La UNAM les permite ingresar a sus aulas hasta con 3.5 de calificación en el examen de admisión, pero 50% de los que logran estudiar en el bachillerato unamita desertan en el primer año, mientras que otro 25%, desde el principio, comienza a acumular materias reprobadas.
Los cursos de tutoría logran que la mitad corrija el rumbo pero, aun así, sólo 18% de sus jóvenes entiende lo que lee y únicamente 10% desarrolla razonamientos matemáticos.
El Consejo Técnico del Bachillerato admite que el conflicto de 1999 obligó a la institución a relajar requisitos académicos.
Desde el Colegio de Ciencias y Humanidades y la Escuela Nacional Preparatoria (ENP), los diagnósticos coinciden en que todavía no logran superar los rezagos académicos registrados desde la mitad de los 80.
Hacia los 90 la situación comenzó a mejorar, pero la inmovilidad forzada por la huelga de 1999, por el temor de un nuevo movimiento estudiantil que sepultara a la institución, llevó a sus autoridades a postergar las reformas necesarias, como admiten los propios académicos.
El bachillerato es uno de los puntos más débiles de la UNAM. Así lo admitieron en sus diagnósticos y conversaciones con la comunidad universitaria los ocho aspirantes a dirigir la institución; por ello su insistencia en la necesidad de reforzarlo.
“Cuando se derogaron los artículos del reglamento General de Exámenes y del Reglamento General de Inscripciones, relativos a la permanencia de los estudiantes y su tránsito hacia las facultades, se observó un decaimiento en el interés y aprovechamiento de los alumnos”, establece un diagnóstico de la ENP.
Los maestros y autoridades del nivel saben que sus alumnos tienen una alta cultura general con sentido social, pero tienen problemas de autoestima, de carencias profundas de conocimiento, de vulnerabilidad a adicciones, con problemas en el seno familiar y carencia de dinero.




