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18-Mayo-2008

1974-1982 Oportunidad perdida en la IP

En la década de los 70 el país experimenta un boom tecnológico: todas las dependencias querían su área de informática y Enrique Calderón encabezó varios de esos proyectos. Mientras, en El Salto, Jalisco, comenzaba la instalación de las primeras plantas de manufactura tecnológica, con la apertura de una fábrica de máquinas de escribir eléctricas.

—¿Desde tu perspectiva cómo fue el desarrollo del cómputo en el gobierno federal?

Hasta 1970, el desarrollo de la computación en el gobierno federal había sido limitado. Creo que había computadoras, si acaso, en la Secretaría de Hacienda, en la Dirección General de Estadística, en la Secretaría de Comercio, en Pemex, en la CFE, el IMSS y en la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas. Cuando entra Echeverría hay un boom de modernización y todas las instituciones de gobierno buscan tener grandes centros de cómputo. Las organizaciones gubernamentales las querían, pero no sabían cómo instalar centros de cómputo, por lo que recurren a la Universidad.

—¿Qué hacían, diseñar sistemas y el uso de la computadora?

Se trataba de seleccionar la computadora, del tamaño adecuado y cómo insertarla en los procesos administrativos nominales. Era un reto muy grande. Lo hicimos Renato Iturriaga (sucesor de Sergio Beltrán en la Dirección del Centro de Cálculo) y yo. Hank González acababa de ser designado como gobernador (del Estado de México). Hank González lo que quería era que su gobierno se computarizara y había que comenzar por la Secretaría de Hacienda; íbamos a Toluca todos los días. Después Jesús Silva Herzog (director fundador de Infonavit) invita a Renato a organizar todo el instituto para hacerlo desde el principio una organización que funcionara de manera informatizada. También había peticiones de esta naturaleza en empresas privadas, como Banamex (primer banco mexicano que adquirió una computadora, en 1964). Yo también estuve haciendo algo de cómputo para Banamex. Luego estuve en la SEP, ahí me hicieron una oferta padrísima.

—¿Quién era el secretario?

Víctor Bravo Aluja; pero quien me invitó fue Roger Díaz de Cossío (director del Instituto de Ingeniería de la UNAM y subsecretario de Educación Pública).

—Tú estás en la UNAM ¿hasta qué año?

Estuve en la UNAM como de 1968 a 1972. Yo regresé a la Universidad en 1980, diez años después; estuve los seis años del sexenio de Echeverría, bueno nada más cuatro años, en la SEP y luego con López Portillo en lo que ahora es el INEGI, aunque la infraestructura era muy distinta a lo que es ahora. Estuve en la Secretaría de Programación y Presupuesto, ahí tuve muchos problemas con el equipo, pues yo no soy político, mi puesto era muy político y tenía como compañeros a (Carlos) Salinas y a (Francisco) Labastida. A finales de 1980, decidí salirme y me regresé a la Universidad. El que me jaló fue Tomás Garza (director del Centro de Investigación en Matemáticas –Cimat), entonces me volvieron a dar mi plaza de investigador, pero en ese momento ya era el final del periodo del rector (Guillermo) Soberón.

—¿Qué haces en la UNAM en esta segunda etapa?

Llega Octavio Rivero (rector que sucede a Soberón) quien quería reorganizar el Centro de Servicios de Cómputo y crear una nueva organización que se llamó el Programa Universitario de Cómputo (PUC). Por mi parte, con la visión de haber estado en el gobierno, veía muchas posibilidades de hacer desarrollos tecnológicos para el gobierno, pero sabía por mi estancia anterior en la Universidad que desde la UNAM no se podía hacer realidad una vinculación con el sector productivo.

—¿Tú no estabas cuando llega De la Madrid?

No, yo me aguanté. Estuve como cuatro años, me acuerdo que me decían como guasa: “oye hay tres funcionarios de la Secretaría de Programación y Presupuesto desde tiempos de Tello, uno es Rosa Luz Alegría (ex secretaria de Turismo), otro es José Ramón López Portillo (hijo del presidente López Portillo) y otro eres tú. De los otros dos más o menos nos imaginamos por qué todavía siguen ahí, pero me cae que contigo no sabemos qué pasa. Yo creo que será por una fuerza extraña”, pero en realidad no, lo que sucedía era que con la computación yo tenía todo el poder de la información, yo manejaba la nómina del gobierno federal, ahí le pagábamos cada quincena a los empleados públicos, también teníamos el control del presupuesto y luego tenía el otro Centro de Cómputo, en donde llevábamos todas las estadísticas nacionales… estaba cañón. Cuando las cosas se empezaron a poner feas, decidí crear la fundación.

—¿Cuándo inicias el proyecto de la Fundación?

En 1980, aunque formalmente se fundó en 1978, En 1982 le di las gracias a Tomás Garza y me salí. La Fundación yo la establecí con todo este grupo de gente de Ciencias que me habían acompañado en el Centro de Cómputo de la Secretaría de Educación, pero que en ese momento estaban disgregados en muchos lugares, en Hacienda, en Comunicaciones y Transportes. Creo que tenía buenas ideas, de qué cosas se necesitaban en el país y sabía qué cosas se podían hacer y realmente las hicimos muy bien.

—En tu perspectiva, ¿la UNAM ha desempeñado el papel que tenía, que le correspondía?

No, yo creo que la UNAM ha cometido varias equivocaciones. Creo que, en principio, como organización nunca entendió el papel que podía haber desempeñado en la modernización del gobierno federal, eso me queda claro. No nos preparamos como institución para responder a las necesidades del gobierno.

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