La familia García fue la más afectada por los estallidos; perdió a la abuela Elisa, ayer a Ángel Uriel, de 13 años, y cuatro más están en hospitales
Elisa Guerrero García hace tres años pudo sobrevivir a un cáncer de mamá, la primera causa de muerte en las mujeres mexicanas, pero no pudo sobrevivir al cáncer de la violencia en Morelia, que la mató a sus 76 años.
La familia García fue la más afectada por el atentado terrorista del pasado 15 de septiembre en la Plaza Melchor Ocampo.
De los seis miembros que fueron a pasar una noche mexicana en el centro de su ciudad, seis llegaron a los hospitales de Morelia. Doña Elisa murió casi al instante en el Hospital Civil y su nieto, Ángel Uriel murió ayer en el Hospital Infantil por muerte cerebral, sumando con ésta, ocho víctimas fatales.
Uriel murió en el piso dos de terapia intensiva del Hospital Infantil, mientras su mamá, Rocío García, lucha por su vida en el Hospital de la Mujer, después de las esquirlas que le dejaron heridas en el tórax y cuello.
Desde que Ángel estuvo internado por lesiones intestinales, en el pulmón, genitales y en las extremidades, nunca despertó del coma, tampoco durante su estado crítico sus amiguitos dejaron de ir a su casa y llamar a su familia para preguntar cómo iba evolucionando.
Uriel era un niño intrépido y temerario. Estudiaba segundo de secundaria. Amaba y protegía a su única hermanita, Alex,a de un año, y su mayor pasión era caminar por los filos de las bardas y colgarse con sus piernas, para sentirse por unos instantes el hombre araña.
La hija de Elisa y madrina de bautizo de Uriel, María Elena García, todavía siente el cuerpo dormido de tanto dolor. Una granada de repente fragmentó su familia. Ella se quedó sin su madre, Elisa. Y Alexa María, de un año, quien después de explotar la granada se bañó de la sangre que salpicó su familia, ahora está sin su madre, Rocío García, porque está en terapia intensiva en el Hospital de la Mujer y perdió para siempre a su hermano, Ángel Uriel.
Alexa se salvó gracias a un milagro y a los reflejos de su tío José, que la tenía cargada sus hombros al momento de la explosión. José antes de sentir las esquirlas en sus piernas, al escuchar la detonación, tomó a la niña por la espalda y la bajó de cabeza para cubrirla y salvarle la vida con su cuerpo.
Aquella familia que todavía se reunió el domingo en casa de doña Elisa para hacer una comida, ahora se hace pedazos para poder estar en el Hospital de la Mujer con Rocío y para poder cuidar a Alexa, a José y Aurora que se recuperan en casa.
Un día antes de la explosión, doña Elisa bailó toda la noche, porque a pesar de su edad estaba entera. Iba sola al mercado. Hacía su comida. Iba a clases de tejido y de baile al IMSS y además cuidaba a su nietecita Alexa. En esa misma reunión, Uriel estuvo jugando con una peluca que llevó una de sus primas y sin quitársela de la cabeza hizo bromas durante toda la tarde.
María Eugenia, nieta de doña Elisa, se siente indignada, tiene rencor y resentimiento por la tragedia que tocó a su casa.
“Las autoridades son responsables de que la granada haya explotado contra mi familia, si ya sabían que podíamos correr riesgo, no sé por qué no protegieron a los civiles”.
Aunque nadie puede ayudarlos a escapar de esta tragedia, María Eugenia exige al gobierno que a Rocío la atiendan los mejores especialitas de este país, para que puedan salvarle la vida y puedan evitar que se fragmente un pilar fundamental más en su familia.




