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Los niños con buena autoestima entienden que en la vida siempre faltará algo, y que no pasa nada si no se tiene lo deseado en un momento determinado. Foto: Sxc.hu
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05-Noviembre-2009

Quiero lo tuyo

Eythel Aracil

Aunque tiende a verse como algo negativo, la envidia podría ayudar a convertirnos en mejores personas

Poco importa que muchas personas lo nieguen y digan “yo no soy así”. Según especialistas es algo que todos los seres humanos tenemos en común: somos envidiosos por naturaleza. El problema radica en que implica una sensación de malestar, porque el otro tiene algo que uno no, y porque nos muestra ante los demás como carentes de algo.

Miriam López Mejía, sicóloga perteneciente a la Sociedad Psicoanalítica de México, explica que desde que un niño nace se da cuenta que está incompleto. Viene de un estado al interior de la madre donde nada le molestaba, no tenía frío ni hambre, vivía en completa felicidad. En cambio, al nacer carece de eso y poco a poco percibe que sus necesidades dependen de otras personas, mamá o papá, durante sus primeros años de vida. La envidia comienza a generarse al darse cuenta que los otros tienen la capacidad de hacerlo sentir bien o mal.

Sin embargo, las insatisfacciones que llegan a crearse durante esa época (por ejemplo, que no le den las cosas inmediatamente cuando las quiera) les ayudan a tener capacidad de frustración, y por lo tanto, a entender que así es la vida y no todo se puede obtener en el momento deseado. De tal forma aprenderá a manejar las insatisfacciones, querer lo que otros poseen no será un problema, e incluso, entenderá el concepto de envidia de la buena. “(Ésta) nos ayuda a alcanzar cosas en la vida pero sabiendo que se pueden postergar, que no pasa nada si no la tenemos en ese momento y el otro sí, por más que dé cierto corajito”, explica López Mejía.

Una buena autoestima es clave en ese sentido porque permite saber que en la vida siempre faltará algo, hasta el día que muramos, la diferencia es saber qué hacer con esa ausencia. “Una buena autoestima permite reconocer que ciertas personas te pueden provocar envidia”, explica la especialista, “es como un engranaje, se junta tu falta con lo que el otro tiene: hay que utilizarla como motor para alcanzar metas y no negarla.”

De ahí que recomiende detectar las cosas que causan envidia, los aspectos materiales y características personas de los otros que la activan. Eso implica conocerse a uno mismo, cómo es que uno se siente cuando tiene envidia o está feliz, cuando se pone celoso, y a través de detectar lo percibido en cada emoción -qué es lo deseado de cada persona y situación- saber qué hacer.

Consecuencias riesgosas

Para López Mejía, una sociedad como la actual podría reforzar el concepto de la envidia por el consumismo que se vive y lo desechable de los productos. Además, se mezcla con la competitividad mal entendida: una cosa es querer desarrollarse y tener mejores cosas, y otra, desear lo que alguien más posee.

Y es que resulta difícil aceptar esta emoción porque señala carencias. La especialista lo compara con el hecho de subrayar nuestras faltas con un marcador amarillo fosforescente. Aceptarlo ante los demás demuestra debilidades y carencias propias, admitiendo así que se tiene un sentimiento mal visto en la sociedad.

Existen personas, como los delincuentes, que la llevan al extremo. En ellos confluye una personalidad antisocial con el deseo de poseer lo que otros tienen. Dicha relación resulta destructiva porque sienten todo el tiempo un vacío, tratan de llenarlo a través de métodos delictivos pero nunca se sentirán satisfechos y destruyen lo que quieren, a diferencia de una persona sana con envidia, quien trabaja para conseguir lo deseado.

Lo que revela

 Incluso, para Alfonso Chávez González, también miembro de la Sociedad Psicoanalítica de México, todo aquello que el envidioso critica y promueve como malo, es todo aquello que piensa que no tiene y que desea hacer suyo. Resulta un ataque dirigido a las características positivas de los demás.

 “Es negativa cuando es patológica, algo que se sale de la norma social, implica que el sujeto sufre o hace sufrir a los demás”, explica el especialista. Y esto a su vez tiene como consecuencia que el envidioso poco a poco sea alejado socialmente cuando las otras personas se dan cuenta de su manera de ser.

Chávez González recomienda analizar la razones por las que envidiamos. “Una vez que lo entendemos hay que hacer las cosas que en nuestro ideal quisiéramos tener. Si seguimos atacando y criticando a la persona que envidiamos muy probablemente no podamos adquirir lo que tiene”, comenta. Él sugiere identificarse con el sujeto en cuestión y tratar de hacer propio lo que tiene el otro, es decir, ver qué acciones realiza para conseguir lo que nosotros deseamos e implementarlas en nuestras vidas. Siempre tomando en cuenta una regla básica: en la envidia de la buena no se daña a la otra persona.

 Contacto: Si quieres saber más del tema escríbele a Miriam (miriam.lopez.m@gmail.com) y a Alfonso (alfonso.ch@hotmail.es).

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