Receptora de jóvenes con un historial de hasta 12 años de deficiencias en su formación académica, la licenciatura de la UNAM registra un avance en la certificación de la calidad de su trabajo, pero sus egresados enfrentan una realidad innegable: el desempleo.
La mayoría no eligió la carrera que estudia, pero la cursa porque no alcanzó lugar en la que quería, establece el diagnóstico de la situación de la licenciatura, del cual partió la administración 2003-2007 de la UNAM para comenzar a trabajar la reforma en este grado educativo.
La licenciatura tiene también un considerable nivel de deserción, en algunos casos de 40% en el primer año y 80% de sus egresados tarda hasta 20 años en titularse, mientras 60% de sus alumnos tiene al menos una materia reprobada.
Según el análisis de la Dirección General de Planeación de la UNAM sobre los egresados de la institución, difundido hace unas semanas y trabajado con datos de 2004 y 2005, 80% de los egresados de las 74 carreras que ofrece la institución emprende la búsqueda de empleo inmediatamente después de cubrir los créditos académicos.
Únicamente 20% se dedica a hacer la tesis o a seguir el posgrado; 22% tenía un empleo temporal, estaba desempleado o trabajaba con su familia; 48.5% tenía empleo permanente, pero sólo 36% de ellos tenía un empleo relacionado con sus estudios.
Y es que, amén de padecer el prejuicio de los empleadores del sector privado desde finales de la década de los 80, producto de las huelgas sindicales y el conflicto estudiantil de 1999, la licenciatura puma afronta una realidad innegable: ya no atrae a los mejores egresados del bachillerato y su oferta tiene su principal nicho entre los jóvenes de escasos recursos y bajos niveles educativos.
Igual que sucede en la mayoría de la UNAM, esta característica no cancela el hecho de contar con alumnos de excelencia, reconocidos mundialmente por su calidad, pero desde la perspectiva de los académicos, la deficiente orientación profesional tiene un impacto directo en el bajo rendimiento escolar.
Desde la perspectiva de los académicos de este nivel, hay deficiencias graves en los programas de tutorías y un maltrato a los profesores de asignatura.
De hecho, en 2003, el diagnóstico crítico de los consejeros técnicos admitió que el ausentismo de los profesores tiene un impacto decisivo en el aprovechamiento de los jóvenes, pero también se asentaba que este ausentismo tiene su explicación en la falta de salarios dignos para la planta académica.




