El panista Guillermo Anaya evadió a las adelitas, pasando por el garage de un hotel de paso en el Centro. Su astucia fue en vano, pues la sesión fue en El Caballito
Hotel Garage, dice el letrero arriba del portón negro corredizo ubicado en el número 29 de la calle de Cuba.
Un elemento de seguridad del Senado de la República lo abre y, a prisa, con el rostro enrojecido por el calor, un hombre alto de camisa rosa y traje gris sale del hotel. Se acomoda el saco y se va poniendo la corbata, mientras un jovencito, también de traje, va detrás de él.
Es el senador Guillermo Anaya, también secretario general del PAN, quien debió abrirse paso, camuflado, entre las decenas de adelitas de Andrés Manuel López Obrador y los activos del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME).
Ingresó al hotel El Congreso, ubicado en Allende esquina Cuba, y se dirigió a la puerta de atrás, al estacionamiento, por donde entran los autos de los constantes enamorados discretos que no usan este lugar para pernoctar.
El resto de sus compañeros de bancada, los panistas, también entraron por un estacionamiento que los estrategas de la Policía Federal Preventiva encontraron idóneo para ayudar al arribo de los senadores a su segunda sesión fuera de la vieja casona de Xicoténcatl.
Y es que el estacionamiento público cruza toda la manzana, de Cuba a la calle que lleva el nombre del insigne Belisario Domínguez, el senador ejemplo de valentía para todos los legisladores mexicanos, quien murió por orden del dictador Victoriano Huerta.
Los senadores y senadoras panistas llegaron a las inmediaciones de su recinto parlamentario en un camión que salió de la Torre Azul, donde están sus oficinas.
Bajaron por Allende e ingresaron al anexo de la Escuela Superior de Economía del Instituto Politécnico Nacional (IPN). Pasaron por la biblioteca y afuera, en Belisario Domínguez, llegaron cinco camionetas manejadas por un nerviosísimo grupo de seguridad del Senado.
La Policía Federal Preventiva dio la orden de reforzar el cordón de seguridad frente a las adelitas y los electricistas. La Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal aumentó el número de sus elementos y también los colocó en el retén de Cuba casi esquina con Allende.
—¿Es usted de la Federal o del DF, porque si son del DF no les tenemos miedo, pero si son federales sí? comenta una adelita que observa el ir y venir de las cinco camionetas que trasladan a los panistas.
Los blanquiazules lograron así, a las 12:37 horas, romper el cerco impuesto por los seguidores de Andrés Manuel López Obrador al Senado de la República, y con ellos llegó la única senadora de Nueva Alianza, Irma Martínez, pero los priistas y los del Partido Verde no llegaron a las inmediaciones de Donceles.
Al auditorio Sebastián Lerdo de Tejada, que el martes pasado fue declarado salón de sesiones alterno, sólo ingresan los panistas e Irma Martínez, así como las perredistas Yeidckol Polevnsky y Claudia Corichi, vicepresidenta y secretaria de la Mesa Directiva, respectivamente.
Ahí adentro, Santiago Creel platica con las perredistas para presentarles su propuesta de que el debate sobre el futuro de Petróleos Mexicanos (Pemex), motivo de la crisis, se realice en más de los 50 días que plantea el PRI, y en menos de los 120 que exigen los partidos de izquierda.
Pero ahí adentro ni siquiera se pasa lista. La hora oficial para comenzar es 13:30, pero ante la ausencia de los priistas, a las 13:45 los panistas se van. La indicación es que iban a la Torre Azul, pero la verdad es que los llevan a la Torre del Caballito, otra sede del Senado, al piso quinto, donde priistas y verdeecologistas ya los esperaban. A las 14:41 Santiago Creel hace sonar la campana para abrir la sesión.
Ahí, el Senado nómada sesiona y aprueba dos dictámenes, pero también hace un llamado enérgico al jefe de Gobierno del DF, Marcelo Ebrard, para que les facilite el ingreso a su sede original. Le recuerda que de no hacerlo puede ser removido como autoridad capitalina.
Los panistas, visiblemente enojados cuando fueron sacados del Lerdo de Tejada, ahora muestran una sonrisa de satisfacción. Por segunda ocasión consecutiva, el plan de evitar que el Congreso mexicano trabaje vuelve a fracasar, al lograrse en el Senado el quórum con 75 legisladores, quienes levantan la sesión exprés a las 15:28 horas; es decir, una jornada de 47 minutos.
Ahora la plateada águila de escribanía, símbolo de la Mesa Directiva, voló en su bolsa negra de plástico hasta Reforma y Rosales, transportada por Servicios Parlamentarios.




