Señala especialista que el entorno violento modifica y hace a jóvenes más insensibles, por lo que recomienda brindar atención profesional, principalmente, a este sector social
En la recámara dormían su esposa e hija, ya era martes y apenas terminaba su jornada de trabajo. Desde la banqueta de la calle Joaquín Terraza se podía observar la lámpara de la sala encendida.
Mario Parra Gutiérrez se encontraba en su casa, ahí en la colonia Encinos. Eran más o menos las tres de la madrugada y su tardía llegada no era extraña, era el subdirector de la Policía Municipal de Nuevo Casas Grandes, Chihuahua.
En ese domicilio particular se aparcaron tres camionetas, sus ocupantes bajaron y empezaron a disparar; ningún vecino salió, pero muchos se asomaron por la rendija de alguna ventana cuando intentaban prenderle fuego a la vivienda.
Al mismo tiempo, en la jefatura de policía recibieron una llamada de auxilio hecha desde un teléfono celular en el que se escuchó que intentaban repeler la agresión, pero el apoyo llegó demasiado tarde.
Las ventanas estaban perforadas y la puerta abierta; Parra Gutiérrez tenía varias heridas y en el traslado al hospital perdió la vida, fue en la madrugada del 12 de febrero pasado.
Hasta el momento, en el expediente, sólo se resguardan más de 50 casquillos .9 milímetros que se encontraron en el lugar del homicidio; de los sicarios no se sabe nada.
El caso anterior es uno de los cientos que ocurren en México, en lugares donde el narcotráfico se disputa alguna plaza con una banda rival, y en donde la ciudadanía queda atrapada en medio.
“Es terrible. La casa, tu hogar, es tu respaldo. Cuando alguien invade tu hogar pues es atroz para tu seguridad personal y en tu sicología. Vives aterrorizado y cuando estás así, entonces no puedes concentrarte, no puedes trabajar, no te comprometes en lo que estás haciendo, debido a ese terror.
“Sicológicamente hay también consecuencias de un síndrome de estrés postraumático en donde ya no hay una conducta racional. La gente empieza a tener reacciones somáticas de mucha ansiedad, de mucho temblor, de sudoración. La persona piensa que le va a dar un ataque cardiaco y lo que tiene es que hay una serie de señales que interpreta el cuerpo como muy peligrosas y que ya no tiene control.”
Esos síntomas son los primeros daños que sufre una población que vive de cerca lo que el gobierno ha llamado la “guerra entre cárteles del narcotráfico”, considera Feggy Ostrosky Solís, especialista en sicología criminal.
Las agresiones y ajusticiamientos violentos entre cárteles de la droga han afectado el entorno social de la ciudadanía común, han vulnerado las capas de seguridad civil y han modificado el desarrollo de la vida común.
“En la población es terrible, porque el miedo a ser víctima del crimen va a determinar todas nuestras actividades, determina a qué hora salimos, si salimos o no, como nos vestimos, el tipo de trabajo que escogemos.
“Toda la vida está estructurada en función de este miedo al crimen. Algunos que están aterrorizados por el hampa (…) abandonan sus hogares; son personas que ya no está interactuando con su comunidad, que dejan sus pocas pertenencias, y esto es grave para un México que se esta construyendo”, advierte.
Estudios de sicología de la Universidad Nacional Autónoma de México indican que el ser humano tiene una enorme plasticidad para adaptarse a su medio; sin embargo, condiciones extremas como la violencia modifican el entorno y el desarrollo del individuo.
La insatisfacción de permanecer en un lugar seguro, señaló Ostrosky Solís, genera un deterioro de las relaciones por miedo y frustración por no alcanzar una felicidad en un entorno violento.
Entre la población cercana a los centros de enfrentamiento y extrema violencia podría necesitarse atención médica sicología: estrés postraumático, frustración física y agresión, son los factores a combatir.
“Yo creo que siempre se puede vivir, pero se vive de muy mala calidad. El ser humano quiere cada vez mejorar la calidad de su vida, no deteriorarla; creo que en las facultades de sicología y en los centros de salud tienen que atender a estas personas, sobre todo niños y mujeres y adultos que están pasando esta guerra que vivimos.
La falta de atención a menores de edad y adolescentes, cercanos a los centros de enfrentamiento entre narcotraficantes es un factor que puede representar un riesgo social.
Y es que existe la posibilidad de que los valores de respeto por la vida se pierdan, ya que podrían adoptar o acostumbrarse a escenas grotescas como decapitaciones, homicidios y agresiones.
“En situaciones de este tipo se ha detectado un proceso de desensibilización que me preocupa en los niños y jóvenes. Hay que identificar que están frustrados, enojados, hay que reconocerlo, hay una serie de técnicas del manejo del enojo, son de diez a 12 sesiones y la gente se siente mejor, tiene estrategias de afrontamiento ante esta frustración.
“Hay una desensibilización y entonces, antes nos asustaba ver a alguien en la calle y cada vez se escala a lo que reaccionamos y es muy grave, porque estamos generando niños sin sensibilidad que en el futuro serán mucho más agresivos y mucho más enojados.
“Primero hay que hacer un diagnóstico, sin escandalizar a nadie (…), yo creo que esta sociedad está desarticulada cada vez más; en la medida en que yo te vea a ti como otro ser humano, que interactúa igual que yo, que tiene que sufrir que tiene que llegar al trabajo, es menos probable que te haga daño.
“No es sano para la población que viva frustrada, que viva enojada, porque esta agresión se manifiesta tanto con los seres queridos como en las personas que se están sintiendo abandonadas”, advirtió la especialista en sicología criminal. “Creo que (en esos lugares) cada vez más se renuncia a una vida satisfactoria y se acostumbran a vivir en un lugar; de una escala de uno a diez, esa gente que vive la narcoguerra está en el tres, si eso se puede llamar vivir.
“Yo creo que estas personas están muy insatisfechas y muy enojadas y el enojo causa mucha hostilidad y mucha frustración. Tenemos toda una gama de conductas que no van a mejorar la calidad de vida de las personas”, señaló la doctora en sicología.




