La mujer fue el opio de Juárez. Ignacia Jasso fue la primera. Asesinó por los espacios y el mercado de la droga, mantuvo redes de corrupción y protección, hizo los primeros enlaces internacionales delictivos.
Empezaba la segunda década del siglo XX cuando se inició la historia negra de Ciudad Juárez, Chihuahua, de mano de La Nacha, la que fincó las bases sobre las que se desarrolla una de las organizaciones criminales más activas del país.
Una investigación hemerográfica documenta la construcción del primer reducto delictivo juarense, en las pequeñas colonias Bellavista y Chaveta, protegido por golpeadores particulares que aprendieron el negocio de un grupo de chinos que emigraron a este lugar.
“En su rito de iniciación arrebató a los asiáticos gran parte, si no todo, del mercado del opio, la heroína y la morfina que se traficaba en burdeles y en los fumaderos que los asiáticos aportaron a la cultura local.
“La primera vez que (La Nacha) asomó la cabeza fue para planear y ordenar la eliminación de los chinos en Ciudad Juárez. Luego, en 1933, cobró notoriedad cuando la policía local la arrestó y la ligó al tráfico de narcóticos.
“Por los mismos cargos fue aprehendida en 1944, pero salió libre de nueva cuenta porque nada le pudieron ni le quisieron comprobar”, señala Francisco Cruz, investigador y autor del libro El cártel de Juárez.
Los primeros ciudadanos chinos llegaron a Ciudad Juárez hacia el final del siglo XIX y Sam Hing era quien había establecido un pequeño reino, “como todos ellos, a través del comercio”.
Sin embargo, documenta el investigador, el declive de la operación asiática se inició a principios de 1920, cuando La Nacha aprovechó la oleada racista contra los chinos, justificada por la participación de este sector en la comercialización de la adormidera.
“Un grupo de pistoleros, en la nómina de la jovencita Ignacia Jasso, cazó y asesino a 11 chinos; buscaban desaparecerlos porque controlaban el paso del opio. Ella no participó directamente, cierto, porque nunca nada se le comprobó, pero maquinó el plan.
“Así empezó la cuenta de sus muertos o de los muertos en Ciudad Juárez, la que ahora controlan principalmente los Carrillo Fuentes, pero ella fue la primera; era una mujer baja, robusta, de cara ancha, pelo largo, negrísimo y siempre con peinado jalado, tan estirado hacia atrás, que le daba una imagen difusa.
“Era de ojos pequeñitos, penetrantes, de manos y dedos muy cortos, así era la imagen muy extraña que encontré en aquella extraña ficha policial 343042 que se difundió en 1947”, señala Cruz en su reciente publicación.
La operación de Ignacia Jasso se puede rastrear durante 50 años de historia en Ciudad Juárez. Casada con El Pablote, quien falleció en un pleito de cantina en los años setentas, La Nacha heredó a sus hijos los contactos y los secretos para mercar la droga.
Manuel, Natividad, Ignacia, pero sólo Pabla fue quien intento robustecer la herencia de su madre, quien, por cierto, era católica y apegada a los principios del buen cristianismo, señala el investigador. “No quiso entrarle a la trata de blancas ni al regenteo de putas, pues eso la conduciría a los mil infiernos; esos asuntos los dejó para otros en Juárez”.




