BAGDAD.— La idea de que hoy se retire el último soldado estadunidense de las ciudades y pueblos iraquíes produce sentimientos encontrados en mucha gente en los territorios de la antigua Mesopotamia.
Ni siquiera los iraquíes que desde la invasión de EU, en la primavera (boreal) de 2003, maldijeron sin cesar a los “ocupantes norteamericanos” pueden disfrutar de verdad con la prevista retirada.
Hay demasiado temor a que la salida de los estadunidenses de sus bases fuera de las localidades sea aprovechada por políticos corruptos, milicianos, ex prisioneros, criminales y terroristas para “ajustar cuentas pendientes”.
Los sangrientos atentados de las últimas semanas fortalecieron nuevamente esa preocupación.
En el barrio bagdadí de Ciudad Sader, donde la salida estadunidense tuvo lugar, una bomba mató a 74 personas la noche del miércoles pasado. Otras 19 personas fallecieron dos días después por otro ataque en pleno centro de Bagdad.
Tampoco el general Ray Odierno, comandante de las tropas invasoras en Irak, está del todo convencido de la retirada.
El 8 de mayo señaló que una paz verdadera no llegará tan pronto al país. “En los próximos cinco, diez, 15 años siempre habrá algún tipo de rebelión de bajo nivel en Irak”.
Odierno agregó que una quinta parte de las tropas de combate probablemente se quedará después del 30 de junio en Bagdad y la norteña ciudad de Mosul, donde rebeldes y terroristas realizan ataques y atentados con mayor frecuencia.
Sin embargo, después recibió al parecer un llamado de atención. El presidente de EU, Barack Obama, destacó en su discurso de El Cairo, el 4 de junio, que el plazo de la retirada, fijado en el acuerdo de seguridad entre Washington y Bagdad (Sofa), será respetado.
Consultado sobre posibles aplazamientos, un portavoz militar dijo: “Las tropas norteamericanas abandonarán las ciudades el 30 de junio”. Luego sólo habrá “asesoramiento e instrucción” para las fuerzas de seguridad iraquíes en las localidades.
Según el Sofa, la salida definitiva del país árabe está previsto para fines de 2011. Actualmente hay más de 134 mil soldados norteamericanos en el país, 20 mil de ellos sólo en Camp Victory.
La base está tan cerca del centro de Bagdad que se requiere una interpretación bastante laxa del mapa de la capital para calificar esta gran base como “fuera de la ciudad”.
Para Sultan Hikmat, de 55 años, la salida significa que pronto deberá mudarse. Ese médico, que tiene su consultorio en Mosul, ya no se sentirá seguro cuando se vayan los estadunidenses.
Docenas de galenos y otros académicos fueron secuestrados o asesinados en esa ciudad en los últimos años, sin que se aclararan esas muertes.
“Cuando el último vehículo militar de EU salga de esta ciudad, yo también me iré. Me mudaré a un lugar más seguro, y no soy el único médico que lo hará. Los norteamericanos ayudaron a hacer la ciudad medianamente segura”. Los efectivos militares iraquíes son demasiado “débiles” para esa tarea, agrega. Los dirigentes políticos en Bagdad no quieren saber nada de dudas semejantes. El primer ministro, Nuri al Maliki, declaró este día como de fiesta y ordenó celebraciones. Para que los más escépticos también puedan celebrar, en la capital se festejará al mismo tiempo el aniversario del levantamiento iraquí contra los británicos, en 1920.
Además cuentan con que las tropas de seguridad iraquíes sigan pidiendo y recibiendo la ayuda de la base norteamericana en logística y formación.
También creen que el apoyo de la Fuerza Aérea estadunidense será ahora más solicitada.




