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13-Septiembre-2009

La herida aún quema

Lemic Madrid

Bastaron dos granadas para que el narcotráfico mostrara toda su brutalidad: asesinó a ocho personas, pero ultrajó a todo el país. Doce meses después, todavía no hay cicatrices, pues perviven las lesiones; la indignación se renueva, las dudas se mantienen...

Los gritos se mezclaban con la música y el estruendo de las matracas. En la plaza Melchor Ocampo, en Morelia, ondeaban centenas de banderas verde, blanco y rojas. A las 23:05 horas, este último color —el de la sangre— entintó las ropas de decenas de personas y manchó la alegría y la confianza de todo el país.

Con el primer repique de la campana llegó la primera detonación. En el festejo del CXCVIII Aniversario de la Independencia, los gritos no cesaron, pero ya no eran de algarabía, sino de dolor.

Mientras en las orillas de la plaza la fiesta continuaba y, en el centro, algunos intentaban levantarse, un segundo estallido se registró a medio kilómetro del primer ataque: otra granada había sido arrojada en la avenida Madero y la calle Andrés Quintana Roo.

Era el 15 de septiembre de 2008, y en la cuna de José María Morelos y durante la mayor fiesta nacional, se perpetró el primer ataque narcoterrorista en la historia de México.

En total, ocho muertos y más de 106 heridos. Más de mil 500 militares y policías de los tres órdenes de gobierno se desplegaron en toda la capital michoacana pero no lograron detener a nadie.

La gente caminaba apresurada para dejar el primer cuadro de la capital michoacana.

Después de lo ocurrido, en la zona todo era inquietud e incertidumbre; parejas de novios, madres de familia, niños, ancianos: todos querían hablar con sus familiares para informar que estaban a salvo.

Un enfrentamiento entre narcos que pugnaban por controlar la ciudad, una reacción de la delincuencia organizada por el decomiso de drogas, un reto directo a la Federación por parte de los cárteles de la zona, una amenaza contra el director de la Policía Estatal, Mario Bautista (que ese día estaba a 15 metros del primer granadazo y hoy está detenido por presuntos vínculos con el narco), o un mensaje al gobernador Leonel Godoy —quien justo estaba recordando a los héroes patrios cuando las explosiones— fueron las primeras hipótesis sobre el atentado.

Transcurrió casi un año para que el gobierno federal señalara a los responsables de la agresión terrorista: el cártel del Golfo.

La Procuraduría General de la República (PGR) señaló que Heriberto Lazcano Lazcano El Verdugo o El Lazca y Jorge Eduardo Costilla Sánchez El Coss son los presuntos autores intelectuales de la matanza.

La PGR explicó que atrajo la averiguación previa que iniciaron las autoridades ministeriales de Michoacán al considerar que se trataba de un acto vinculado a la delincuencia organizada y se violó la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos. Por esta razón abrió el expediente PGR/SIEDO/UEITA/110/2008.

En las primeras indagatorias se sospechó que los presuntos responsables eran integrantes de La Familia Michoacana, por la influencia que tienen en la región.

Sin embargo, el 26 de septiembre de 2008 se recibió una denuncia anónima que derivó en la captura y procesamiento de Julio César Mondragón Mendoza El Tierra Caliente, Juan Carlos Castro Galeana El Grande y Alfredo Rosas Elicea El Socio.

El agente del Ministerio Público de la Federación asentó que los detenidos eran integrantes del cártel del Golfo, y a pesar de la consignación se dejó abierta la averiguación para posteriores diligencias.

“Se siguen las investigaciones en el triplicado abierto AP/PGR/SIEDO/UEITA/133/2008, por lo que hace a los prófugos Alfredo López Romeo La Bola, Heriberto Lazcano Lazcano El Lazca y Jorge Costilla Sánchez El Coss, y otros”, señala el informe de la PGR.

Según documentos federales, El Lazca es el nuevo líder de esta organización; autoridades estadunidenses consideran a El Coss como uno de los narcotraficantes de mayor peligro y ofrecen hasta cinco millones de dólares por su captura; sobre López Romeo no hay antecedentes públicos sobre su actuación delictiva.

En distintas celdas del penal de máxima seguridad de Puente Grande, Jalisco, se encuentran los tres probables responsables de este atentado. En diversos informes, el gobierno federal asegura que cumplió con el mandato de impartición de justicia pronta y expedita.

Agentes de la PGR reconocen que los tres acusados del atentado fueron ubicados sin que se llevara a cabo una labor de inteligencia. Lo que originó la actuación de las fuerzas federales fue una denuncia que realizó un presunto narcotraficante el 24 de septiembre de 2008 a las 14:00 horas.

La unidad de intervención sólo recibió órdenes “para obtener datos del lugar en que pueden ser buscados” los sujetos conocidos como El Tierra Caliente, El Grande y El Socio.

Según el parte informativo del personal de la Agencia Federal de Investigación (AFI), hasta la mañana del 25 de septiembre de 2008 no se tenía conocimiento de que estas personas tuvieran algún antecedente o vínculo delictivo. Sólo se debía localizarlos.

En el oficio SIEDO/UEITA/10985, al que Excélsior tuvo acceso, se establece que el grupo federal encontró a los tres hombres en una casa de Antúnez. Permanecían sentados, con un lazo fueron inmovilizados por los pies y manos y estaban esposados.

Según el expediente, los tres hombres —de motu proprio— confesaron su participación en los crímenes.

Los agentes federales aseveraron que sólo se les había preguntado su identidad y qué había ocurrido en el lugar: “Manifestaron llamarse Julio César Mondrágon Mendoza César o El Tierra Caliente, de 36 años de edad, de Lázaro Cárdenas: Juan Carlos Castro Galeana El Grande, de 37 años, originario de Acapulco, y Alfredo Rosas Elicea El Socio, de 46 años y oriundo de Lázaro Cárdenas, Michoacán.

“Manifestaron pertenecer a Los Zetas y que sus compañeros los tienen aquí desde el día 16 de septiembre del año en curso; que ellos tres fueron los que lanzaron las granadas el 15 de septiembre en Morelia, en la plaza Melchor Ocampo.”

En el parte informativo firmado por un agente “C” de la AFI y dos testigos, adscritos a la Unidad Especializada en Investigación de Terrorismo, Acopio y Tráfico de Armas, se detalla la primera versión que dieron los aprehendidos: “Nos tienen aquí porque cuando nos dimos cuenta del daño que habíamos causado y la magnitud de las muertes causadas le reclamamos al sujeto que le dicen El Bola, que esto no se valía, por lo que ellos pensaron que nosotros desertaríamos de la organización y pondríamos en riesgo la identidad de otros integrantes del grupo.

“Por lo que ellos mismos nos levantaron, nos trajeron hasta aquí, nos golpearon, esposaron y vendaron la cara, es desde entonces que estamos aquí”, indica el parte sin precisar cuál de los tres sujetos es quien declara lo anterior.

Al encontrarse coincidencia entre los nombres de la orden de localización y la identificación de las personas, se señala, se les detuvo y trasladó a la SIEDO.

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