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18-Mayo-2008

1974-1996 Del laboratorio a la BMV

Lo de Armando Jinnisch y las computadoras fue como una historia de amor a primera vista. El físico, generación 1964-1967 por la UNAM, un día en el Centro de Cómputo se sintió atraído por una Bendix G-15, una belleza de bulbos.

Parecía un refrigeradorcito abandonado, nadie la usaba. En ese momento la máquina grande era la G-20. Me hice amigo de los de mantenimiento, quienes al ver mi interés me dijeron: ‘si te interesa usarla, funciona perfectamente bien, aquí está la llave y los manuales’. Durante el segundo año en la Facultad, ya tenía mi propia computadora con mis llaves para usarla como yo quisiera.”

Jinnisch se muda a Edimburgo para hacer un posgrado en inteligencia artificial. A su regreso se reintegra al Centro de Investigación en Matemáticas Aplicadas, Sistemas y Servicios (CIMASS).

“El Infonavit adquirió una Bourroghs y nos metimos al desarrollo de ese sistema entre 1972 y 1974. Recuerdo que a (el ex presidente Luis) Echeverría le hicimos la primera presentación de una consulta de estados de cuenta en línea cuando fue a inaugurar unas instalaciones del instituto.”

El entrevistado asegura que empezó la época de los grandes programas de cómputo. Como fue el de percepción remota, aplicación desarrollada por IBM y en la que él participó. Otras entidades gubernamentales, además de Infonavit, también creaban sus propias áreas de cómputo, como la Secretaría de Agricultura, la de Estadísticas (previa a INEGI) y Comisión Federal de Electricidad

—¿Cómo inició la oleada de pequeñas empresas de cómputo?
En la UNAM dábamos asesorías mediante convenios de colaboración que nos permitían equiparnos. Uno de los logros fue nuestro primer disco de 40 megabites de varios platos. Hubo una interacción con muchas dependencias, ahí el grupo ganó el premio Banamex por los trabajos en percepción remota; esto fue en 1978-1980 más o menos, entonces había tela de dónde cortar.

Pero sentíamos que si no lográbamos consolidar algo, corríamos el peligro de que se deshiciera el instituto, lo que ocurrió a la postre. Mucha gente se salió de la UNAM, del Instituto de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y Sistemas (IIMAS) ante el deterioro salarial. Se empezaban a abrir posibilidades en otros lados, el salario ya no alcanzaba.

Yo, por ejemplo, comencé comprando dos computadoras marca Corona, luego vendiéndolas, compraba otras y las vendí. En ese tiempo, las compañías extranjeras aún no tenían puestos sus ojos en México ni en América Latina; estaban por conquistar el mercado de EU, era un momento coyuntural importante para que la gente en México con la inquietud de comenzar algún negocio lo pudiera hacer.

—¿Cómo identificó el giro comercial?
Mis pininos fueron con unos amigos que me llamaron para ver si les podía apoyar con una representación que estaban tomando de una compañía que hacía igualación de color por computadora y que tenía aplicaciones en la industria textil, en impresión general. Era una aplicación interesante de software que se podía comprar y en algún momento incluso empezamos a desarrollar los algoritmos, pero la idea no prosperó.

Fue mi primer contacto con las computadoras personales. Simultáneamente comencé la distribución de PC, siempre con la intención de hacer algo directamente: de ensamble, de fabricación.

Después, por azares del destino, nos reunimos tres personas que no nos conocíamos, a través de Acer, que acababa de romper con la empresa Printaform que había sido su proveedor de tecnología.

—¿Las máquinas Printaform eran de tecnología Acer?
Efectivamente, pero su marca no figuraba. Acer quería salir al mercado con su nombre y estaban buscando a alguien en México y así llegaron con nosotros, que probablemente en ese momento no éramos los más indicados pues la empresa era pequeña, pero les presentamos un plan de negocios que les gustó, era 1989. Ya había estado algunos años en la distribución de equipo y ya me había separado de la Universidad.

Nos fuimos a Taiwán a firmar el contrato de distribución con Acer y nos echamos un compromiso de cierta cantidad de equipos por año.

En ese momento todavía estaba cerrado el mercado de PC, así que nos asociamos con una empresa que tenía programas para que nos hiciera la fabricación del software y arrancamos. Para 1992 ya teníamos el primer lugar de participación del mercado mexicano. Habíamos entrado en un momento coyuntural que nos permitió posicionarnos y afortunadamente las cosas siguieron por buen camino.

Después nos aliamos con unos taiwaneses, ellos participaron con nosotros con un procentaje en la compañía. En 1995 tomamos la región latinoamericana. En 1996 Acer fue la primera firma de este tipo de tecnología en electrónica que salía a la bolsa de valores de México.

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