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21-Septiembre-2008

Su abuela la esperaba en el cielo

Claudia Solera

María del Pilar Navarrose había despedido de Elena un sábado antes,quien la crió. Desde entonces se propuso vivir intensamente

Un sábado antes de su muerte, Pili enterró a su abuela. Elena, quien en su agonía miró a su nieta que crió y le regaló una sonrisa tierna, le dijo: “Mira qué bonita estás, allá te espero”.

Desde agosto, la filosofía de Pili frente a la vida cambió. Cada día se repetía que viviría “intenso”, porque tal vez ese sería el último que estaría con los suyos.

Esa premisa la siguió desde que en la escuela, donde era docente, Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos del Estado de Michoacán (Cecitem), atropellaron a cuatro de sus alumnas, de las cuales dos murieron al instante.

A Pili, como autoridad de la institución, le tocó atenderlas a partir del accidente y tres horas después, hasta que llegó el Ministerio Público a levantar los cuerpos.

En la escuela, ubicada en Penjamillo, a dos horas de Morelia, se vive un luto inmenso. En menos de un mes, vivieron tres injustas muertes.

Las amigas son las más inconsolables de ahí. Mayis, Chio y Gualu, como se dicen estas tres amigas, lloran por la ausencia de Pili, porque las cuatro eran inseparables.

“Mira, hoy es viernes y en lugar de estar comiendo tostadas de ceviche, como lo hacíamos todos los fines de semana, la estamos llorando”, dijo Chio.

La rutina de las cuatro estaba bien establecida: entrenamiento de voleibol dos días a la semana, domingos de partido, viernes de ceviche, sábados de carne asada y puentes y vacaciones eran para salir del pueblo. Ah, eso sí, en ninguno de sus eventos faltaba la fotografía del recuerdo. “Somos fanáticas de la cámara”.

El primero que supo la noticia de la muerte de Pili fue su compañero de sindicato Ramón Gómez Ceja. A Ramón lo llamaron a medianoche diciéndole que habían escuchado en las noticias que una persona con el nombre de María del Pilar Navarro Mendoza había muerto por una granada.

Ramón intuía que podía ser ella, porque el domingo había reservado tres habitaciones en el hotel Howard Jhonson de Morelia para Pili y sus dos amigos de Tamaulipas, que habían venido a visitarla y, siete horas antes, había hablado con ella para recomendarle un restaurante de comida típica.

Las cuatitas juran que con la muerte de Pili quedaron incompletas. Y sin lugar a dudas, cada vez que escuchen Sabor a Mí se desharán en llanto, porque era la canción que más le gustaba y que mejor cantaba su adorada amiga que perdieron en la Plaza Melchor Ocampo.

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