La sesión extraordinaria con mandatarios y cancilleres de América Latina estuvo dominada por el reclamo de castigo a los usurpadores
Como Secretario Pro Tempore del Grupo de Río, el presidente Felipe Calderón exigió que se revierta el golpe de Estado en Honduras con el regreso de su presidente Manuel Zelaya al poder.
La sesión extraordinaria con mandatarios y cancilleres de América Latina estuvo dominada por el reclamo de castigo a los usurpadores, sin perdón ni olvido, sin negociaciones ni condicionamientos de por medio, por parte del venezolano Hugo Chávez, el ecuatoriano Rafael Correa, el cubano Raúl Castro, el boliviano Evo Morales y el anfitrión, Daniel Ortega.
Moderador del debate, el Ejecutivo mexicano pidió a sus homólogos de la región respetar las discrepancias sobre la base del diálogo responsable y con madurez.
Y luego de una decena de intervenciones, Calderón presentó al depuesto hondureño, reiterando la postura del gobierno mexicano y de los ahí reunidos.
“Doy la palabra al presidente constitucional... Al único presidente constitucional de Honduras, presidente Manuel Zelaya”, expuso el mexicano.
Zelaya agradeció al gobierno mexicano que haya rescatado a su canciller Patricia Rodas de una base militar en Tegucigalpa, para trasladarla en la madrugada del lunes a la Ciudad de México.
Pero igualmente, el hondureño, a modo de propuesta, se dirigió a Calderón para enumerarle que varios de sus homólogos -entre ellos el gobierno brasileño de Luz Ignacio Lula da Silva y los de Centroamérica- ya estaban retirando a sus embajadores, en señal de presión al gobierno de facto.
Antes, en la apertura de la sesión, el presidente de México definió que la democracia es una conquista de la conciencia y de la inteligencia, cuya consolidación depende justamente del ejercicio cotidiano de los valores, de los principios y de las prácticas democráticas.
De ese modo, en su calidad de responsable del Grupo de Río, el Ejecutivo mexicano hizo un llamado a la conciliación, pues el encuentro estuvo marcado por las posturas radicales que reclamaban juicio y cárcel para los golpistas, el mandatario mexicano planteó: “Hoy más que nunca es imprescindible garantizar en cada país y en cada pueblo, el triunfo de la política sobre la violencia, del diálogo sobre la intransigencia y de la racionalidad sobre la sinrazón”.
Y aunque hubo coincidencia en la idea de reprobar a los golpistas y el uso militar para sacar de Tegucigalpa al presidente Zelaya, los gobernantes del ALBA - Chávez, Correa, Castro, Morales y Ortega- proponían emplear un tono de ultimátum para los golpistas, así como la aplicación de acciones económicas y diplomáticas que cerquen al gobierno de Roberto Micheletti, al que calificaron de espurio.
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