En la colonia Morelos, donde sin fronteras claras se halla el barrio de Tepito, fortaleza de contrabandistas, narcotraficantes y asaltos, en el que familias esforzadas conviven en vecindad con bandas de criminales, no hizo falta apagar la luz, porque ahí las calles siempre son oscuras
En la colonia Morelos, donde sin fronteras claras se halla el barrio de Tepito, fortaleza de contrabandistas, narcotraficantes y asaltos, en el que familias esforzadas conviven en vecindad con bandas de criminales, no hizo falta apagar la luz, porque ahí las calles siempre son oscuras.
Por sus calles, como una sombra más paso la marcha contra la inseguridad, sin que se inmutaran sus habitantes, sin que prendieran veladoras.
Caminar en penumbras en esas calles es lo más cotidiano. Anoche, en algunas manzanas la única luz que alumbra era la del puesto de tacos, donde los vecinos cenaban sin preocupación. Una sola veladora se sumó a la distancia a la marcha que se desarrollaba en Reforma.
En las colonias catalogadas como peligrosas, sus habitantes se han acostumbrado a convivir con la delincuencia y, aunque algunos han sido víctimas, los raíces echadas durante años en esas calles les dan seguridad: “Aquí tengo como 30 años de vivir; pues, la verdad me siento un poco segura, no del todo, pero sí”, comenta doña Esperanza Mendoza, a quien hace 15 días trataron de asaltar en un cajero automático de la colonia Doctores.
Sin embargo, quienes le preocupan son sus hijos y, por ellos, desde su casa se solidarizó con quienes asistieron a la marcha, con la fe de que de “que dé resultados, porque sí vivimos con miedo, ya no tanto por uno, sino por los niños”.
Y si de fe se trata, algunos capitalinos prefieren tenerla en una imagen y no en una acción masiva. Es el caso de Hugo, quien ayer asistió a pedir por él y por su familia a un altar de Vértiz, en donde la Santísima Muerte comparte espacio con la figura de Jesús Valverde, “porque yo creo que esa marcha es nada más para taparnos los ojos, para mí la Santísima Muerte es mejor, mi fe en eso es mejor que otra cosa”.
Cuando él, junto con su esposa y su bebita se retiraban haciendo la cruz con toda devoción frente a la Santísima Muerte, un grupo de cinco jóvenes llegaba, pero sólo para tomarse una foto con la singular imagen, “pasamos por aquí, vamos a la marcha, pero vimos a Malverde y nos detuvimos”, explicó Roberto, quien dijo no creer en esta figura y asistir a la marcha sólo porque su novia lo invitó.
En las calles de la colonia Doctores y Buenos Aires no se vieron veladoras prendidas, por sus aceras la gente caminaba con tranquilidad pero, eso sí, pocos iban solos.
Mientras los automovilistas que circulaban por sus calles no perdían la oportunidad de pasarse un alto y, sin pensarlo, pisaban el acelerador al cruzar los avenidas donde de día y de noche los semáforos parpadean invariablemente en amarillo intermitente.
En La Siete, como le llaman a la séptima sección de la Unidad Habitacional San Juan de Aragón, dos fiestas infantiles aprovecharon hasta los últimos minutos de la luz del sol para que los niños jugaran en los brincolines, que instalaron en la baqueta y parte de la calle. Para algunos invitados, asistir a una marcha contra la inseguridad era importante, pero había prioridades y por eso doña Estefanía Gomez sólo se vistió de blanco en la fiesta de tres años de su nieta. Las luces del patio se apagaron a las 19:30 y las únicas velas que se encendieron fueron las del pastel color rosa de la festejada.




