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John Horgan explica que al definir como terrorista a un acto violento suben los niveles de ansiedad en el ciudadano común, más que si los hechos se atribuyen al crimen organizado. Foto: Especial
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18-Septiembre-2008

John Horgan: “El de Morelia fue un ataque de aficionados”

Pascal Beltrán del Río

Uno de los principales expertos del mundo en materia de terrorismo analiza los actos perpetrados durante la ceremonia del Grito en Michoacán

Mediante el ataque con granadas en la plaza Melchor Ocampo, de Morelia, la noche del Grito, el crimen organizado franqueó una “barrera sicológica” en su confrontación con el Estado, afirma John Horgan, director del Centro Internacional para el Estudio del Terrorismo, de la Universidad de Penn State. El atentado es “un escalamiento dramático de lo que este grupo está dispuesto a hacer”, afirma el también catedrático, quien considera que un cártel del narcotráfico no es una organización terrorista, aun cuando recurra a tácticas desarrolladas por organizaciones políticas extremistas. “Usan tácticas terroristas por la sencilla razón de que son eficaces”, afirma Horgan, en entrevista con Excélsior.

 Su intención, opina, es “mandar un mensaje al gobierno para decirle ‘mira lo que estamos dispuestos a hacer’, y a la opinión pública, a fin de que tome nota de que se trata de un grupo relevante, capaz de mantener la delantera”. Aun así, el especialista indica que el tipo de ataque denota unas capacidades de agresión limitadas y todavía en fase de experimentación. Y no tiene duda: el atentado de Morelia es señal de que el grupo “se está desesperando”. Doctor en sicología por la Universidad de Cork (Irlanda) y ex catedrático de la Universidad de St. Andrews (Escocia), Horgan es uno de los principales expertos del mundo en materia de terrorismo, particularmente en lo que tiene que ver con las motivaciones de individuos y organizaciones para participar en esa actividad y también para abandonarla. Entre más de medio centenar de publicaciones sobre el tema, Horgan es autor del libro The Psychology of Terrorism (2005) y el recientemente aparecido Walking Away from Terrorism, para el cual entrevistó a decenas de ex miembros de organizaciones extremistas en diversos países. Hace un par de días lo localicé telefónicamente en sus oficinas de la University Park, Pensilvania, para conocer su opinión sobre el atentado con granadas contra los asistentes al Grito en Morelia el lunes pasado. He aquí la conversación:

 -¿Es importante quién califica un acto como terrorista, si es el gobierno o son los medios de comunicación?

“Le contestaré de una forma más o menos elíptica. Lo que tenemos aquí (en el caso Morelia) es claramente el ejemplo de un cártel del crimen organizado que experimenta con tácticas terroristas, porque este grupo obviamente siente que esas tácticas son eficaces. “Ahora, en términos de si es importante definir al grupo como terrorista o crimen organizado, me parece que a menudo usamos etiquetas particulares no solamente porque nos ayudan a entender la dinámica de lo que sucede y qué debemos esperar, pero también debido a que pueden dar lugar a la promulgación de una legislación especial, dependiendo del riesgo que se esté enfrentando. “Aunque el crimen organizado generalmente trata de subvertir la autoridad del Estado, no es muy frecuente ver lo que ha sucedido en México, donde un cártel utiliza tácticas terroristas contra civiles en un intento de doblegar al gobierno. No digo que nunca haya ocurrido, sólo digo que no lo vemos muy a menudo. “Hay ejemplos en los años ochenta y noventa, uno en particular donde la Cosa Nostra italiana puso una bomba en la Galleria degli Uffizi (Galería de los Oficios), en Florencia (fue en 1993, cinco personas murieron y los daños patrimoniales ascendieron a varios millones de dólares). Ahora vemos grupos del crimen organizado en Irlanda, incluso empleando a antiguos terroristas para construir bombas que puedan ser usadas en peleas por territorio.”

 -¿Qué diferencias hay entre los ataques terroristas de grupos políticamente motivados y los del crimen organizado?

“Pienso que una de las principales diferencias es que los primeros tienen una agenda política muy explícita. Sin embargo, hay muchas similitudes: tanto los grupos terroristas como los del crimen organizado apuntan a subvertir la autoridad y debilitar el imperio de la ley, y ambos constituyen un reto al régimen político. Una de las diferencias clave es que los grupos terroristas dicen que trabajan a favor de una comunidad particular, que tienen una legitimidad porque representan a esa comunidad; en cambio, el crimen organizado sólo se representa a sí mismo.”

-¿La tema de la reivindicación es importante?

 “No necesariamente es un indicador confiable de quién es responsable. A veces un grupo puede asumir la responsabilidad de lo que otro grupo ha cometido. Es cada vez más común que los grupos traten de camuflar su identidad. Puede haber una reivindicación por canales traseros, pero, a menos de que esto signifique el comienzo de un frente político para el crimen organizado, lo cual dudo, pienso que no veremos el tipo de reivindicación que veríamos en un grupo terrorista convencional.”

 -¿Qué puede esperarse de experiencias anteriores? ¿En otros casos hemos visto réplicas en los siguientes días o semanas?

“Realmente eso depende de lo que haga el Estado al respecto. No hay duda de que la policía, el Ejército y los servicios de inteligencia van a tener que descubrir a este grupo muy rápido y detener a sus miembros a fin de que puedan prevenir otros ataques. “A pesar de las muertes causadas por el incidente, es muy claro que se trató de un ataque de aficionados: un individuo que lanza granadas en una multitud… Es difícil decirlo, pero claramente esta actividad indica un escalamiento de la guerra sicológica. Manda un mensaje al gobierno para decir ‘estamos dispuestos a hacer algo aún más desesperado, retador y audaz’. Y están comenzando a hacer su lucha cada vez más pública…”

 -¿Han cruzado una línea?

“Claramente. Han cruzado la barrera sicológica, no hay duda de eso. Es un escalamiento dramático de lo que este movimiento está dispuesto a hacer. Si indica un cambio interno en la forma de pensar o un signo de desesperación, sólo el tiempo lo dirá”.

 -¿Es un signo de desesperación o de fuerza?

 “Podrían ser los dos. Es un giro dramático mediante el cual el grupo decide hacer público su reto al gobierno. Por otra parte, es también una señal que se manda a la comunidad local de que este movimiento es relevante y funcional y que es muy capaz de realizar acciones como ésta. Así que es un mensaje de que ‘aquí estamos’.”

-¿Sicológicamente qué puede decirse de miembros del crimen organizado que incurren en actividades terroristas?

“El proceso es muy similar al que ocurre en los movimientos políticos extremistas. Hay barreras sicológicas que los individuos deben cruzar cuando suceden estos cambios de táctica. Creo que podríamos esperar dificultades internas a la hora de elegir individuos dispuestos a matar indiscriminadamente a civiles. “Yo apostaría a que el grupo tuvo dificultades en encontrar a un individuo que quisiera hacerlo. Toma tiempo atraer individuos que se involucren en cambios de táctica fundamentales. Una cosa es matar a un enemigo o extorsionar a alguien para que suelte un dinero o participar en actividades de lavado de dinero. Pero es muy diferente, sicológicamente, meterse en una multitud y lanzar una granada.”

-¿Cómo describiría a alguien así?

 “No hay una personalidad específica de alguien que hace eso, pero individuos que no estén acostumbrados lo encontrarían muy difícil, les costaría mucho trabajo sobreponerse a la culpa de lo que hicieron. “A los miembros del crimen organizado no les cuesta tanto trabajo justificar acciones contra individuos o grupos pequeños o miembros de familias contrarias, que justificar el asesinato de espectadores inocentes que estaban en el lugar equivocado a la hora equivocada. “El movimiento puede tener una idea de qué individuos están listos para hacer algo así, pero no será hasta que alguien realmente lo haga para que sepa cómo es en realidad. No se puede entrenar a alguien para este tipo de acciones si no se han hecho antes.”

 -En cuanto al etiquetado, ¿más vale equivocarse llamándolos terroristas que abstenerse de hacerlo..?

“No sé por qué debiéramos llamarlos terroristas, eso me confunde un poco. Deberíamos llamarlos grupo del crimen organizado que utiliza tácticas terroristas. ¿El atentado los hace terroristas? En un sentido sí, pero en muchos otros no. “Creo que lo que tenemos aquí es un grupo del crimen organizado que ha sido atraído hacia las tácticas que antes sólo utilizaban los grupos terroristas. Y la razón para estudiar, considerar y usar estas tácticas es solamente porque son eficaces. Son muy eficaces desde un punto de vista sicológico. Hay que recordar que las tácticas terroristas tienen que ver con la guerra sicológica. Mandan un mensaje al gobierno que mina su autoridad, humilla a las autoridades porque los hace ver como incapaces de proteger a la gente que los ha elegido, y también mandan un mensaje simultáneo a la opinión pública de que el grupo es aún relevante, poderoso y capaz de mantener la delantera.”

-¿Qué efecto tiene este etiquetado sobre el ciudadano común?

“Tiene mucho efecto por sí mismo. Cuando el término terrorismo se asocia con actos inesperados de violencia o destrucción, suben los niveles de ansiedad que si los actos se atribuyen al crimen organizado o algo más, como desastres naturales.”

 -¿Eso significa que debe tenerse cuidado en usar la etiqueta?

 “Sí, pero al mismo tiempo no debemos ser complacientes que el grupo en cuestión es incapaz de realizar algo igualmente audaz.”

-¿Cuál debe ser el papel de los medios? ¿Cuáles deben ser los lineamientos para cubrir este tipo de hechos?

 “Quizá le parezca un estereotipo lo que le voy a decir, pero una cobertura equilibrada y justa resulta indispensable. La opinión pública debe ser tranquilizada en el sentido de que estamos lidiando con un número de personas relativamente reducido, con medios limitados a su disposición.”

-¿Así le parece este ataque, algo digno de aficionados?

 “Muestra que sus capacidades son limitadas, que estos hombres están dispuestos a experimentar y a escalar y a utilizar las armas de la guerra sicológica. También muestra que el grupo no está maniatado sicológicamente como uno hubiera pensado. Eso, por sí mismo, es un indicador de que se está desesperando.”

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