La colaboración entre fuerzas federales y morelenses para depurar al máximo las instituciones de seguridad se tradujo en una trampa tendida al entonces secretario de Seguridad Pública, Luis Ángel Cabeza de Vaca, y al director de Seguridad Pública municipal de Cuernavaca, Francisco Sánchez, que terminó con la detención de ambos.
El 15 de mayo, después de la sorpresiva renuncia de Francisco Coronato y de Luis Ángel Cabeza de Vaca, se convocó a una reunión del Grupo de Coordinación Morelos.
A las 18:30 horas, el comandante de la 24va zona militar, general Leopoldo Díaz Pérez, conversaba con el recientemente nombrado titular de la SSP estatal, general Gastón Menchaca Arias, y los representantes del Cisen y de la PFP. Se incorporó a la charla el coronel José Herrera, secretario del Consejo Estatal de Seguridad.
Minutos después arribó Francisco Sánchez, director de Seguridad Pública municipal de Cuernavaca. Se dirigió directamente a Menchaca, lo cual motivó la intervención inmediata del general Francisco García:
—Buenas tardes, mi general, qué gusto saludarlo, bienvenido —dijo Sánchez a Menchaca.
—Gracias, director –respondió.
Sánchez también dio bienvenida a Díaz Pérez:
—Y qué gusto de verlo a usted también, mi general.
Pero no tenía buen humor:
—No es ningún gusto, pues usted no ha tenido la atención de presentarse conmigo para coordinar operación alguna; ha sido usted muy desatento.
—No se repetirá mi general.
Pero Díaz Pérez fue tajante:
—Claro que no se repetirá, y le advierto, tiene usted una gran cantidad de delincuentes en su policía, y usted sabe quiénes son.
El ambiente en el recinto se tensó. Díaz continuó:
—Le anticipo, usted vigila los movimientos de mis tropas; tengo detectados a sus Zafiros (banda de violadores y secuestradores, integrada por policías ministeriales, ya detenidos). Y si vuelve a estacionarme cerca patrullas sin logotipos, se los voy a detener.
El general, exaltado, remataba comentando al general Menchaca:
-Disculpe usted, mi general, pero este director es un omiso.
Francisco Sánchez sólo contenía la respiración y guardaba silencio. Justo entonces aparece en escena Luis Ángel Cabeza de Vaca.
Entonces comenzó esa sui géneris reunión en la que ambos funcionarios ya no pudieron salir. Habían caído en una trampa. Al término de la sesión, a Luis Ángel Cabeza de Vaca y Francisco Sánchez se les informó de su detención, y luego les colocaron chalecos antibalas y fueron conducidos a la SIEDO, en el DF.




