Los narcoataques provocaron que doña Belén perdiera la pierna derecha. Pide una pensión para cubrir los gastos de su hija, que aún estudia
MORELIA.— La primera imagen de Belén al entrar a su casa es ella frente al lavadero, apoyada sólo en su pierna izquierda y con su silla de ruedas a un lado, esforzándose para mantenerse de pie y lavar su ropa.
Así vive ella, luchando. Hace un año el crimen organizado provocó que a Belén Zavala Rodríguez le amputaran la pierna derecha.
A 12 meses de distancia, ella sueña que puede caminar, salir a la calle y realizar actividades en su hogar. A sus 55 años, lucha por seguir con su vida útil, sin sentirse discapacitada. Sabe que su esposo y su hija adolescente de 14 años la necesitan.
Luego de iniciar la charla, Belén llora al recordar lo que ha afrontado a lo largo de este año: “Sí trato de salir adelante, pero sí me hace mucha falta mi pierna”.
Antes del narcoatentado, Belén recuerda que “hacía muchas cositas, yo lavaba ajeno, planchaba, le ayudaba a mi esposo a vender maíz, frijol, aquí en la puerta; yo vendía calabazas, vendía elotes, vendía de todo. Los llevaba a domicilio si era posible”.
Aquel 15 de septiembre, doña Belén, sus dos hijas y su yerno acudieron, como cada año, al centro de Morelia. Nunca había pasado nada. Pero esa noche transformó todo. Y ellos no regresaron a dormir a su casa, fueron llevados directo a un hospital.
“Perdí mucho más que en ningún año… Pero siempre íbamos, siempre íbamos y veníamos con bien, hasta que nos tocó la de malas.”
La señora Belén pasó 40 días hospitalizada. Al salir, recibió una prótesis que no le sirve, y ahora recibe un apoyo económico quincenal insuficiente, pues su esposo no tiene empleo y tienen a una adolescente que va a la escuela y debe mantener.




