Entrada la madrugada del viernes, de los dictámenes e iniciativas en la Cámara de Diputados no quedaba nada. En vez de gacetas parlamentarias y la orden del día, sobre la mesa directiva un estéreo tocaba música guapachosa, trova, folclórica y canciones del movimiento afín a López Obrador.
“El petróleo es nuestro/ El petróleo es nuestro y no nos lo van a quitar”, se oía de fondo en el Parlamento.
Pero, al menos en la primera noche de campamento de los legisladores del Frente Amplio Progresista (FAP), las melodías ya no deleitaron a todos.
Con una presencia de más de 100 legisladores en el pleno, Javier González Garza, coordinador del PRD en San Lázaro, anunciaba que se quedarían en pie de lucha.
Sólo que a los cinco minutos, El Güero, como le dicen sus compañeros, fue el primero en marcharse y la mayoría le hizo segunda. De unos 35 que aguantaron la mayoría son fieles a López Obrador.
Unos 30 legisladores, de los 156 del FAP, amanecieron en el recinto. Pero el primero de la resistencia que se rindió ante el sueño fue Tonatiuh Bravo, presidente de la Comisión de Educación, quien sin pudor dio vueltas en busca del mejor lugar hasta que a un lado de la mesa directiva encontró donde instalar su madriguera.
Tendió su cama, se aflojó la chamarra, se quitó los tenis y se durmió plenamente.
Al lado suyo, una copia del artículo de Jesús Ortega publicado en el periódico Excélsior, y del cual se repartió copia en todas las curules perredistas, resumía el estado en que el partido se encuentra en las últimas semanas: “Crisis en el PRD”.
A manera de broma, los legisladores buscaban hacer alianza con los periodistas que observaban a los diputados.
“¿Qué, ustedes no duermen o qué?”, decía Patricia Castillo de Convergencia, cerca de las dos de la madrugada. “¿A qué hora se piensan dormir para dormirnos nosotros?”, decía dos horas más tarde con cara de cansancio, pero sonriendo.
Pero otros no tuvieron pena. Entre las curules otros cinco diputados se durmieron a pierna suelta.
Valentina Batres mantuvo la charla con Gerardo Villanueva y otros diputados. Raymundo Cárdenas se la pasó leyendo, al igual que Aleida Alavéz y Alejandro Sánchez Camacho.
Mónica Fernández no logró mantener la calma, fue de las legisladoras que se pasó el tiempo caminando y dándole varias vueltas a los pasillos del salón de plenos.
En la madrugada un guardia de seguridad irrumpió en el recinto cargando botanas y refrescos que repartió entre los diputados: “nomás para matar el hambre”, les dijo entre risas y otras bromas.
Layda Sansores pasó el mayor tiempo sentada en la silla de la presidencia de la Cámara. “Como que le gusta ese lugar”, dijo un diputado que recordaba que en las anteriores tomas hizo lo mismo.
Cerca de las cinco sólo se oía de fondo música y casi nadie hablaba. Pero poco antes de las seis se despabilaron, la mayoría fue al baño y volvió.
Tomaron sus banderas de México y en filita se pusieron frente a la mesa y se pusieron a cantar: los noticieros de radio y tv empezaban a transmitir en vivo y había que salir bien.




