Los familiares de Alfredo, una de las víctimas mortales del atentado en Morelia, exigen castigo para los responsables del ataque
Alfredo Sánchez fue la única víctima de la explosión de la esquina de Madero Poniente y Andrés Quintana Roo. Cuando murió, con él se fue el espíritu más alegre y efusivo de su familia. Era un monarca de corazón.
A su entierro llegaron tres porras para adornar su tumba con coronas: la cholita, la tribu y la porra los pelones.
Alfredo era de los hinchas cien por ciento monarcas.
Durante varios años trabajó en Ciudad Industrial de mensajero y en este 2008, estaba tramitando por fin su jubilación. Siempre fue un hombre bien chambeador, aseguran los que lo conocen.
La tumba de Alfredo es la más vistosa en todo el Panteón Municipal. En su pedacito de tierra ya no hay ningún espacio para más flores.
Su familia, la porra, sus compañeros de trabajo dejaron rosas, nubes, claveles, pompones, orquídeas, flor pájaro, etcétera.
Tiene más de una decena de arreglos florares y más de una decena de coronas.
Y entre las dedicatorias que le dejaron en el panteón, uno reprochó: Uno más en Morelia,Michoacán.
“El dolor se siente en toda la ciudad, espantoso. No tengo miedo, tengo coraje que me da en la cara. Ya decidiré si yo me puedo defender sola físicamente en Morelia, o si le corro. Sólo le advierto a quien me ataque que me dé la cara y la oportunidad de decidir y también les digo que dejen de actuar tan cobardemente como lo hicieron con mi hermano, a quien lo mataron por la espalda”, dijo María Elena Sánchez Torres, vestida de negro y portando un moño blanco en su pecho por el luto.
Rafael, el sobrino de Alfredo, pide a todas las autoridades que encuentren al responsable y se haga justicia a todas los 132 heridos y los ocho muertos que dejaron las explosiones en Morelia.
Alfredo dejó a cuatro hijos, dos hombres: Emmanuel y Erick y a dos adolescentes, Lorena y Mónica, que dependían de su papá para estudiar.
“No hallo cómo desahogar tanta tristeza, porque cuando recuerdo el cuerpo de mi hermano, estoy viendo el dolor de mis sobrinos, de mi cuñada y de tanta gente que nada tenemos que ver”.




