Dos senadoras perredistas lograron participar en la sesión con el objetivo de frenar la ley de licitaciones
Agazapada en el lado derecho del pleno senatorial en el exilio, la pejista Rosalinda López, conocida entre senadores como la Adelita mayor, esquiva la mirada de reproche de panistas y priistas.
Manda unos mensajes por su celular, pero se mantiene en silencio. Se coloca detrás de un hombre de saco color ladrillo con quien de pronto sostiene breves diálogos.
Observa a sus compañeros, pero no les sostiene la mirada. Se sabe objeto de atención y, tímida, la esquiva.
La imagen de esta legisladora en el pleno senatorial en el exilio es de una mujer reservada, callada, discreta. Diferente a la que instantes después, en la calle, en el reino de las adelitas comandadas por Jesusa Rodríguez, desde un templete donde bailan y cantan, arenga a la rebelión social.
“¡Hay que evitar a toda costa que pase la reforma de Petróleos Mexicanos; Ése es el reto y eso es lo que vamos a heredarles a nuestros hijos! (…) Yeidckol seguramente les va a relatar todos los atracos que se cometen; es importante que la oigan porque ella sabe cómo se va trabajando en el Congreso y es necesario que ustedes lo sepan y se lo platiquen a sus familias.
“El día de hoy venimos nada más a evidenciar cómo se votan leyes sin ni siquiera leerlas, cómo se votan cosas importantes de todos sin ni siquiera tener la consideración de dedicarle diez minutos de lectura al pueblo de México”, lanza la senadora adelita que el 10 de abril convenció a sus compañeros a tomar la tribuna del senado.
Ayer, en su rol de senadora, Rosalinda López libró el retén de la Policía Federal Preventiva e ingresó al pleno del Senado de la República, que debió sesionar por tercera ocasión consecutiva en el piso quinto de la Torre del Caballito, porque la ocupación de la tribuna le impide trabajar en su sede de la vieja casona de Xicoténcatl.
Después de 13 días volvió a ver a sus compañeros en el pleno. Acompañó a Yeidckol Polenvsky para tratar de “impedir” que los panistas, priistas y verdeecologistas aprobaran las nuevas reglas para las licitaciones del gobierno federal, que copia el modelo usado en el Distrito Federal desde el gobierno de Andrés Manuel López Obrador.
Pero llegaron tarde y no pasaron lista, por lo que oficialmente no estuvieron en el pleno, aunque lograron que Santiago Creel, presidente del Senado, hiciera una concesión con ellas y le permitiera a Polenvsky usar la tribuna en el exilio.
La indignación hizo enrojecer a sus compañeros. Fue evidente el enojo, sobre todo cuando la ex presidenta de la Canacintra comenzó a argumentar su oposición a la reforma, ya aprobada por la Cámara de Diputados y en ese instante por el pleno senatorial con 80 votos y ni uno en contra.
“¡Qué cinismo!, ¡qué descaro! ¡devuélvenos nuestra tribuna!” lanzaban, sin gritar, las y los panistas desde las sillas con ruedas que ellos transforman en escaños en el exilio.
Gustavo Madero, presidente de la Comisión de Hacienda en el Senado, responsable del dictamen iba y venía en el salón de plenos en el exilio; hablaba con sus compañeros que cada vez se enojaban más.
Las panistas Teresa Ortuño y Blanca Judith Díaz solicitaron hacerle una pregunta, pero la perredista pidió que fuera hasta el final de su argumentación.
“Con qué cara vamos a regresar a nuestros estados diciendo que no defendemos sus empleos….”, decía Yeidckol y la molestia llegó incluso al priista Manlio Fabio Beltrones, quien buscó a Madero para pedirle recordar a la oradora que es la misma ley que aplica en el DF desde el gobierno de López Obrador; “recuérdale lo que hicieron sus compañeros en el DF, que seacongruente”.
Y Yeidckol respondió a Madero. Aceptó que sí es una ley igual a la del DF, pero ella ya les hizo ver el error y le prometieron corregirlo.
Nerviosa, enrojecida, enfrentó la ira de sus compañeros. Prometió que todos volverán a Xicoténcatl “cuando lleguemos a un acuerdo de un debate claro, profundo, plural, amplio para todo el país, donde se toquen todos y cada uno de los temas que estamos planteando”.
La catarsis duró 15 minutos. De beso, la perredista se despidió de los integrantes de la mesa directiva y Beltrones fue a darle el encuentro para abrazarla e intercambiar unas palabras con ella.
De beso la despidieron también Heladio Ramírez y Amira Gómez, del PRI, sentados en sus escaños en el exilio en la quinta fila del improvisado salón de plenos, con mesas plegables, como las que se usan en los salones de fiesta, cubiertas con un mantel de paño comoescritorios.




