La comunidad universitaria espera acciones contra la actividad de porros en planteles de CCH y prepa
Amén del trabajo en materia académica que implica la conducción de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), José Narro Robles afronta el reto de controlar a los grupos porriles que operan, sobre todo, en los panteles de bachillerato universitario.
El médico —destacado por sus dotes de operador político— también tendrá frente a sí el desafío de recuperar el auditorio Justo Sierra o Che Guevara de la Facultad de Filosofía y Letras, tomado desde 1999 por el Consejo General de Huelga (CGH).
Otros temas pendientes dentro del campus, de acuerdo con los universitarios, es la presencia de activistas “radicales”, a quienes identifican con organizaciones como la Asamblea de Barrios y el Frente Popular Francisco Villa. Según testimonios, desde hace ocho años integrantes de estos grupos colocaron puestos de comida y dulces en las explanadas de las facultades y escuelas de la Universidad.
También es tema de preocupación para los universitarios, el problema de la permanente “ocupación” de salones de clase en los distintos planteles, los cuales han sido convertidos en cubículos para activistas.
Para autoridades como Fernando Pérez Correa, director de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) y ex aspirante a ocupar la rectoría, uno de los problemas graves que enfrenta la UNAM es la presencia de gente ajena al campus, que ingresa para consumir drogas y genera inseguridad para los estudiantes.
Fuera de la Ciudad Universitaria, en todos los planteles de la UNAM, sean de licenciatura o bachillerato, los consejos técnicos han enviado reportes a las autoridades centrales para alertar de la inseguridad que padecen los estudiantes por bandas delictivas o porros que actúan alrededor de los planteles, o por la actividad de bares que se encuentran cerca de las escuelas y facultades.
Los enfrentamientos entre bandas de porros son frecuentes en los plantes del bachillerato, según testimonios de los propios estudiantes. Sobre todo en el Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) de Naucalpan, Azcapotzalco y Vallejo.
De hecho, hace tres semanas los porros golpearon a cinco funcionarios del CCH Azcapotzalco, entre ellos dos mujeres, el jefe de Personal, un vigilante y un profesor, reportó la policía.
Este asunto sigue su curso judicial en la agencia del Ministerio Público, porque se levantó la denuncia correspondiente por lesiones.
Reportes oficiales de la UNAM precisan que en los últimos ocho años han sido expulsados al menos 300 estudiantes por pertenecer a grupos porriles; sin embargo, el fenómeno no ha disminuido y así lo comprueban los expedientes del CCH y de la Escuela Nacional Preparatoria, que dan cuenta del número de bandas porriles, de sus integrantes y sus centros de acción. Esta información la comparten autoridades capitalinas.
De acuerdo con informes, el fenómeno de los porros disminuyó antes de 1999, al lograrse una mayor coordinación entre las autoridades capitalinas y universitarias. Pero luego de que concluyó el paro de labores del CGH, en febrero de 2000, los porros resurgieron con fuerza para enfrentar a los activistas, afirman testimonios de la comunidad estudiantil.
En la Ciudad Universitaria, además, la comunidad ha aprendido a vivir con la ocupación del auditorio Justo Sierra o Che Guevara, el cual es uno de los más grandes de la institución y recién había sido remodelado para el uso de la comunidad de Filosofía y Letras, cuando fue tomado.
Las autoridades de la facultad, a instancias de la planta académica, intentaron en varias ocasiones dialogar con los grupos que lo mantienen ocupado, pero siempre enfrentaron la orden central de no generar problemas internos, según testimonios.
De acuerdo con la comunidad universitaria, en los últimos ocho años estos temas se mantuvieron al margen de los medios para evitar que “los ultras” reactivaran su movimiento. Sin embargo, los universitarios consideran que esa decisión de no dejar ver los problemas internos provocó el avance de estos grupos radicales en su posesión de espacios.
Ahora esperan que el nuevo rector de la UNAM pueda poner en operación su reconocido talento político para lograr un acuerdo con estos grupos.




