lo que fue un llamado a evitar que el caso sea utilizado con fines electorales, Calderón expuso: “El pretender obtener dividendos a partir del dolor o el sufrimiento de las familias que perdieron a sus seres queridos va a enfrentar el rechazo unánime y rotundo de la sociedad”.
Antes de acudir a Michoacán para encontrarse con los heridos en los hospitales Civil, Infantil y del IMSS y rendir un homenaje a las víctimas de la noche del Grito, el Presidente inauguró en Nuevo León el Centro de Control, Comando y Comunicaciones C4 del municipio de San Pedro.
Ahí, por primera vez desde el escalamiento de la violencia en el país, Calderón reclamó el auxilio de otras naciones: “Lo ocurrido en Morelia es una muestra clara de que hoy más que nunca también es necesario que la comunidad internacional sume esfuerzos en la lucha contra un enemigo que no reconoce fronteras”.
Admitió el Presidente que “es hora de redoblar esfuerzos para hacer más ágiles y eficaces nuestros mecanismos de cooperación”.
Insistente en la oferta de que estos actos cobardes no quedarán impunes, el Ejecutivo federal convocó a derrotar a quienes, señaló, buscan marcar el desaliento y que los mexicanos se encierren en sus casas “a piedra y lodo”.
Calderón habló de la importancia de no caer en “el error” de aprender a coexistir con el crimen organizado por miedo, desidia o contubernio.
“También digo que es un momento de ponerle punto final a la cultura de la tolerancia, de la complicidad o la impunidad con el crimen. Es hora de que cada mexicano se sume a la lucha contra los enemigos de la paz. Mi convicción es que es un error el suponer que tolerándolos podremos vivir en paz”, definió.
Habló de la tristeza que enluta al país desde la noche del lunes y de la necesidad de entender que esos acontecimientos son muestra de que los criminales no actúan, como algunos piensan, sólo contra el gobierno, o incluso nada más contra el poder Ejecutivo federal.
“Actúan contra la sociedad, porque la intimidan, la persiguen, la sacrifican. Y por tanto, la lucha contra los criminales no puede ni es ni debe ser una lucha sólo del gobierno”, argumentó.
“No van a encontrar un país de rodillas o arrinconado por el temor que pretenden sembrar”, lanzó al final.
Más tarde, en Morelia, se mostró conmovido por los testimonios de los heridos y el reclamo de justicia de sus paisanos, sin faltar el grito de pena de muerte.
Calderón rindió homenaje a los muertos de la noche del Grito. Habló de caídos, de sangre derramada, de su compromiso personal de encontrar a los cobardes, señaló, que cometieron este crimen calificado como imperdonable.
“Vengo a Morelia a decirles que estamos con ustedes y emplearemos toda la fuerza del Estado sobre Michoacán, para dar con los culpables y castigarlos, que estamos absolutamente decididos a que esta tierra nuestra vuelva a respirar el aire de la libertad.”
Hubo un minuto de silencio en la plaza Melchor Ocampo, donde estuvo acompañado su esposa, Margarita Zavala; del gobernador, Leonel Godoy, y los secretarios de la Defensa, Guillermo Galván; Marina, Francisco Saynez, el secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, así como del procurador general, Eduardo Medina Mora.
Como nunca antes, el mandatario federal subió el tono para señalar que se equivocan quienes pretenden doblegar a su gobierno y detenerlo en la lucha contra el crimen organizado: “¡No bajaremos la guardia; por el contrario, esta sangre derramada es un acicate que nos mueve a dar con los culpables y a castigarlos donde se encuentren!”.
Escuchó a las madres que esperan, en terapia intensiva, salvar la vida de sus niños, con estallamiento de vísceras o a punto de ser amputados, por el daño de las esquirlas.
Dirigiéndose a los michoacanos, Calderón les pidió que regresen a las calles, al trabajo, a la escuela, e impedir el principal objetivo de los delincuentes, el sometimiento de la sociedad.
Con la voz entrecortada, recordó a su padre y dejó su promesa:
“Vengo a decirles a esta plaza que estoy con ustedes, que tengo a Michoacán bien presente en el corazón, y no sólo presente, sino lo tengo grabado en el corazón como un compromiso personal, por ser mi tierra, por ser mi gente, y aquí yacen los restos de mi padre, de mis antepasados y donde sé hay un futuro promisorio por construir.”





