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31-Agosto-2008

Hombro con hombro iluminaron México

Arturo Páramo

Los organizadores de la expresión ciudadana contra la delincuencia planearon una caminata silenciosa, pero lograron dar voz a miles de asaltados, robados, secuestrados, extorsionados y defraudados. Todos, paso a paso, con sus gritos, prendieron una luz para un país más seguro

Marcela gritó hasta desgañitarse, hasta casi reventar sus venas y quedar al borde del desmayo: “¡No se puede vivir con este pánico, con este miedooo!”

Es el inicio de la manifestación Iluminemos México. Marcela fue víctima de un secuestro y las secuelas no se le borrarán jamás.

Abandona Paseo de la Reforma sostenida por su esposo, mientras, detrás de ellos crecía la multitud que andaba rumbo al Zócalo.

El extorsionado junto al asaltado. La violada junto al defraudado. El que vio desvalijada su casa al lado del que desconoce el paradero de alguno de sus hijos. El que ha sido asaltado en el autobús con el que vivió una tortura a bordo de un taxi. El despojado del auto en un semáforo y al que le robaron su quincena en el cajero automático.

De colegios privados, de colonias populares, de otras ciudades del país, de zonas residenciales, de la periferia de la ciudad, ayer, el Paseo de la Reforma aglutinó, como en pocas ocasiones, a las víctimas del crimen, a los secuestrados por la impunidad, que provoca que 98 por ciento de quienes delinquen no sean aprendidos, juzgados y condenados.

La marcha estuvo en riesgo. América Alemán, Gerardo Ruiz (Rotarios), Elías Kuri (coordinador), Alfonso Otero (logística), Rosa María Navarro (Canacintra), Eduardo Carrillo (financiamiento) y Laura Elena Herrejón (vocera), se reunieron en el Sanborn’s del Ángel para comer y ahí vieron como una tormenta azotaba la zona.

“Que llueva todo lo que deba ser ahora y no en la marcha”, era el consuelo generalizado.

Como en una escena de película, la inmensa mayoría de los clientes del restaurante y tienda estaban vestidos de blanco. Alarmados por el aguacero, algunos compraban los paraguas de 200 pesos, cigarros para quitarse el frío y café para llevar.

Los abrazos y sonrisas del grupo hacia los fotógrafos provocaron que el capitán de meseros pidiera a los integrantes de Iluminemos México que salieran del restaurante.

Al pie del Ángel esperaban Jorge Serrano, Joaquín Quintana, Sabino Vázquez y Ángel Corona para formar la valla que iría al frente de la marcha. La pancarta de unos diez metros con Iluminemos México estampado llegó diez minutos antes del inicio de la caminata.

Antes de comenzar la caminata ya han sido rebasados por grupos que comienzan a andar hacia el Zócalo, a las 17:30 horas, media hora antes de lo establecido.

Un grupo de payasos aprovechó la atención de la prensa para denunciar un secuestro.

Manuel Mondragón, secretario de Seguridad Pública del DF, irritó a los reunidos en el Ángel cuando pasó a bordo de su motocicleta, escoltado por cuatro motopatrulleros.

Se escuchó un grito anónimo: “¡Lárgate de aquí, cabrón!” Mondragón detuvo su máquina y retó: “¿Quién lo dijo?”

No hubo respuesta. El jefe policiaco siguió su camino rumbo a Insurgentes.

El comité organizador inició oficialmente la marcha en punto de las seis de la tarde. Cuarenta y cinco minutos después se encuentran en Insurgentes, pero la multitud les ha salido al paso y ya hay un río humano que va del Centro de la Ciudad a Mariano Escobedo.

Los convocantes de Iluminemos México se pierden en la multitud que ellos mismos han invocado, empequeñecen ante la marea humana que no reconoce liderazgos.

Un recuento realizado desde una esquina dan la magnitud de la tragedia que viven todos los estratos del país. “Enrique Camacho, 34; Roberto Gómez, 42; Raúl Sámano, 16, y Manuel Medina, 46”. Son los nombres de comerciantes de la Central de Abasto de la Ciudad de México. El número son los días que llevan desaparecidos. Los nombres y números los llevan bodegueros de la misma Central estampados en sus camisetas.

Los carteles que carga una familia: “María de la Orta Gamboa, 26 años, 1.58, desapareció el 7 de agosto de 1994”.

Una manta llevada por dos mujeres: “A seis años de desaparecidos en Tamaulipas, la PGR no muestra voluntad de esclarecer el caso... cuatro familias sufren.”

Una fotocopia entregada de mano en mano: “Nancy Jaqueline Moreno Becerril, secuestrada el 12 de enero de 2007”.

Un volante tamaño media carta: “Mónica Alejandrina Ramírez Alvarado, secuestrada y desaparecida el 14 de diciembre de 2004”.

La manifestación se adereza con carteles que exigen el fin de la impunidad, la corrupción, la ineficacia de las autoridades, y reclaman renuncias del Presidente, del jefe de Gobierno, de gobernadores, de jueces, de jefes policiacos.

La furia no tiene magnitud, no hay forma de nombrarla, rebasa cualquier estimación.

La vanguardia de Iluminemos México avanza sobre Reforma a paso lento con la amenaza constante de la lluvia similar a la que cayó minutos antes del arranque. Todo queda en lloviznas intermitentes.

La marcha silenciosa no pudo ser. Apenas minutos después de arrancar, se escuchan los “¡México, México!” que calles adelante se convierte en un rotundo “¡México, seguro, México, seguro!”, y la frase que vuela para ser un clásico: “¡Si no pueden, renuncien¡, iSi no pueden, renuncien!”

Hay espacio, incluso, para que niños de colegios privados, rodeados de sus padres, hagan su primera petición pública: “¡Los niños queremos paz!”

Al anochecer, el Centro está repleto de gente. Los enlaces del Gobierno del DF con Iluminemos México sugieren ingresar por Venustiano Carranza. La improvisación manda al comité organizador por una calle con automóviles estacionados y al encuentro de manifestantes que ya van de salida del Zócalo tras hacer su propia protesta y cantar a capela el Himno Nacional.

El grupo ingresa a la Plaza por 20 de Noviembre y a empujones llegan al asta bandera al filo de las 20:25 horas.

También en esta marcha hay tiempo para el espectáculo. Antes del inicio de la manifestación, Alfonso Otero, responsable de la logística de la jornada, explicó que las negociaciones para bajar el switch a las luminarias en el Zócalo no fueron tan intensas como para hacer sonar las campanas de Catedral a las ocho y media de la noche.

Los destellos de las miles de flamitas y linternas, las campanadas y el Himno Nacional retumbando en la Plaza de la Constitución, electrizan el ambiente. El Zócalo se convierte en un mar de luciérnagas de donde surgió el rumor del Cielito Lindo.

La protesta no concluyó, como estaba programado, con el Himno Nacional. El alarido contenido durante horas estalló. Al salir de la Plaza, hacia 5 de Febrero por el costado del Antiguo Palacio del Ayuntamiento, sede del Gobierno del DF, los manifestantes hicieron retumbar los portales con: “¡Marcelo, renuncia, Marcelo, renuncia!”, “¡Fuera, Marcelo, fuera!”, “¡Inepto, inepto!”

Ya tranquilos y alejándose del Zócalo, cambiaron las críticas por el “¡México México!”

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