Ni durante la jornada de ayer cesó la delincuencia. Simplemente, entre los delitos denunciados en el Ministerio Público de la delegación Cuauhtémoc están el intento de robo a un menor de edad y el asalto a un establecimiento.
Hasta en su nombre de pila Sacramento de la Luz Alvarado va al revés en la vida.
Escogió el día, la hora y hasta la ruta menos indicada para robarse a Valentina, de cuatro años de edad.
El contingente de la Asociación Mexicana de Niños Robados y Desaparecidos venía en camino para protestar contra el robo de infantes justamente cuando Sacramento de la Luz arrebató a Valentina de la mano de María.
La avenida Juárez por la que pasaron miles de personas vestidas de blanco con una vela encendida fue testigo de lo que este delincuente hizo en un instante el 30 de agosto, uno de los días más oscuro en la vida de María.
Sacramento ya había escapado media cuadra con Valentina, cuando Leonardo, el hermanito de nueve años de la víctima se aventó hacia él, pero la fuerza de un niño contra la de este hombre de 25 años resultó insuficiente.
Los gritos de auxilio de María al ver que un indigente se robaba a su hija alertaron a los policías de tránsito que coordinaban la circulación vehicular entre avenida Juárez y el Eje Central Lázaro Cárdenas y que impidieron que este delito se concretara.
“¡No me la pude robar porque está muy chiquita! Soy Al Capone y las quiero a todas”, gritó Sacramento de la Luz y echó una sonrisa al estilo Guasón de la serie Batman, al ser presentado ante las autoridades de la Agencia Séptima Ministerial de la delegación Cuauhtémoc, delegación con más denuncias de robos en la Ciudad de México, según el Instituto Ciudadano de Estudios sobre la Inseguridad, A.C. (ICESI).
Aunque Paseo de la Reforma, donde miles de personas llevaron su luz a la marcha, está a menos de seis cuadras de esta agencia del Ministerio Público, los funcionarios y los policías del turno de ayer fueron incrédulos ante la premisa de que el despliegue de seguridad y el reclamo de la sociedad menguarían los índices delictivos de este sábado.
“¡Es broma! Para nosotros es un día normal”, dijo un funcionario.
La historia de María sí fue una de terror, no como la parodia del libro El fantasma de Canterville, de Óscar Wilde, texto que acababa de comprar a las 15:44 horas en una librería de la avenida Juárez, frente al Palacio de Bellas Artes, cuando en las escaleras de esta tienda llegó Sacramento. María llevaba a sus tres hijos, dos varones de nueve y dos años y Valentina, de cuatro.
Después del protagonismo de Sacramento de la Luz en la agencia, por su alto tono de voz, su mal olor y el intento de robo de Valentina (niña agraciada, de tez blanca, cabello lacio amarrado y que mide menos de 90 centímetros), confesó a los judiciales que en Tepito tiene a varios niños que obtuvo así, precisamente como quería apoderarse de la nena: arrebatándosela a su respectiva madre y después ponerla a pedir limosnas en las esquinas, tal cual lo hacen los supuestos niños robados que tiene en su poder y que son alimentados sólo con bolillos.
La mayoría de los casos de menores robados que reporta la Asociación Mexicana de Niños Robados y Desaparecidos fueron arrebatados de los brazos de sus padres sobre la vía pública.
La presidente de la asociación, María Elena Solís, recibe en promedio al mes 20 casos, de los cuales sólo se recupera a cuatro o cinco niños en este lapso.
A la marcha Iluminemos México asistieron más de 20 pequeños recuperados por la asociación, vestidos con playeras blancas que llevaban impresos sus propios casos. Entre la multitud, aplaudían y gritaban: “¡No más! ¡No más!”
María salió del Ministerio Público aproximadamente a las 19 horas, juntando los pocos pesos que le quedaron para el pasaje de vuelta a su casa, en la delegación Venustiano Carranza, porque durante las tres horas que esperó para rendir declaración, tuvo que comprarles galletas y refrescos a sus tres hijos a fin de tranquilizarlos y hacerles más ameno este trámite de denuncia. En ese lapso llegó detenido un hombre por robo de pulseras a un negocio de la calle Cinco de Mayo.
Unos capitalinos vestidos de blanco alertaron del asalto a los policías que vigilaban esta arteria del Centro Histórico. Los denunciantes se dieron cuenta de que por una rejita de la cortina que mantenía cerrado el negocio de accesorios, este hombre de cola de caballo y jeans azules estaba sacando varias pulseras de plástico.
La denuncia en la agencia la presentó un policía de la Secretaría de Seguridad Pública.
Por fortuna este caso sí llegó a un Ministerio Público, porque en la Ciudad de México sólo se denuncian uno de cada diez delitos. La mayoría de los ciudadanos no levanta una averiguación previa porque considera es una pérdida de tiempo o simplemente no confía en las autoridades, según lo reporta el ICESI.
La luz que debía mantenerse encendida durante todo un día y así iluminar a México para gritar que nueve de cada diez capitalinos nos sentimos inseguros en nuestra propia ciudad y que exigimos un país y un Distrito Federal más seguros fue apagada unos instantes por Sacramento de la Luz y el ratero de la calle Cinco de Mayo.




