Cristina desea estudiar sicología, pero sabe que lo primero es concluir su prepa que dejó inconclusa. “Mis sueños, eso sí, nada los puede dañar”
MORELIA.— El primer ataque terrorista perpetrado por el crimen organizado en México le truncó el sueño de ser modelo y la obligó a abandonar la escuela. Cristina Guadalupe Estrada Cortés, de 19 años de edad, recuerda que bastó una esquirla de granada de fragmentación para cambiarle la vida, la noche del 15 de septiembre de 2008, frente al templo de La Merced, en el Centro Histórico de Morelia. Sentada en la sala de su casa, Cristina rememora los hechos que pasó al lado de sus tres amigos: “Me hubiera tocado exactamente donde explotó, porque yo iba pasando. No me tocó tan grave”, señala. Durante varios días Cristina Guadalupe vivió con la esquirla en su pierna: “Me dieron de alta y me vine; después de unos días regresé. Vinieron por mí y me sacaron la esquirla, porque no me la querían sacar. Entonces la esquirla me estaba llegando al hueso y era lo que me estaba haciendo mal, pero me la sacaron y me volvieron a dejar internada”. Con indicación de absoluto reposo, la joven dejó de acudir a la prepa. Ante tal situación, sus maestros decidieron aplicarle después los exámenes para que no perdiera el ciclo escolar. Sin embargo, no encontró apoyo de un profesor. “Me dijo que ya no, que eso no era problema de él, que él ya no me iba a hacer los exámenes. Fue entonces que perdí mis estudios y mi trabajo también.” Durante los fines de semana, Cristina Guadalupe laboraba como edecán, faceta que se ha visto truncada por su lesión en la rodilla. Con una sonrisa tímida dice que esperará a que, con el paso del tiempo, pueda volver a utilizar zapatillas para continuar con su pasatiempo y trabajo.