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13-Septiembre-2009

Sin pensión, pero con ganas

Miguel García Tinoco/ Corresponsal

José Ángel se toma en serio los ejercicios de rehabilitación para retomar las herramientas y volver lo antes posible a su carpintería

MORELIA.— Las heridas físicas y mentales aún no han sanado en la familia López Alvarado. El 15 de septiembre de 2008 decidieron acudir, por primera vez, a la celebración del Grito de Independencia en el Centro Histórico de Morelia.

Cabizbajo, acompañado de su esposa, Rita Alvarado, José Ángel López Bucio narra cómo se transformó su vida tras esa noche. “Cambió todo, pero pues ya qué… Únicamente me siento… como que no puedo hacer mucho, y aquí en la casa hay mucho que hacer. Los doctores dicen que me cuide mucho ahorita, porque un movimiento, un cargamento, y se puede venir todo para abajo”.

José Ángel, como cabeza de familia y a sus 35 años de edad, está imposibilitado para trabajar: las esquirlas de granada de fragmentación se incrustaron en su pierna izquierda, que se vio gravemente afectada; incluso espera el diagnóstico médico para saber si lo vuelven a intervenir quirúrgicamente.

“Es en el fémur izquierdo, fue quebradura, y ahorita traigo placa como con once tornillos. El doctor también me dijo que me vuelve a operar porque el hueso está pegando en falso.”

La noche del 15 de septiembre, los López Alvarado fueron a la plaza Melchor Ocampo, y no sólo el padre de familia fue herido: los niños Diego, de tres años, y Luis Daniel, de 12, así como la señora Rita, resultaron lesionados.

Con un poco de optimismo, José Ángel comenta: “Ahora sí que si estamos vivos hay que echarle ganas; ya que nos dejó vivir—a como vimos las cosas— pues ya... Ahí en la plaza estábamos ubicados, y de ahí ya no regresamos a la casa más que a los 15 días que nos dejaron salir del hospital. Le estamos echando ganas”.

Carpintero de oficio, José Ángel cambió las herramientas y la madera por los ejercicios que realiza diariamente en el Centro de Rehabilitación de Educación Especial (CREE) en Morelia.

A casi un año de los atentados, José Ángel espera saber cuándo volverá a trabajar, porque las deudas no esperan. Al contrario. Su situación económica se empeora cada día. “(Depende) solamente de si el doctor me opera o no. Si no, pues ya que me componga para pedir trabajo.”

La deuda del recibo del agua es de más de mil pesos; el pago del predial está pendiente, el gasto para la comida, el gas, la luz y otros servicios son viacrucis cotidianos de la familia López Alvarado.

El único integrante de la familia que se vio beneficiado con una de las pensiones que otorgó el gobierno del estado es Luis Daniel, quien perdió parte del dedo índice.

Sin embargo, el pequeño Diego —que quedó herido de su pierna izquierda tras los ataques del pasado 15 de septiembre—, la señora Rita —ella tuvo incrustaciones de esquirlas en ambas extremidades inferiores— y José Ángel —que tiene que sostener a la familia, pero no puede— no fueron acreedores a la pensión.

El recurso económico es insuficiente, pero no por ello José Ángel ni su familia dejan de agradecer el apoyo. No los han dejado solos en su recuperación, afirman.

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