La elección de José Narro como rector de la máxima casa de estudios del país presagia la continuidad del proyecto de De la Fuente, pero las carencias de la Universidad evidencian que el modelo actual necesita cambios para combatir el desempleo de egresados y la inconformidad de académicos
Colocada históricamente como la institución educativa más importante del país, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) enfrenta diversos retos para superar la paradoja que implica ser la mayor casa de estudios del país.
Es la institución más solicitada por los egresados de secundaria y bachillerato nacionales, pero la mitad de quienes ingresan a ella, en una competencia que registra 70 mil aspirantes anuales, desertan de sus aulas en el primer año de estudios.
En los 90 logró que la calificación mínima de ingreso para sus nuevos alumnos fuera de 6; después de la huelga de 1999 cayó paulatinamente hasta colocarse, otra vez, en 3.5.
En áreas como ingeniería, química, derecho, contaduría y medicina, sus egresados se mantienen con un alto prestigio, pero en promedio, sólo la cuarta parte de los egresados de toda la UNAM encuentra empleo relacionado con la carrera que estudió, según un análisis de la Dirección General de Planeación.
La Asociación Mexicana de Ejecutivos en Relaciones Industriales documenta que 99% de las empresas del sector privado rechaza a los egresados de la UNAM.
Pese a ser la principal promotora de la certificación de la calidad académica, la presión dentro de ella la hizo rezagarse en tal dinámica.
Ahora, de los 118 planes de estudios que imparte en 22 escuelas y facultades, sólo 66 tienen calidad certificada por parte de Consejo para la Acreditación de la Educación Superior (Copaes), organismo que coloca al Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM) en el número uno de calidad, con 180 programas avalados.
Hasta la mitad de los 90, los investigadores de la UNAM generaban 70% de la información científica del país.
En la actualidad, sus académicos son premiados en todo el mundo, pero ahora producen 50% del nuevo conocimiento en la nación y sus científicos integran la tercera parte del Sistema Nacional de Investigadores.
Desde 2003, el Centro de Investigaciones y Estudios Avanzados (Cinvestav) del Instituto Politécnico Nacional desplazó a la UNAM en el número de posgrados mexicanos en el padrón de calidad internacional del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).




